En mi post anterior pasé por alto hablar de la inconstancia. Adrede. Merece capítulo aparte.
“Ojalá se te acabe la mirada constante” canta Silvio Rodríguez, preciosa canción, by the way: habla de la constancia de los pensamientos, esos que se te clavan y no te dejan, sobre todo cuando no quieres que te dejen.
Uno —cada uno de nosotros— sabe lo que hace, se compromete con su comportamiento y es responsable de sus actos. Esto es absolutamente cierto para los adultos. Realmente es lo que nos hace adultos. Y “un profesional” es un adulto, ¿no?
Aunque uno nunca sabe del todo a dónde le llevará su camino ―”who knows where the road will lead us?/only a fool would say”―, pero casi siempre puede identificar el comienzo. Y el que marca un comienzo tiene la obligación de señalarlo, para ayudar a los demás.
La pregunta no es, pues, ¿qué podemos hacer? La pregunta es ¿qué debemos hacer? Podríamos enumerar: trabajar, capacitarnos, trabajar, añadir valor, o sea, trabajar bien... Y convivir, porque así comprenderemos el valor de las opiniones de los otros ―por ejemplo, de nuestros jefes, colegas, colaboradores―; comprenderemos el significado de la obediencia, como manifestación de la humildad y actitud de aprendizaje; la utilidad del esfuerzo y el sentido de la excelencia. Eso es la responsabilidad.
Y para eso nos hace falta ser constantes, seguir por el camino trazado, no cambiar a la primera, perseguir los objetivos, dedicar a las obligaciones el tiempo y el espacio que merecen. Eso es un camino de perfección. Perfección en las personas, que no corrección en las cosas.
Termino con un poema de Gloria Fuertes, de lo mejor del siglo XX en español (“Poeta de guardia”, Editorial Lumen, p 113). A alguno le descolocará:
“Y de lo que me alegro,
es de que esta labor tan empezada,
este trajín humano de quererte,
no le voy a acabar en esta vida;
nunca terminaré de amarte.
Guardo para el final las dos puntadas,
te-quiero, he de coser cuando me muera,
e iré donde me lleven tan tranquila,
me sentaré a la sombra con tus manos,
y seguiré bordándote lo mismo.
El asombro de Dios seré, su orgullo,
de verme tan constante en mi trabajo.”
Cuestión: la constancia es un atributo del amor, ahí se aprende. Pues eso.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
“En los pocos años está la inconstancia mucha; en los ricos, la soberbia; la vanidad en los arrogantes, y en los hermosos, el desdén; y en todos los que esto tienen, la necedad, que es madre de todo mal suceso” (“Amante liberal”, M. de Cervantes).
De verdad de la buena: saber reconocer los errores y aplicar las rectificaciones necesarias (de sabios es); abajarse en la arrogancia del puesto, que es efímero, pues el poder formal siempre es efímero, más cuando es concedido; mirarse al espejo y descubrir que vas desnudo es buena receta contra el desdén de los que están encantados de conocerse. Necedad: el problema del necio es que ni siquiera está dispuesto a mirarse.
No es tan difícil. Esto no “va de” tener razón, sino de proponer y aplicar soluciones. Las hay, cada uno sabe qué es lo que funciona. Y en este momento más vale sacar un par de bienes y algún notable que apuntar sólo al diez y quedar en nada. Por cierto, los más en este mundo somos del montón, de notable cuando vamos muy bien preparados. La vida está diseñada para gente normal en condiciones normales: que no nos ocurra lo del poema, también de Cervantes
“Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.”
Menos posturitas de torero malo y más hacer.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Un cliente que es también amigo me recriminó a finales de julio que, en un resumen semanal de noticias que comparto con una lista corta de clientes, apenas incluyera noticias positivas. Me defendí diciendo que yo no hacía más que ordenar lo que realmente ocurría y citar las fuentes. Excusa. Tiene razón mi amigo Nacho. Hay que buscar buenas noticias. O crearlas y compartirlas.
La conciencia no puede vivir adormecida entre el poder y la comodidad de... (que cada uno anote su “loquesea” particular). Hay que poner ilusión cada mañana.
De la ilusión se espera que arranque sonrisas perezosas y largas. Convendría recordar que avanzar y mejorar no “va de” tener razón ni de acertar ni de triunfar ni de utilizar argumentos irrefutables; se trata, simplemente, de expresar lo que sale de dentro de modo naif y desnudo, con la violencia del amor y de la juventud, con la fidelidad de los niños a sus juegos, con la ira de los mansos y con ganas de cambiar el mundo. Añádase un poquito de sentido común y de conocimiento del oficio. Pruebe usted.
Claro que, para que algo salga de dentro, tiene que estar primero dentro. Y nos estamos dejando llevar por lo que ocurre afuera. Busquemos dentro.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Martes, 18 de junio
Jaime Noguera
Luis Llopis Herbas
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
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