Porque cuando un individuo percibe que el trabajo dentro de su empresa le proporciona las “recompensas personales” que espera, se sentirá integrado y no deseará abandonarla o “vegetar” pasivamente en ella. En reciprocidad, ninguna organización deseará perder a estas personas valiosas y que, a buen seguro, aportan un valor añadido nada despreciable.
La verdad: me canso de oír que las personas somos un activo mientras se contabilizan como gastos de personal. Las sociedades se expresan por medio de sus leyes. Nuestro PGC es claro al respecto. Las personas no somos una inversión.
Poco a poco vamos comprendiendo que las personas somos el único recurso cuyo valor añadido tiene un techo desconocido. Para ello tenemos que invertir en formación y en desarrollo. Para ello tenemos que pedirles que identifiquen y expresen sus valores y los alineen con los de la empresa o que busquen otro lugar de trabajo. Think straight, talk traight y mira con nobleza a tu alrededor.
Una nueva creación de los políticos: el Estado-concepto. Una cosa. Nada que exista.
Escucho por la radio a Rajoy, Presidente del Gobierno, decir que nada hay más importante que la estabilidad financiera, literalmente "lo mas urgente es garantizar la estabilidad financiera, que cuando un país tenga un vencimiento de deuda pueda refinanciarlo". Así, sin anestesia.
Aun comprendiendo el contexto, la necesidad de posicionarse frente al ninguneo de algunos de nuestros llamados socios europeos, la necesidad de enseñar los dientes, la necesidad de hacerse oír... aun comprendiéndolo todo, sólo en un "Estado-concepto" se puede decir algo así. En el mundo de verdad hay que ser más respetuoso, más cauteloso, más serio.
¿Qué les decimos a las familias que se han arruinado en estos últimos años?
Conviene recordar que, cuando se les agotan las fuentes de financiación a las familias y a las pymes, los intermediarios financieros que les han cerrado el grifo suelen decir que ellos no son la beneficencia, suelen recordar que las cosas nunca ocurren de repente, en no pocos casos insinúan que la gente, "por su mala cabeza", se mete en más de lo que puede pagar y etcétera. Y no he oído a nadie decir que lo más urgente sea que cuando una pyme o una familia tenga un vencimiento (préstamos o créditos, obligaciones financieras) pueda refinanciarlo. No pocos dramas están ocurriendo porque las Administraciones Públicas deben tanto dinero que se han llevado a pymes y familias por delante... gente que no ha podido refinanciarse o no ha aguantado el tirón. Gente a la que Hacienda hace una "paralela", discrepa, recurre, pero no tiene cómo avalar o no sabe cómo negociar una supuesta deduda con Hacienda y ve cómo le apremian y embargan lo poco que le queda; gente ésta que, en no pocos casos, cuando gane el recurso, verá cómo Hacienda le paga lo que corresponda, sí, con intereses, sí... pero quizá haya tenido que cambiar en todo, porque Hacienda primero trinca y luego discute. Item más: los intermediarios financieros están abusando de su posición de poder y apretando a sus clientes, restringiendo el crédito, revisando los criterios de riesgo. No quiero seguir: todos conocemos casos lacerantes.
Pero el Estado-concepto sí tiene que poder refinanciarse porque sí. Y luego nos repercutirán a los ciudadanos nada conceptuales las obligaciones asumidas, en forma de deuda pública que se reparten entre intermediarios financieros y Administraciones Públicas. Por cierto: ¿qué hay de las subvenciones a partidos y sicndicatos?, ¿qué hay de la "clase política"?
Estoy cansado del aguantoformo. La mayor parte de la gente que conozco es gente normal, es decir, cabal, honrada, trabajadora. Alguna vez hace gastos extraordinarios, sí. ¿Y?
