Charing Cross Road

FRANCISCO BRINES: “Busco conocimiento y salvación en la poesía”

09.09.11 | 04:56. Archivado en Un café con...
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Conversar con el Premio Nacional de Poesía y miembro de la Real Academia Española es adentrarse en el misterio del hombre que se descubre en el poeta y al poeta que traza identidad en el hombre. Hace más de cincuenta años que apareció su primer poemario y sin abandonar nunca la palabra, el casi octogenario escritor confiesa una “penúltima etapa” que dará luz a una nueva obra.

Si se atiende a los versos de su primer poemario parece que comenzó la historia por el final, ya que hablaba por entonces del ocaso, la vejez…
Yo entonces no tenía la muerte tan cerca como ahora. Pasé por una experiencia engañosa que me hacía ver la vida negativamente. Había un espíritu cansado al que, aún siendo joven, le puse un cuerpo viejo buscando una mayor justicia. Quizás el escribir me ayudó a curarme. Y aunque me faltaban muchas cosas por vivir es cierto que fue un libro premonitorio. A este personaje lo situaba en una casa, Elca, que era ésta, donde me encuentro, a la que he regresado solo.

Escribió un compositor que “no se ha de volver nunca al lugar donde se ha sido feliz”. Sin embargo, ¿se siente en Elca como quien ha regresado a Ítaca para cerrar la historia?
Nunca he dejado de amar este lugar, al igual que la existencia y la tierra. He podido realizar ese transcurso que es el vivir con un lugar sagrado. Es mi ombligo, el lugar donde he descubierto el elemento físico e interior. Donde podía desde la soledad reflexionar, escribir y estar con el mundo, conmigo y los sentimientos. Un cobijo de mi alma. Porque si hubiera nacido en la Ponia, mi ombligo hubieran sido las nieves perpetuas.

¿Se dedicó a las letras como un soporte de huida o de canto a la vida?
Un modo de tratar de hacerme preguntas sobre la vida o de salvarla escribiendo momentos. O sea, hay una línea de búsqueda de conocimiento y otra de búsqueda de salvación.

¿Quién le trasplantó la simiente poética?
Empecé a escribir a los 14 años. El primer poeta que a mí me gustó siendo un niño fue Bécquer. Pero el poeta que me introdujo en la poesía y me impulsó para la escritura fue Juan Ramón Jiménez. Lo leí en la adolescencia, etapa que marca mucho en sus primeros libros y es magnífico. Y luego Cernuda me interesó mucho también y me ayudó a insertar mi persona en el poema.

Su discurso de entrada a la Academia fue un homenaje a la figura del poeta sevillano. Luis Cernuda vivió el exilio y una grave marginación por su homosexualidad. ¿Se puede juzgar al hombre por su naturaleza?
La sexualidad nunca es la naturaleza absoluta, sino un componente de la naturaleza. Pero no solamente Cernuda fue homosexual. En su generación hay varios y cada uno vive la homosexualidad de una manera determinada. Ahora la gente joven lo tiene mucho más fácil porque la sociedad lo acepta de una manera más franca que antes. Cernuda tuvo la valentía de exponerlo de una manera noble en su poesía. En la poesía española es el primer caso en el que se exterioriza de una manera continuada y extensa, quizás porque sus circunstancias se lo permitieron: no vivían ya sus padres, no tenía un trabajo en el que podía influirle eso… era libre. Lorca, sólo lo expreso en Los sonetos del amor oscuro.

¿Se proyectó alguna vez como académico de la Real Academia Española?
En mí nunca ha habido el proyecto de ser académico. Igual que uno no escribe para recibir premios. Cuando los obtiene, los acoge con mucho agradecimiento porque son asentimiento a la poesía que escribe. Desde su punto de vista, agradecí y agradezco a la Academia que me aceptara, no tanto a mí, sino a la obra. Estas cosas se valoran.

Recogió el año pasado el Premio Reina Sofía. ¿Cuál es el mejor galardón que se puede recibir?
Cuando alguien se te acerca para compartir contigo que un poema tuyo ha significado mucho en su vida. Eso te da una gran satisfacción porque piensas: “Ha encontrado su lector ideal. Es un poema con suerte”.

¿Siente afecto inmediato por todo lo que escribe?
Si no me gusta un poema, no tiene posibilidades de existencia pública. Se puede tener un sentimiento tibio acerca de lo que has escrito y el comentario de los demás hace que puedas observar aquello con más asentimiento. Hay veces que se tiene la necesidad conocer la opinión sobre ciertos puntos determinados de él. Uno siente lo que ha escrito, aunque no contundencia, pero si busca personas en las que confía le pide que al dar un sí o un no, aporten la razón de la afirmación o la negación.

¿Suele pecar de perfeccionista?
A veces das vida a unos versos y sientes que todavía están por retocar. Pero tienes que dejarlo para que con cierta distancia, lo abarques más objetivamente. En muchas ocasiones, al volver al borrador ya sabes lo que quieres pedirle.

Se descubre un valor utópico de la infancia y la adolescencia en su poesía. ¿Qué distancia existe entre el comienzo de la vida y la madurez?
La infancia es el descubrimiento del mundo y de la existencia y de los sentidos. Todo te asombra. Por lo tanto, comienza el hechizo de la vida. Si has tenido personas que te han querido, ese amor que te dan, te enseña a amar a los demás. Es maravilloso estrenar la vida. Luego además, son años vertiginosos. Las experiencias son inmediatamente nuevas y en la adolescencia el sufrimiento es más intenso porque también experimentas el dolor como tal. Vives la vida con una gran intensidad. En la madurez, mucha gente nota la pérdida de esa intensidad, la vida es rutinaria y tediosa. Porque quieren que siga siendo un asombro.

Todo tiempo pasado fue mejor
La infancia no es un período completamente feliz. En la vida, afortunadamente, cuando la recordamos, nos acordamos de lo bueno y así parece que todo lo acontecido fue maravilloso.

¿Se igualan en una balanza la felicidad y el dolor?
Eso depende de cada uno. Lo que abunda más en la vida son los momentos en los que no hay ni gran dolor ni gran felicidad.

“No hay nada más hermoso que la existencia” reiteraba en una entrevista. Pero, ¿qué significa para usted la inexistencia en la propia vida?
El no ser. Se puede vivir con muy poca intensidad, es decir, en el plano sentimental, de sensaciones o afectos. El cuerpo puede estar vivo y casi sin inconsciente. Yo soy partidario de la eutanasia cuando una persona está instalada en el dolor. Porque la vida no tiene por qué ser amada. Si todo es negativo y no hay porvenir, la reacción a eso es no desear la vida. Un hombre o una mujer vienen a la vida sin merecimiento, pero se van cuando quieren irse. Precisamente porque se tiene un sentido más digno de ella, de la vida como un don.

¿Cuál ha sido la verdad que más le ha impactado descubrir?
“Dejar de ser” después de haber conocido el don. Es lo que conlleva una tristeza o un rechazo interior, aunque sea resignado, por la pérdida del ser.

Pág. 1 2


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Domingo, 27 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Noviembre 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    282930    

    Sindicación