Charing Cross Road

TULSA: La última (gran) noche

16.09.11 | 09:10. Archivado en Artículos nacional
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Crónica del concierto despedida de Tulsa en la Sala Sol de Madrid (14/9/2011)

“Para empezar diré que es el final, no es un final feliz, tan sólo es un final”. Podría haberlas tomado prestadas. Estas palabras. En la última noche, que no el último trago. A Miren Iza le espera la carretera o el espacio aéreo, en un viaje personal e intransferible.Es el respiro (indeterminado) de Tulsa, no un punto y final, pero Miren nunca compone con medias tintas y tampoco falsea las verdades mundanas. No dio pie a agasajos grandilocuentes ni a edulcoradas confesiones. Dijo que como todas las despedidas, aquella era una “despedida de mierda”. El público agradeció que no hubiera escala intermedia para un aspecto monocromo y la fiesta continuó, exorcizada la pérdida, otra invitada más, en una Sala Sol con entradas agotadas.

Frente al escenario, aclamaron los temas elegidos, más de doscientos incondicionales, entre los que no faltaron amigos como Coque Malla, Russian Red y los otros anfitriones de la noche, Joe la Reina. Para la ocasión, una quincena de temas en las que se lamentó la ausencia de Estúpida, pero le sucedieron dos temas inéditos y muy personales: El Francés y Verano Averno.

Santi Campos y los Amigos Imaginarios, Esther Rodríguez, Pablo Serrano (Russian Red) y Javier Vicente (Big City) fueron invitados al escenario para acompañar a su amiga Miren en un adiós que, salvando las distancia, aspiraba al homenaje y a la fiesta. Campos propinó una espontánea carcajada cuando, micrófono en mano, confesó que Algo ha cambiado para siempre era una de sus canciones favoritas de Tulsa y la iba a...fastidiar (¡y resultó entonado!).

El momento memorable del concierto llegaría con la versión íntima y catártica de Into my arms de Nick Cave, en la que Miren susurraba “a mis brazos” a un público enmudecido por la voz lánguida y emocionada de la artista vasca. Cuando se retiró el pelo del rostro, la nostalgia había anegado sutilmente sus ojos. En el ecuador del concierto se había producido un trance, una simbiosis, que precedería a otros instantes fotográficos como el coreado Seguramente me lo merezco o Carretera.

“En el día más largo, todos estamos aquí, nuestros pies entre la espuma, buscándose antes de morir”. Hasta el cabo Matxitxaco había dado visos de letanía tras la apertura de Te ofrecí, mientras en el fuero interno, casi todos los presentes se oponían a resignarse: “¿y ahora qué, ahora qué, ahora qué, ahora qué vamos a hacer?”. Till the next goodbye tuvo un efecto contundente, un pulso de épica Rolling (Stones), al final de los finales con el espectro de Contigo tocaré el cielo y La hierba, dispuestos al “bajón” con el que Miren deseaba desterrar los eufemismos.

Los culpables de este estado de ánimo –esperemos, de pérdida “pasajera”-: Sólo me has rozado y Espera la pálida. Desde que grabaran su primer EP homónimo en 2006, Tulsa (con Iza, pero también Alfredo Niharra a la cabeza) han tomado tierra en el panorama musical español con un sonido folk, de raíces americanas y tendencias peninsulares, que ha sobrepasado el parámetro “independiente”. Melodías recalcitrantes y mensajes de transparencia, imágenes poéticas con sello cantautora. En el descenso a los infiernos, cohabitan visos de salvación. A la vuelta de la esquina, en alguna calle de Brooklyn, Miren Iza las tocará otra vez.

Fotos: Ana García


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