“Y jugar a vivir y jugarse la vida y volver a morir por las causas perdidas”. Así, con esta letra que susurra Zenet cuando arroga el sombrero, podría esbozarse el impulso apasionado de Eduardo Velasco. Siempre dispuesto a beberse la vida y no sólo a tragos largos, también a sorbos chicos, comprometido, denudado, consciente de sí mismo. Tropezaría veinte veces con la misma piedra y aprendería a caer, pero de pie. Ésa es la capacidad de amar del actor malagueño.

Su actual proyecto le ha llevado nada más y nada menos que hasta Colombia.
Entre Bogotá y Cartagena de Indias concretamente sí. Se trata de una serie de Telemundo, RTI y Antena 3 basada en “La reina del Sur” de Arturo Pérez Reverte. Somos unos veintidós actores españoles en el reparto más o menos y se retransmitirá en España en el mes de Febrero, aunque también se verá en Latinoamérica y EEUU. La trama se centra en el mundo del narcotráfico y el contrabando.
Lo compagina con “Amor plautónico”, obra de su compañía “Avanti Teatro”. El montaje habla de la incomunicación entre la pareja. ¿Qué le da más miedo: la incomunicación o el exceso de información?
Ambas cosas, pero especialmente la incomunicación. El exceso de información puede saturar, pero puede ser regulado: yo puedo decidir qué leo, qué me seduce y qué me afecta. Pero la ausencia de la comunicación entre personas u organismos es peligrosa y nos viene impuesta. Eso conlleva una represión y una carencia de libertad. Busquemos la belleza, que es lo único hermoso que nos queda en este puñetero mundo.
No sólo actúa y tiene su propia compañía, “Avanti Teatro”. También ha creado una productora audiovisual junto a profesionales como Luis García Pérez. ¿Una postura arriesgada en tiempos de crisis?
Yo creo que relanzar ideas originales, ofertando propuestas y guiones para películas, series o TV-Movies es una buena vía de salida. En esta profesión además de ser trabajadores por cuenta ajena, que es lo que nos toca, somos artistas y creativos fundamentalmente.
“La escasez agudiza el ingenio” dicen…
Por supuesto. Y ahora más que nunca para por lo menos, salir de costado de la crisis. Los que se mantengan o nos mantengamos durante este período resurgiremos mucho más reforzados.
¿Qué es lo que le ha conducido de ser actor a buscar nuevas formas de comunicar?
La necesidad de expresar cuál es mi propio punto de vista. Vivimos en mundo que está asentado en unas bases sociales, ideológicas y políticas que ahora mismo están en entredicho. Todo está cambiando. El ejercicio de la interpretación o de cualquier manifestación artística se basa en la transmisión de un mensaje.
Esa filosofía de la que me habla compone el hilo conductor de su compañía. Comenzaron con una versión libre de Ricardo III. ¿No era una osadía enfrentarse a un Shakespeare sin calentar a previamente?
Era un descaro impresionante, pero al mismo tiempo necesario: mostrarme tal cual, con ese espacio que reivindicaba de hacer adaptaciones contemporáneas de texto de teatro clásico. Ricardo III es la gran tragedia política de Shakespeare desde mi punto de vista. La situación política actual transparenta la verdadera desvergüenza de lo que está pasando. Para muestra, botones: la ley de la mordaza en Italia, las corruptelas del PP en el Levante o el bipartidismo existente –dos perros con el mismo collar-. Estamos abocados a nivel mundial a una clase política dividida en dos grandes poderes, que en definitiva representa la misma clase. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles.
De ahí, ¿que dé tanta importancia al término pueblo?.
Somos parte del pueblo y tenemos el deber de denunciarlo. Desde la atalaya del teatro reivindicamos nuestra posición para recuperar esa memoria a la que debemos tanto a nivel histórico y de la que nunca aprendemos. Ahora mismo estamos preparando “Julio Cesar”, con un maravilloso texto de Luis García Montero y con José Carlos Plaza en dirección. Hace 500 años que Shakespeare escribió estos textos y sigue pasando lo mismo.
José Saramago defendía que no existía una democracia real.
Sus palabras encierran muchas postulaciones filosóficas que me parece que deberían ser parte del engranaje del mundo. Para mí es un verdadero Dios -él que estaba tan en contra de un dogma de fe o creencia religiosa-. Lo que más comparto con Saramago es que para poder cambiar la globalidad, tenemos que cambiar la individualidad.
Es inevitable pensar en “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. ¿No da la sensación de que hoy la apariencia se confunde con la esencia?
Escondemos en la imagen la verdadera esencia de lo que somos. No nos miramos a los ojos al espejo, huimos de nosotros mismos. Pienso en la epístola que escribió en prisión Wilde, “De profundis”. El individuo, por las pautas y conductas sociales o la corrección, puede acabar en prisión si transgrede las normas. Pero en las palabras del escritor hay perdón. Marcos Ana lo transmite de forma maravillosa al contar que aunque estuvo tantos años en la cárcel durante la dictadura franquista no tiene ninguna necesidad de venganza, sólo reivindica que se reconozca la libertad de conciencia. Creo que eso es una contradicción en el mundo en el que vivimos. Nos limitan las pautas sociales que tenemos que aceptar y no nos miramos en un espejo para reivindicarnos como individuos y mostrarnos ante la sociedad como tales, como libres y pensadores.
Tiene pendiente de estreno “La mula”, película de Michael Radford que se sitúa en la retaguardia de la Guerra Civil. ¿Su participación en esta película es casual?
En la película se retrata el carácter surrealista de una guerra inventada por unos poderes que no tenían nada que ver con el pueblo, pero que utilizaron al pueblo para que se mataran entre ellos. La reflexión que realiza el director es que todos los que se vieron implicados eran personas que se encontraron atrapadas por las circunstancias. Creo que nada es casualidad, sino causalidad. El hecho de interpretar a un sargento del bando nacional -que yo llamo del “bando de los invasores”- que defiende algo que no me corresponde, me da mucho que pensar.
Si analizamos las historias que se cuenta hoy y se contaban siglos atrás, observamos que todo es una recreación de los clásicos, del origen de la literatura. Pero significa que, ¿no se pueden crear obras realmente originales?
Es un arma de doble filo. Cosas originales se pueden crear, pero prácticamente todo se ha inventado. Lo único que tenemos pendiente ya es crear nuevas recetas de combinaciones originales. Los lenguajes actuales parten de una ensalada de distintas ideas.
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¡Ole paisano, mil veces ole!
He visto dos de sus obras de teatro y no puedo más que darle la enhorabuena Sr. Velasco. ¡Es usted un artista de los pocos que quedan!¡Mucha mierda!
Domingo, 27 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Juan Granados
José Andrés Prieto
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Javier Orrico
Juan Carrasco de las Heras
David Felipe Arranz