Las joyas de la abuela
08.01.08 @ 22:29:21. Archivado en Iglesia
En estas pasadas vacaciones me ha tocado convivir
varios días con numerosos ancianos, familiares o amigos. Curiosamente,
todas las conversaciones derivaban, antes o después, en las
propiedades o fortunas que se fueron perdiendo con el paso de los años.
Que si un terreno malvendido para atajar unas deudas acuciantes; un
edificio que no sobrevivió a los bombardeos de la Guerra Civil; las joyas de la abuela que, según cuentan, rivalizaban con las de la mismísima
zarina Alejandra; los libros de no se qué tío, cuya colección debió de dejar pequeña la biblioteca de Alejandría. Fortunas reales o infladas que desaparecieron como se escurre la arena del mar entre los dedos.
Lo que me llamó la atención fue que ninguna de estas personas se
lamentó por aquella ocasión perdida para haber hecho el bien; ni por
la oportunidad que tuvieron para haber ensanchado un poco su alma
y que desaprovecharon; ni por esa gracia de Dios que dejaron escapar,
por no hacer caso a aquel consejo de san Agustín: «Aprovecha la gracia
de Dios, que pasa y no vuelve».
Lo más sorprendente fue que todos ellos eran católicos, y de los de
misa dominical, así que, seguro, habían escuchado en alguna ocasión
aquella advertencia de Cristo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde
la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan, sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen
y donde ladrones no minan ni hurtan.Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón » (Mt 6, 19-21).
Después de hablar con estas personas, me quedé pensando hasta
qué punto los cristianos nos tomamos en serio el Evangelio. Tal vez
por eso no se ven demasiados cristianos convencidos de serlo, y abundan
las caras mustias y los creyentes avinagrados apegados a su
trocito de tierra. Y mientras malgastamos el tiempo pensando en
qué habrá sido de las joyas de la abuela, nuestro cofre del cielo permanece, seguramente, casi vacío.
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En estas pasadas Navidades precisamente comentaba yo con mi abuela una boda que tuve en Octubre en la que sólo rezábamos otro señor y yo.A mí esas cosas me asustan,me hacen pensar que nadie se toma el cristianismo en serio.Conozco gente que dice creer en Dios,y sin embargo,no va a misa;y de la gente que va a misa,¿cómo es posible que no apaguen el móvil?
Mucha gente se dice católica pero luego no parece demostrarlo.
las cosas de la tierra se nos pegan a las manos y al corazón con demasiado proclividad. unos, en lo poco que poseen, y los ricos en lo mucho. y, cuando hay que dejarlas, para abordar otra dimensión, unos sufren, pero los últimos se desgarran.
y, durante la vida todo es un trasiego en poner fe en las cosas materiales, hasta el punto de perder la paz interior.
¡gente desprendida, tal vez, cada vez quede menos! ¡sobre todo,cuando vemos que los demás medran! ¡y, si no lo haces eres tonto!
pero no es desaconsejado lo que algunos practicaron: llevarse con ellos sus pertenenecias, para acabar con ellos en la tierra; aunque no como los egipcios, que creían lo tendrían en la otra vida con ellos.
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Álex Navajas
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