Si no hay refinanciación, que se asuma una intervención de iure (de facto ya la tenemos), que nos quiten lo que nos tengan que quitar, que tomemos nota a la hora de ver a quién votamos, etc. Pero que no nos falten al respeto. Hay muchas cosas más importantes que la refinanciación de la deuda y la estabilidad financiera. La coherencia moral, por ejemplo.
¡Claro que hay que negociar bien las cuestiones de dineros! Pero eso no da derecho a reclamar para el Estado-concepto lo que no se ofrece a la ciudadanía. Además, a mí me preocupa que, mientras nuestros gobernantes están tan pendientes de los dineros, se estén colando por las rendijas del día a día las cosas que afectan a la configuración de la sociedad: escuela, familia, futuro. No sé, bobadas.
Por cierto: la que nos está cayendo viene de "la mala cabeza" de los que nos gobernaban, de todos los pelajes.
“Tiran por la borda los avances conseguidos durante años y esperan que las soluciones surjan milagrosamente”. No sé a quién se lo oí en el metro ayer. Me parece indicativo de lo que hay. También habrá que ver a qué llamaba “avances” esa persona; pero asumamos que nos referimos a la riqueza y al bienestar… económicos.
Tenemos ante nosotros una definición de patrones de motivación. Como sabemos, llamamos “patrón” a la compleja interacción de sentimientos y valores que determinan el comportamiento relativamente consistente y predecible de un individuo. Las personas difieren sustancialmente en relación a qué es lo que les motiva, cuáles son sus opiniones sobre los demás, el valor que dan a las cosas y a las emociones y cuáles son sus puntos débiles. Estas diferencias resultan de las variaciones existentes en los valores personales más profundos.
En ocasiones se producen conflictos interculturales dentro de la organización o con otras organizaciones. Cada parte interesada se identifica a sí misma con los valores implícitos que se derivan de su propia cultura o de la trayectoria de su empresa y de su trabajo. Igual ocurre dentro de lo que llamamos “sociedad”.
Si bienestar y riqueza sólo se valoran en términos económicos, entonces tenemos un problema de jerarquía de valores. Y creo que ahí está una de las claves de nuestra crisis: ¿puede una sociedad que no respeta la vida, que llama género a la manifestación cultural del sexo y que confunde instrucción con educación, resolver con solvencia un problema de dinero? No lo creo. Se tambalea lo fundamental. Somos una sociedad tsunami y, rara excepción, aunque estamos avisados, no queremos ocuparnos de la ola. Los animales, cuando huelen y presientes el tsunami, suban a las partes altas de la tierra; nosotros seguimos en la playa.
Krugman et alia están muy interesados en desligar moral y economía. En Bruselas siguen agarrados a la calculadora. Yo ya estoy buscando una colina en lo más profundo de mis principios, un lugar en el que sentirme orgulloso de mi trabajo y en el que se note que me respeto a mí mismo.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Me pasan por mail un enlace acerca del conflicto de Iberia. Me piden que lo vea y lo difunda. Lo veo y lo estoy difundiendo. También quiero expresar mi opinión.
Es muy discutible lo que he visto y escuchado. Me duele este tema porque tengo amigos implicados que lo están pasando mal. Pero intento que los afectos no me cieguen en la reflexión.
Este asunto tiene muchas aristas:
Una empresa, IBERIA, que cuando era pública no cumplía con la mínima estética exigible y tenía sueldos y comportamientos de empresa privada, privilegios difíciles de explicar e inmorales de justificar; una empresa que no quebró porque la sujetaba el Estado a pérdidas; una empresa que utilizó a AVIACO para hundir a los primeros competidores (Líneas Aéreas de Navarra, por ejemplo) cuando se comenzó a liberalizar el mercado (poniendo nuevas líneas deficitarias y aceptando el principio “estrategia Serbia: primero ocupar, luego negociar”). Y los empleados no se manifestaron al respecto.
Una empresa cuyos directivos estaban sometidos al poder político y al capricho de los pilotos (lamento decirlo, pero fue así durante años).
