Ciberneticón

Los espacios insondables

12.06.10 | 08:06. Archivado en Ficción

Siempre me costaba acomodarme en la cama, pero varias noches seguidas simplemente me echaba cual largo era sin tocar el borde con los pies. Mi esposa es más baja, ella no se había dado cuenta.

Pero, caramba, los interruptores de corriente, que los veía con majestad, luego de “tú a tú” y ahora, bueno, como nubes. ¿Y las ventanas? Uno suele ver por ellas sin pensarlo mucho. Entonces cuando el borde inferior o superior colinda con una imagen no familiar... “umm, aquí pasa algo raro”, se dice uno.

En mi caso el borde inferior cortaba la base de un edificio y mostraba sólo los últimos cinco pisos. Un día, viéndolo bien, ya no figuraba el edificio. Luego tampoco el de atrás, más alto. Apenas despuntaba una antena parabólica que, dada la profusión de pequeños platos de TV satelital (así como la preeminencia del cable) no sé qué función cumplía en realidad. Mi esposa decía que era para presumir, o quizá descuido y que nadie la veía desde adentro como nosotros (bueno, ya no). Estuve tentado a llamarlos, pero siempre se me olvidaba.

Poco a poco, las ocupaciones se hicieron más complejas, inéditas, hasta absurdas. Trabajábamos el doble y dormíamos menos. Pero había compensaciones, por supuesto. Ambos éramos del mismo tamaño para el otro.

Ponerse una sortija podía ser un acontecimiento, dejarla en la gaveta un desenlace. La camisa de hoy había que pensarla como la carpa de mañana o simplemente como medio guardarropa de un mismo color. Los zapatos serían depósitos o góndolas en una ponchera de agua.

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Las dos visitas del señor F.

29.05.10 | 07:04. Archivado en Ficción

Un sábado de 2015, 9:30 pm

Primera

Se supone que es buen momento para hablar del futuro. Ayer le entregaron el premio Nobel de Literatura. Se dijo que era el primer "Nobel de la ciencia-ficción" y se calificó de emblemático, por lo justo aunque tardío. Ahora bien, nada de eso le importa.

La ceremonia fue tensa, como esperaba. Sus nervios casi colapsan. Le invadió un frío que derrotaba el intento de disimular. Lo asediaban cámaras minúsculas desde los estrados, sobre los hombros de operadores, colgadas en largos y finos brazos servos.

Como es usual cuando el ambiente exige rigor, produjo su pequeño teatro mental de desastres: imaginó el frac atorado en la silla o todo él yéndose de bruces sobre el Rey de Suecia o simplemente balbuceando a la hora del discurso. Mas esos temores, sin embargo, fueron juego de niños versus lo que imaginó después. Sintió que ayer confluían, al menos, dos series temporales. Un choque de capas que producirían un estallido o una aniquilación. Miró a los fotógrafos y se dijo: "Uno de ellos tomará una foto que vi hace 36 años. La única evidencia que tengo de este momento anunciado."

La ceremonia tardó más de lo estimado. Se distrajo un poco extendiendo la mirada a los oscuras postrimerías del Salón de Conciertos. Su mente se evadió como siempre, sin percatarse, para caer una vez más en aquella tarde de 1979, en casa de su abuela, a donde solían ir siempre a pasar parte del domingo.

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El pasajero Picasso

28.05.10 | 07:01. Archivado en Ficción

Una mañana luminosa de domingo y una consideración sobre la altura del césped son calmos placeres que Albert Banchank conoce y practica. Su casa es amplia, con dos pisos y ático.

La parte trasera tiene un largo jardín, tan grande que toma varios minutos alcanzar una cerca de madera al fondo. En el extremo oeste la piscina es peinada por una brisa ocasional. Albert se sienta en el porche y mira la TV, o come alguna de las variadas cosas que su esposa Audrey coloca. Ayer llegó de Nueva York, hizo excelentes negocios.

A los cincuenta años su vida es bastante satisfactoria: un poco más arriba de la clase media y muy orgulloso de ello, por cierto, porque prueba que el trabajo duro, bien hecho, produce sus frutos.

Ejerce el libre comercio desde 1978. Su esposa es contadora y él es ingeniero químico, profesión que jamás ha ejercido. Vive con ellos su hija menor, de quince años.

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El dique de Freud

25.05.10 | 08:30. Archivado en Ficción

Relatar una cosa la hace real.
Decir que algo ocurre es hacer que ocurra.
Por eso deseo contar una historia: para salir de ella.

Siempre quise -al inaugurar mi historia- pronunciar una frase como: "Mi nombre no importa", pero resulta que sí, porque tiene un valor ilustrativo: me llamo Marco Aurelio, homónimo de aquél estoico romano. Esta historia ha surgido de la reflexión que yo he llamado "concéntrica" y quiero dedicársela al tocayo. Más allá de esto, realmente tiene poca importancia este dato.

Sucede que por largos años he tenido problemas para orinar rápida y confiadamente. Es decir, me costaba un mundo expeler ese líquido caliente si no estaba completamente solo y tranquilo. Óigase: sin compañía y sin perturbación.

