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La nueva presidencia de la UE adquirida por España tiene la mirada en Latinoamérica

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España ha asumido la presidencia semestral de la Unión Europea (UE) con la mirada puesta en la recuperación económica, en las nuevas reglas internas fijadas por el Tratado de Lisboa y con una especial atención en América Latina.

La cuarta presidencia europea de España viene condicionada por la crisis económica, de la que aún se resiente la UE, y por la necesidad de impulsar un marco de crecimiento sostenible que permita la creación de puestos de trabajo de calidad en los próximos años.

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Afianzar la recuperación económica y lanzar una "nueva estrategia de política económica común" con una mayor coordinación entre los Estados miembros es uno de los principales objetivos del Gobierno español, presidido por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Durante el mandato español, los Veintisiete deberán renovar además la llamada Estrategia de Lisboa, para fijar las bases del futuro modelo económico en la presente década.
El Gobierno español cree conveniente que la salida de la crisis se apoye en políticas coordinadas para ir retirando progresivamente los estímulos fiscales y las ayudas al sector financiero aplicadas en los últimos meses y reducir así el déficit público.
También ligado al plano económico, España se ha marcado como objetivos hacer que la UE siga liderando la lucha contra el cambio climático después del fracaso de la Cumbre de Copenhague y promover una política energética común para garantizar el abastecimiento.
España afronta un Parlamento Europeo renovado en junio, una Comisión ejecutiva aún no instalada y un nuevo tratado que ha entrado en vigor hace apenas unas semanas, después de ocho años de accidentada gestación.
El Tratado de Lisboa, que entró en vigor el pasado 1 de diciembre, introduce importantes cambios en la maquinaria europea.
La presidencia española es la primera que se va a desarrollar íntegramente con el nuevo Tratado, después de que Suecia fuera testigo de su entrada en vigor hace un mes.
Una vez elegidos el presidente estable del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, y la Alta Representante para la Política Exterior, la británica Catherine Ashton, España sentará las reglas de convivencia de ambos cargos con la presidencia rotatoria.
Así, el Gobierno español tiene la tarea de que las nuevas reglas de funcionamiento de que se ha dotado Europa tengan éxito, aunque sea al precio de ceder protagonismo y perder réditos internos.
Una de las aspiraciones de Zapatero es reforzar la imagen de unidad de Europa en el exterior, con el fin de poder hablar de igual a igual en el escenario internacional con las grandes potencias.
Acercar a los ciudadanos al centro de decisión política de la Unión Europea es otro de los retos de España.
Zapatero aseguró recientemente que espera que este periodo ayude a superar la indiferencia de la ciudadanía respecto a Europa.
El Gobierno español se propone reforzar la presencia e influencia de la UE en la nueva realidad internacional, apartado en el que España concede especial relevancia a América Latina, sin perder peso frente a la pujanza de potencias como China y Estados Unidos.
El fortalecimiento de la cooperación antiterrorista centrará la nueva agenda de trabajo que la UE debe consensuar con EEUU en la cumbre a la que asistirá Barack Obama a finales de mayo en Madrid.
Latinoamérica tendrá un papel protagonista en la presidencia española, periodo en el que España intentará convencer a sus socios de que revoquen la posición común sobre Cuba y cerrar importantes acuerdos comerciales y de asociación con países de la región.
Zapatero ha citado varias veces la finalización del Acuerdo de Asociación con Centroamérica, además de avanzar en la conclusión de acuerdos multipartitos con países como Colombia y Perú.
España tratará también de reactivar las negociaciones con Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), bloqueadas desde el año 2004.
La cumbre bianual UE-América Latina, prevista para mayo en Madrid, será el escenario en el que España espera dar un fuerte impulso a estas negociaciones.
El calendario de la presidencia española incluye otra docena de cumbres internacionales, con Estados Unidos, Rusia, Canadá, Chile, Egipto, Japón, Marruecos, México y Pakistán.
La cooperación con los países del Magreb y Oriente Medio está también presente en la agenda, que contempla la celebración de una cumbre con estas naciones en Barcelona en junio, con un eventual relanzamiento de la Unión por el Mediterráneo.
En política exterior, se apuesta también por apoyar el proceso de adhesión de Croacia e Islandia y la perspectiva europea de Turquía, que cuenta con la resistencia de Francia y Alemania.


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