Charing Cross Road

“Noche con duende”

06.05.07 | 04:16. Archivado en Crónicas Gran Teatro Elche
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El pasado Viernes, coincidiendo con la celebración durante el fin de semana del día mundial de la danza, Marco Vargas y Chloé Brûlé-Dauphin, presentaron en el Gran Teatro, “Cuando uno quiere y el otro no...”, espectáculo en el que fusionan distintos sonidos que se enclavan en el lenguaje expresivo del baile flamenco.

Como si del desarrollo de una relación se tratase, y siendo los espectadores testigos de las pequeñas tramas y conflictos que agolpa a la pareja con el transcurso del tiempo y la convivencia, “Cuando uno quiere y el otro no...” refleja, no a través de diálogos, sino traduciéndose en gestos y en la expresión corporal de un flamenco renovado y desenvuelto, el camino varado entre el amor y el desamor, la pasión y la rabia, la ternura y la apatía interpersonal, que supone la incomunicación.

Sobre un escenario desnudo, con el calado emotivo del movimiento, Chloé y Marco, desarrollaron una simbiosis entre técnica y libertad vehemente de la que insufla su creación. La base de la que han partido es un sentir tan universal como son por un lado las relaciones de pareja y por otro, el flamenco. Éste último, converge en lo ambiguo, al tomar forma en el propio mestizaje, e interpretado corpóreamente con alma gitana, pero también quedando impreso en él, la danza y el exotismo de otros géneros.
Como explicaba Marco a escasas horas de la puesta en escena, “definimos el espectáculo como flamenco, pero dentro de un concepto más contemporáneo”, a lo que Chloé añadía la importancia de “la autonomía a la hora de realizarlo y en esencia, la imaginación unida a nuestros recursos artísticos”. Destacaron además: “no hemos querido en ningún momento realizar una crítica, sino expresar sentimientos que cada espectador desentrañará de una manera”.

La mediadora entre ambos, fue la voz del cantaor Juan José Amador, rasgando una lírica en vena que cincelaba las emociones de los enamorados y los sinsabores y frugales dichas de su mundo interior. En sus silencios brotaban las raíces de un entendimiento profundo, en el que sólo el corazón vuelca su voluntad.

Una muestra del carácter innovador del espectáculo, se perfilaba en el uso de los bailaores de elementos tan cotidianos como una mesa y dos sillas, que en vez de limitar sus pasos, ensalzaron el equilibrio caótico del rito trazado por sus extremidades. Además de contar con la presencia del cante, el sevillano y la canadiense, acompañaron los sentimientos de su coreografía con una banda sonora caracterizada por la diversidad, y seleccionada con sensibilidad y paladar exquisito. Temas como el bolero “pecado” o una balada francesa tan célebre como “ne me quite pas” supieron dar cuerpo al momento amoroso que afrontaban los protagonistas.

Al término de la actuación una lluvia de aplausos y “bravo(s)”, ya presentes durante el transcurso, envolvieron el teatro, en un merecido homenaje a los bailaores y al cantaor. El público sentenció. Fueron los frutos recogidos de un trabajo elaborado y una entrega desbordante en el escenario, tras una noche con arte y de duende... mucho duende.


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