Eso marcó mi vida física y también sicológica. Su esencia fue el terror, mucho sudor frío. No podía orinar en sitios públicos y a veces ni siquiera en privados. Era una lucha contra mecanismos ingobernables dentro de mi cuerpo y mi espíritu. Esfuerzos agobiantes, pérdidas monumentales, aquí la heroicidad es trágica.

Les narraré la ida típica a un baño público sin "cubículos" cerrados. Llegar, bajarse rápidamente el cierre, sacarlo y ligar que nadie entrara. Si entraba alguien todo el sistema urológico se paralizaba.

Ese bloqueo, ese dique, tenía que ver con el rechazo a constreñir los delicados tejidos urológicos y detener el flujo contra la voluntad. Sudar un poco, pensar y tratar de no pensar, en la inseguridad, en la falta de continuidad de mis acciones físicas. En ese momento había una suspensión de la obediencia de mi cuerpo al cerebro. No podía forzar mi vejiga a evacuar el líquido.

Pasaba largos minutos, allí, con él en la mano, fingiendo orinar pero no pudiendo. Si había gente yo esperaba que salieran y me dejaran concentrarme solo. Como ustedes podrán imaginarse, muchas veces hube de retirarme sin hacerlo, de vuelta a una larga ronda de innings en béisbol o a una reunión donde deseaba estar más descargado.

¿Qué terribles acontecimientos habían producido esa imposibilidad? ¿Dónde y cómo se había gestado esa patología?

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Un automóvil o dos cabras

23.05.09 | 19:51. Archivado en Lógica y paradojas

Mi suegra, a quien conozco como lectora de interesantes ficciones, me sorprendió el otro día con un acertijo que no conocía. Se le llama comunmente "El problema de Monty Hall" y plantea una intrigante confrontación entre la intuición y la lógica.

Veamos. Estamos en un programa de concursos. El participante tiene ante sí tres puertas (1, 2 y 3). El animador le dice que tras una de las puertas hay un automóvil y que en las otras dos hay una cabra por puerta. Es decir, un automóvil y dos cabras.

El participante debe elegir al azar una puerta. Si acierta el automóvil se lo lleva. Si tras la puerta hay una cabra se va con las manos vacías. El participante elige, por decir algo, la puerta 1. Entonces el animador, sin abrir todavía la puerta 1, abre una de las dos puertas restantes, digamos la 3 y revela una cabra. Entonces ya sabemos que tras la puerta 3 no está el automóvil.

El animador (quien sabe qué hay detrás de cada puerta) le pregunta al participante: "Sabiendo que en 3 hay una cabra ¿quiere usted cambiar su elección o la mantiene en 1?" El participante dice que se queda con 1, porque no hace diferencia saber lo de 3. Veamos.

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VIAJES EN EL TIEMPO: Universos paralelos

09.01.09 | 06:26. Archivado en Espacio-tiempo y energía

En entradas anteriores hemos revisado ejemplos del rigor que ponen ciertos personajes de ficción al advertirle a un eventual viajero en el tiempo sobre los riesgos de intervenir en el pasado. “No toques nada” (Abraham Simpson) o el regaño del profesor de “Volver al Futuro” al confiado adolescente. Palabras más o menos, le dice que cualquier cambio sustancial en una cadena de sucesos los altera irremisiblemente, de modo que ya no serán lo que eran en el futuro.

Si uno viaja al pasado como testigo, algo como la máquina del tiempo de Wells antes de detenerse o la regresión a la semilla de Alejo Carpentier, no hay problema porque nada se modifica. Igual ocurre en los viajes a las navidades pasada de Dickens.

Pero cuando ocurre la “paradoja de los abuelos”, es decir, la intervención del viajero en su nuevo presente, la historia se altera y se crea un universo paralelo. Uno que nunca interactuará con el punto de partida del viajero.

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Por eso casi nunca abandono mi celda

19.10.08 | 06:56. Archivado en Ficción

El otro día me despertó la voz del diablo. El viento se aglomeró en mi puerta, abierta de golpe. Un chacal de ojos incandescentes luchaba, contra un viento terrible, por mantenerse estático frente al marco. Atrás nubes de polvo vaporizadas por la luna. El sonido de la tormenta empezó a formar palabras:

—Te espera El Carcelero.

“Estoy solo en el mundo y tocan la puerta”, me dije, aterrorizado por la hiena que me miraba amenazante, con espuma en la boca. Acto seguido no estaba.

Me asomé, asido al marco de la puerta. El desierto parecía el fondo de un mar tenebroso, porque las bocanadas de arena se mecían cual espectros que literalmente subían al cielo. Y la luna, en vez de colorear ese mare magnum de azul, lo hacía de un amarillo verdoso, como paredes aguamarina y enchapado de madera, con luces que se encienden y apagan. Y por encima las nubes de arena que entretejían sus dedos alrededor del disco selenita.

Contra todo pronóstico, salí. La lluvia horizontal de minúsculas piedras me azotaba. El rugir del viento arrancó de cuajo la pequeña cerca que me aísla de ciertos animales errantes y se perdió entre las olas de arenisca.

