Charing Cross Road

El hombre en busca de sentido

27.12.09 | 21:30. Archivado en Artículos nacional, Críticas
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Comentario crítico acerca de la película documental "Grizzly Man" de Werner Herzog

Cuenta la voz popular que siendo Condestable de Castilla don Álvaro de Luna se encontró con un desdichado mendigo con el rostro desfigurado y completamente ciego. Cuando Don Álvaro le preguntó por sus heridas, el pobre le contestó: “Tres años ha criaba yo un cuervo que había recogido pequeñito en el monte; y le traté con mucho cariño; poco a poco fue haciéndose grande, grande… Un día que le daba de comer saltó a mis ojos; y por muy pronto que me quise defender fue inútil: quedé ciego”. El noble dignatario le socorrió y sentenció con irónico desencanto: “Criad cuevos para que luego os saquen los ojos”. De manera paralela se podría comenzar y concluir la historia de Timothy Treadwell, la biografía de apasionantes viajes hasta la tierra de los ojos Grizzly, aquellos a los que un hombre defendió con una determinación férrea e ilimitada que finalmente le condujo hasta las garras de la muerte.

En “Grizzly Man” asistimos a la lucha de un naturalista por defender a los osos más temibles de la tierra, pero sobre todo a un proceso de locura como todas, nada convencional, en la que un hombre entra en la metamorfosis de una naturaleza diferente, violenta para los ojos ajenos; protectora y amable para un individuo cada vez más aislado de la civilización por sus propias convicciones. Ése aparente enloquecimiento adentra al espectador en la introspección y la ambigüedad humana.

¿Es Timothy Treadwell un héroe, un mito o un showman trastornado? Werner Herzog parece moverse entre dos aguas, debido a un montaje muy tragicómico, seguramente tanto como de estrambótica tiene la actuación del protagonista. Herzog realiza una fusión entre las imágenes que grabó Treadwell durante sus veranos en el santuario y el Laberinto de los Grizzlies con entrevistas y planos recurso, de archivo e impresionantes panorámicas desde el aire o en puntos específicos del entorno de Alaska y alguna otra localización. Los fotogramas grabados por el amante de los osos pardos le otorgan naturalidad al documental, pero también logran crear una constante inquietud en el espectador, lo desconciertan. Desde el principio se percibe la muerte, es un hecho, pero el director invita a asistir a esta debacle, intenta desmontar la psicología del protagonista, sin remover demasiado las piezas, pues aunque Herzog duda, también acaba encontrando un sentido al absurdo que objetivamente podría haber sido el ideal vital de Timothy, le hace homenaje.

El que el director no deje de grabar cuando los personajes han concluido sus testimonios aumenta el pulso; también narra en off y enfoca con la palabra su criterio o se introduce en la escena más cruda; los cabalgamientos sonoros bailan sobre las imágenes con anterioridad o aposteri; existe un sarcasmo de trama shakesperiana, hay cierta inteligencia y sensacionalismo en el juego del visor. Un drama buscado, una realidad influenciada por el guión que turba, con recursos tales como panorámicas de planos más abiertos a planos más cortos para acercar a la búsqueda de una identidad. Herzog alaba la obra fílmica del protagonista. Hace uso de tomas grabadas por Timothy que en una sala de montaje siempre serían echadas al olvido. Sin embargo, sirven para perfilar la personalidad y la progresiva conmoción del dueño de la cámara, calan en quien le observa. Movimientos de cámara sin base formal que revitalizan las escenas bajo una finalidad descriptiva. El encuadre, la composición no importa, sólo el reflejo de la naturaleza en su medio, la única herencia que deja el “guerrero amable”.

Resulta una cinta abrumadora y Werner Herzog sabe jugar sus cartas para empatizar al espectador con un personaje que en la pantalla alcanza cotas arrolladoras en comparación con el carácter del "hombre". Un defensor de la sensibilidad animal que buscando un paraíso encontró una isla donde naufragar. El director señala que la supervivencia es la ley del fuerte sobre el débil. Tal vez Tim no lo sabía o no quería saberlo. Nadie está tan cuerdo como para llamarle “loco”.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Alfonso Díaz 19.01.10 | 04:31

    Fantástica película Mariasun!
    Enhorabuena por los artículos.

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