La Formación Bruta de Capital, medida a través del Índice de Volumen Físico, aumentó 13% con respecto al segundo trimestre de 2009. Si se considera la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF), es decir la inversión en activos fijos, y se deja de lado la inversión en inventarios o variación de existencias (acumulación de stocks de materia prima, bienes no terminados en proceso de producción o bienes terminados que se encuentran en poder de las empresas), el incremento es aún mayor y llega a 16%.
En el año móvil cerrado a junio de 2010, la FBKF ascendió a 19% del producto, valor que se encuentra alineado con lo observado en los demás países de la región. Por ejemplo, en Argentina y en Chile la relación asciende a 21%, mientras que en Brasil es de 18%.
En cuanto a la desagregación por sectores, se observa un claro liderazgo de los agentes privados en la determinación de la dinámica de la inversión. En efecto, el incremento de la inversión privada en capital fijo en el segundo trimestre fue de 24% en términos interanuales y resultó más que suficiente para contrarrestar la caída de 4% experimentada a nivel del sector público.
Así, y siempre considerando el año móvil terminado en junio de 2010, el sector privado fue responsable del 75% de la inversión en activos fijos del país. Este es un dato importante ya que, por un lado, un sector privado dinámico, que invierte, constituye una de las principales fuentes de creación de empleos en una economía, contribuye a incrementar la oferta de bienes y servicios al alcance de la población, y es una importante fuente de ingresos para el sector público a través de la recaudación de impuestos. Es claro entonces que una mayor inversión privada, si bien es guiada por el interés personal de los inversores -que desean maximizar sus ganancias- es una pieza clave para el desarrollo de la sociedad en su conjunto y, como tal, para la activación del círculo virtuoso de crecimiento y sostenibilidad económica.
Por otro lado, también es claro que el comportamiento del sector privado fluctúa a medida que cambian las condiciones de los mercados en los cuales actúan. Desde este punto de vista, la seguridad -económica, política e institucional- es un factor clave a la hora de decidir llevar adelante un proyecto de inversión. El establecimiento de reglas de juego claras y transparentes que brinden al inversor confianza y tranquilidad es, por lo tanto, fundamental si se quiere aumentar la capacidad productiva de la economía, generar más empleo y lograr niveles de crecimiento sostenibles en el tiempo.
Lo anterior toma aún mayor relevancia si se considera que, cada vez más, en una economía caracterizada por una altísima interrelación de los mercados mundiales, las decisiones de localización de la inversión no se limitan a un país o a una región determinada, sino al mundo entero.
Fuente: El País y Cenyt Media
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Uruguay tiene algunos propblemas de servicio.
Es el momento de aprovechar el crecimiento.
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