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EL UNIVERSO FÍSICO: Mucho desde hace poco

05.08.08 | 08:08. Archivado en Espacio-tiempo y energía

El cosmos físico conocido es tan grande y nosotros, humanos, tan pequeños, que la imagen actual que ha forjado la física y la cosmología tiene menos de 100 años. Y eso que la observación humana de los cielos antecede a las pirámides…

A pesar de lo vertiginoso que fue el siglo XIX, sobre todo su segunda mitad, el XX se inició con una imagen de los cielos muy “provinciana”, y tradicionalista si se quiere. Max Plank (1858-1947) postulaba su teoría cuántica en 1901, pero aún se afirmaba que todas las estrellas catalogadas, junto a las nebulosas de gas y supernovas, formaban parte de la Vía Láctea, nuestra galaxia, que en ese entonces se tomaba por el “universo”.

Incluso en el vecindario solar, no se conocía nada significativo allende Neptuno, el planeta más lejano hasta entonces.

Y sobre todo, se creía que el universo tenía un comportamiento estático, es decir, uniforme a gran escala y que había infinidad de mecanismos para que la materia crease fuerzas compensadoras de la energía “destruida”.

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Geografía del tiempo

21.06.08 | 06:58. Archivado en Palabras y cosas

Siempre he sentido una trascendencia del derredor, una vida propia de la escenografía de primer plano. Algo inmediato, la visualización geométrica en función del tiempo vivido. Vivencial, no puramente mental.

Por eso entonces la geografía inmediata, la topología de lo cotidiano y práctico. Constituye una fuente inagotable de detalles narrativos: las cosas, los niveles, los agregados, la perspectiva, la movilidad... sobre todo, la gravedad asentada, esas decenas de objetos en sutiles balances, formando figuras, compuestos y composiciones, trivialidades, fondos, caminos, atmósferas (yo antes creía que la atmósfera estaba en el aire y ahora entiendo que se asienta mejor en los muebles, en el piso e incluso en la parte del techo que no vemos).

La “geografía del tiempo” se basa en el movimiento, en la observación del moverse e incluso en la quietud pensando romperla.

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Dados en ofrenda

07.06.08 | 08:23. Archivado en Ficción

I. Salomón había sido disperso y descuidado. Como todo hombre, un dormido, uno que persigue lo que ya ha dejado atrás. Tenía grandes ideas pero pobres realizaciones. En general sus pensamientos iban por un lado y la vida por otro, como dos hilos de agua que nunca se tocan.

De joven era desidia -decía él- pura molicie. Ya de adulto, sin embargo, "fue un hedonismo intelectual, una forma bastante autogratificante de perder el tiempo". Se percató de ello, no crean, desde muy joven pero sólo al traspasar los veintiocho años decidió luchar con ahínco por un estado superior de vigilia. "¡No más palabras vacuas!", díjose una mañana de sol ardiente.

Según su evangelio personal, para penetrar la realidad hacía falta limpiarse, transparentarse y aceptar todos los haces de luz que despide el agitado mundo. Era necesaria una disciplina que obedeciese los mandatos superiores de la sabiduría y no la voluptuosa invitación del deseo, lo cual era difícil para un joven solitario.

Después no, porque vino la conversión, pero antes sí, porque no venía. No fue una iluminación católica pero tampoco totalmente no cristiana. El camino fue intenso, como se desprende de las páginas del cuaderno.

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Año-luz hasta cierto punto

07.05.08 | 05:29. Archivado en Espacio-tiempo y energía

"Una chispa contiene todo el infierno"
William Blake

A veces para entender magnitudes gigantescas hay que ponerlas a escala, compararlas con algo que entendamos rápidamente. Muchas figuras culturales son miniaturizaciones, símiles de cosas demasiado grandes o pequeñas para manejarlas por experiencia directa. La creación del mundo en siete días de la Biblia; las figuras de las constelaciones; las fases de la vida como primavera u otoño.

Para ilustrar, recurramos al venerable año-luz. Hay una región circundante más lejana que el degradado Plutón, la Nube de Oort, donde se forman los cometas. ¿Cuán lejos está? Pues a nueve billones de kilómetros del Sol. ¿No puede visualizar tal distancia? Qué tal 9,4 x 10 a la 12 kilómetros. ¿Tampoco? ¿Y 0,2 “pársecs”? ¿O un petametro? Nada, tales distancias poco nos dicen.

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Pequeña guía del tráfico en Caracas

11.03.08 | 21:43. Archivado en Ficción

Que en “Caracas no hay reglas para manejar” es una máxima que hay que apresurarse a refutar. Hay decenas de directrices que cumplir, muy numerosas para memorizar, por lo cual se hace indispensable una pequeña guía como ésta.

Que tales reglas nada tengan que ver con las leyes o con el sentido común es otra cosa.

Cómo pasar la calle

Usted camina al borde de la acera en sentido contrario al tráfico. Cuando vea un espacio entre dos vehículos, corre como en una competencia de pista y campo hacia la acera opuesta, con mucho cuidado de no chocar frontalmente con otro corredor o corredora que haga lo mismo de frente hacia usted.

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Miércoles, 29 de marzo

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