Entrevista a la actriz británica por su papel en "Vivir para siempre", de Gustavo Ron

El director Gustavo Ron, con un sexto sentido para el reparto, explica cómo dedicó tres meses a encontrar al personaje de Kaleigh para Vivir para siempre, su última película. Cuando el gran peso de una cinta lo elevan intérpretes muy jóvenes, se hace indispensable un absoluto convencimiento de la elección. Ron quiso asegurarse, pero en su fuero interno ya había obtenido la clave: Ella Purnell. Aquella pequeña intérprete británica fue la primera en hacer prueba para el papel, y tan bien, que el director madrileño quiso darse un tiempo ante el alto listón de comienzo de casting. Era lo sensato, pero un instinto educado no falla. Kaleigh no podía ser otra que Ella.
Vivir para siempre cuenta la historia de Sam (Robbie Kay), un niño enfermo de leucemia, que frente a la muerte y con la ayuda de su amigo Felix (Alex Etel), decide hacer realidad sus mayores deseos e intentar descubrir respuestas a las cuestiones que le inquietan. Entre sus ilusiones, destacará el “ser adolescente” y en consecuencia, saber lo que se siente al besar a una chica. Aquí hará aparición la prima de su amigo (Purnell), candidata ideal para concederle a Sam no sólo un beso, también su iniciático y único amor.
“Kaleigh es una chica muy optimista” resalta Ella Purnell sobre su personaje. “En vez de lamentarse y entristecerse por la enfermedad terminal de Felix y Sam, se siente contenta y reconfortada por el recuerdo”. Una postura que la actriz observa “difícil”, porque la reacción que ella misma tendría, no sería igual de “animosa”. Aunque su sinceridad, va acompañada de valor y templanza. La joven de catorce años explica cómo su abuela falleció de cáncer en la época que estaba rodando el film. Un duro golpe que la propia ficción le impulsó a afrontar “no pensando en los porqués ni en el dolor, sino acordándome de ella”. Y a continuación rememora una frase de la película: “Si estás triste cuando piensas en ello, ¿cómo vas a recordarle?”. Sonríe aún con más candor cuando afirma: “Prefiero quedarme con lo bueno”.
Ella, a pesar de una intervención efímera y secundaria (aunque sólo en planos, no en vértice argumental), deja un intenso rastro en la biósfera del film. Se debe a los matices de su expresión y la naturalidad de su presencia. Transmite una ternura y luminosidad que no necesita verbalizarse. Seguramente por estas aptitudes, los diarios ingleses ya han vaticinado un futuro estrellato, comparándola con la también británica, Keira Knightley. No resulta una casualidad. Purnell interpreta la versión joven de Knightley en “Never let me go”, película basada en la novela homónima de Kazuo Ishiguro y todavía por estrenar en nuestro país. “Es el cumplido más bonito que podían hacerme, realmente me intimida” afirma con verdadera sorpresa en sus facciones, incrédula ante una proyección que observa con sobrada profesionalidad y cordura.
Vivir para siempre, de igual forma, se ciñe a los mimbres de una afamada novela, “Esto no es justo” de Sally Nichols. Gustavo Ron tomó las riendas de la adaptación y no aprobó su propio guión hasta que un grupo de niños afectados por la leucemia y la asociación ASION no lo leyó y le dio el visto bueno. Por respeto a ellos, prefirió ser él mismo quien transmitiese a sus jóvenes pupilos cuál debía ser el abordaje de su papel. “No preparamos previamente el personaje, es decir, no tuvimos un contacto directo con estos casos, sino que fue Gustavo, quien nos habló de la enfermedad, de los niños que la padecen y sus familias” explica Ella Purnell.
El rodaje para la actriz no fue del todo cómodo debido a las circunstancias ambientales. Sus escenas se desarrollaban en exteriores y se filmaron al norte de Inglaterra en pleno invierno. “Imagínate –señala con simpática ironía- en aquel pueblo, en el campo, con el frío y la humedad…”. Pero no puede resistirse a unas leves carcajadas si se le pregunta por la escena que rodó en interior –un típico pub inglés- con Robbie Kay y Alex Etel. “¡Oh, Dios!” exclama al recordar aquella especie de zumo de grosellas o sucedáneo que los tres tenían que beber a imitación de alcohol. Un sabor gestado a conciencia para que su ademán se correspondiese al del imberbe iniciado en el licor. “Era realmente desagradable y aunque sólo estuviera uno en plano, todos bebíamos” apostilla sin soltar la sonrisa, a pesar de la aversión. Una “cuestión de solidaridad” en palabras del director y guionista.
La londinense se muestra encantada con la película y sus compañeros, entre los que se cuentan, además de Kay y Etel, Ben Chaplin, Amelia Fox o Greta Scacchi. E indudablemente con el director. “Tiene un carácter muy divertido y sabe muy bien lo que quiere”. Aunque no puede comparar por su escasa experiencia, apostilla que los realizadores españoles destacan por ser “muy alegres”. De las tres películas con las que se ha estrenado, dos de los cineastas nacieron en la península: primero Ron, después Juan Carlos Fresnadillo.
Ella ha pasado el verano en Madrid rodando “Intruders”, donde ocupa un lugar principal junto al actor Clive Owen. Un personaje absolutamente alejado de Kaleigh: “Mia, mi personaje, está un poco traumatizado, como su padre (Owen), porque ambos sufren las mismas pesadillas”. En este thriller perturbador e “interesante por la perspectiva que le puede dar cada espectador”, ha coincidido con intérpretes nacionales por primera vez. El ejemplo: Pilar López de Ayala, “una mujer encantadora y con gran talento”.
Aunque le encanta el cine, es al mismo tiempo una “enamorada del teatro”. Representó a lo largo de un año Oliver! en el Theatre Royal, Dudry Lane de Londres. No descartaría volver al escenario si surgiera “la oportunidad”, pero sobre nuevos proyectos, aún no hay nada cerrado. “Me encuentro haciendo pruebas y audiciones”. Y sin olvidar el modo siempre encomiable de ajustar sus clases en el colegio y en la escuela donde estudia interpretación, canto y danza.
Ella Purnell regresará pronto a España. Por encima de cuestiones de promoción, le gusta el país. “Sería genial vivir aquí, adoro el idioma, la comida y el tiempo” manifiesta. Le queda pendiente “la playa”, tras una visita fugaz a Valencia.
La adolescente enérgica, de rostro dulce, sonrisa amena y largos cabellos se despide con un abrazo. Podría ser mediterránea. Ya es un astro, aspirante a encender su estrella. Otra de las maneras de “vivir para siempre”.
Domingo, 27 de mayo
Juan Luis Recio
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Atticus-444
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