Nuestra imagen mental del flujo de trabajo está cambiando. Hasta hace muy poco tiempo se representaba el trabajo en forma de pirámide: las tareas “pensantes” se realizaban arriba y el trabajo práctico abajo. Esta teoría dividía el trabajo en fragmentos: las personas que estaban “arriba” eran responsables de los “trozos” grandes de trabajo, que después se dividían en partes más pequeñas para los mandos intermedios y éstas a su vez en otras aún más pequeñas para los mandos más directos. Finalmente, las personas que realizaban el trabajo directo sobre los productos y servicios solían recibir “trozos” de trabajo muy pequeños, lo que daba lugar a que muchas veces no llegaran a ver cómo quedaba el producto final en conjunto.
Cuando una organización se considera a sí misma como una pirámide, las evaluaciones y las opiniones de las personas situadas en los puestos más altos son las que más importan, aunque se alejen de la realidad del cliente que paga y del trabajo en sí mismo. Muchas veces lo único que consigue este proceso es perder al cliente. Es como si los directivos fueran los verdaderos clientes a quienes hay que atender.
Para responder a las inquietudes que nos plantea el momento económico actual, tenemos contemplar la organización a través de un flujo de valor, un flujo de actividades de valor añadido que finaliza en un resultado que recibe el cliente que paga. Si no, seguiremos en la economía de los papelitos, seguiremos permitiendo que la economía de mentira acuñe moneda de mentira que cobra, pero no paga.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Domingo, 27 de mayo
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
ClickTrade
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames