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"A la gloria sevillana": el verbo de Antonio Burgos

22.04.11 | 00:04. Archivado en Artículos nacional
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En días de Semana Santa, unas palabras sobre los artículos del escritor andaluz

Escribió un filósofo que si la ciudad existe es porque alguien la piensa. No cabe duda de que Sevilla se enciende en innumerables láminas -que son miradas frente a la Torre del Oro-, pero nadie la recrea en sus labios como Antonio Burgos. Sólo él, que pertenece a ese selecto club de trovadores correspondidos por la vieja Dama conoce el abecedario del gracejo y la pleitesía hispalense. Quiere tan bien a esta gran señora que recorre sus callejones augustos, sus desmanes castizos y enjambres de siete llagas con las correrías de un niño que escribe al mañana cuando destinta el placer de antaño.

Ya en Artículos de lujo: Sevilla en cien artículos, el periodista sevillano recogía lo más granado de sus recuadros del ABC para tomar al lector en un puño de sensaciones y aromas galantes. Un paseo por la única geografía que él demarca en el mapa, de Sevilla a Cádiz y de Cádiz a Sevilla. Pero como el buen vino en su barrica, el articulista atina el gusto tras el añil del tiempo. Con Memorias de la vieja dama, Burgos regresa a sus tercios y regala trazos de un estilo auténtico, forjado para dotar al papel periódico de deslumbrante costumbrismo literario. Una recopilación de más de setenta textos con sabor a clásico de los que se inmortalizan. Farol de cruz de guía, Las manos del Gran Poder, Un hallazgo en la luz o Los zapatitos del niño echan raíces. Estos pequeños pasajes que teorizan sobre las costumbres, los personajes, las añoranzas y los baluartes de la ciudad guadalquiveña dejan sabor a Molviedro, Hiniesta y San Lorenzo, torrijas, azahar y acacias, Alameda, Valle y Macarena, incienso, tarde maestrante, coplilla de Rafael de León, Puerta Osario, calentitos, Gran Poder, Marifé, Velá de Santa Ana, seise y Pilatos. Recuerdan al sevillano ausente, a los reyes trianeros, al enamorado que cada primavera desde hace más de cuarenta años regala el naciente azahar a su esposa, al compás al que la cera llora, a los benditos por la Puerta del Príncipe, a la Reina y Señora en su madrugá.

Burgos es memoria y carne viva de una Sevilla, muchas veces inexistente. No en trotes de mera inventiva, sino en caldo de sentimiento. Eso dicen algunos, que teje una fantasía y no le atañe la otra cara del espejo. Es cierto que la estampa sevillana -como todo- ha ido destilando con el tiempo: poco suma la Hispalis de Mairena, Pepe Luis Vázquez, Paquita Rico o Antoñita Colomé. Por desgracia o por fortuna, porque por quedar, en esencia, queda todo. Se palpa en el homenaje de Burgos a esa luz que “tuvo y retuvo” la capital andaluza. Leer al compositor de las Habaneras de Cádiz es la contemplación del carácter de una ciudad convertida en mito, bajo la sombra de sus tópicos, (des)aciertos y fotografías en blanco y negro. ¿Qué no saben que no sólo la piensa, que además la anhela, la fragua y la prende desde San Gil hasta la Plaza del Altozano? El cronista de la Ciudad de la Gracia, mece en la escritura su continúa defensa de la cultura e idiosincrasia andaluzas y regenera las eternas pasiones que la Dama inspiró en Pemán o Romero Murube. En el piropo hace brotar poesía.

De rompe y rasga fue el pregón semanasantero de Carlos Herrera en 2001 y siete años después llegaría El pregón del Gozo de Burgos, ya llamado “El Deseado” por cómo ansiaban sus conciudadanos su garganta amantísima de atrio y candilejas. Su alma capillita se quedó algo corta en verbo, pero emocionó con el antecedente de sus artículos: como todo te lo han dicho, mi silencio es el que habla, pues verás, Niña del Arco, que hay un nudo en mi garganta. Y sólo digo tu nombre, ése que todo lo alcanza, como te nombra Sevilla, como tu barrio te llama, como un viejo macareno: ¡mi Virgen de la Esperanza!

Y resonaron los oles y olés que no sólo se da al que viste un traje de luces, sino a la voz popular que se enajena elevando al cielo las glorias y los gozos de la tierra que cada viernes santo contempla la carita, cansada y pura de la Madre de Dios.

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Memorias de la vieja dama (Mis mejores artículos sobre Sevilla)
Antonio Burgos.
La Esfera de los Libros. Madrid, 2007.


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