Una empresa que, una vez privatizada, se ha convertido en terreno de juego de intereses políticos y económicos:
- Se ha abierto una guerra comercial en los mercados: ni más ni menos cruel que en otros sectores de actividad (minería, banca, automoción, turismo).
- Se demuestran todos los tics del nuevo feudalismo en que se han instalado los mercados desde hace más de veinte años: los empresarios son los reyes (en algunos casos, emperadores: ver el caso de Exxon), los grandes directivos son los señores, los mandos intermedios son los vasallos, el resto siervos y los clientes “daños colaterales”.
- En este caso, los vasallos son más poderosos y han plantado cara, aunque saben que no pueden ganar esta guerra, pues el Acuerdo de Fusión de BA e IBERIA para constituir IAG no dice nada de lo que ellos reclaman; ellos jugaron sus cartas en la negociación de los convenios colectivos y se están enredando en un problema de jerarquía normativa y de incapacidad económica: la crueldad del mercado. Si quieren cambiar el statu quo, que compren acciones, se hagan con la empresa y establezcan sus reglas del juego. De momento, son vasallos que quieren retar a sus señores y no cuentan con el apoyo de rey alguno.
- No vale reclamar ahora el españolismo y decir que el capitalismo salvaje es inmoral. No existe la ética capitalista. Tampoco había valores encima de la mesa en los últimos años, cuando ellos (los pilotos, los tripulantes de cabina, el personal de tierra, los empleados de handling –sí, esos que nos pierdan y maltratan las maletas), los que ahora “reclaman con grito y dolor”, exigían lo que consideraban les correspondía sin ponerse en el lugar de los clientes.
- La realidad es muy dura: acostumbrados a ganar por la fuerza, ahora se encuentran con que les gana uno más fuerte… y quieren ganar por la razón. Han planteado mal la cosa y se han equivocado de terreno de juego. Y además quieren que les apoyemos los que hemos sufrido con paciencia y resignación sus comportamientos durante años en los aeropuertos.
- Es una pena. La empresa juega sucio y aprovecha sus oportunidades: liberalización de los mercados, desregulación, etc. Y ahora, además, lo de Bankia (que es accionista de IAG). Y sí, parece que hay elementos de venganza larvada durante años.
- Si vale el simil, me recuerda el pulso de los sindicatos con la Banca a lo largo de los años 80 del s XX: huelgas salvajes, silicona en las puertas, las letras de cambio y las máquinas de escribir volando por las ventanas en el cruce de los cuatro bancos en la Calle Alcalá de Madrid, etc. Pasaron los años y la patronal empezó a pasar factura, despacito, acumulando memoria de las cosas, independientemente de las razones y/o los derechos… y, a partir del año 95, los sindicatos empezaron a ceder y a ceder y a ceder, hasta negociarlo todo, año tras año, a cambio de dos sábados (más) libres al año. Al final, los empleados de banca, que tradicionalmente tenían grandes privilegios, trabajan por las tardes, asumen responsabilidades comerciales, sufren procesos de prejubilación lacerantes: han perdido.
Siempre he dicho que tratar a un muerto de hambre como tal es una falta de caridad; pero tratar como muerto de hambre al que no lo es, resulta un error de cálculo. ¡Qué mala es la soberbia! Que cada una de las partes implicadas se analice y se sitúe. Esto ya es Waterloo. Y lo lamento. Pero eso no lo hace menos Waterloo.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Hace años, celebrando el cumpleaños de mi hija pequeña, mi mujer me mandó a la calle a recoger no sé qué. En ese lapso continuaban llegando niñas, con papás y mamás (cuando son pequeños no tienen padre ni madre). A la vuelta, según entraba en mi urbanización, me paró el conserje y me espetó: "Don Jaime, ¡menudas amistades se gasta usted!". Yo le sonreí sin saber a qué ni a quién se refería, apresurado por cumplir con los encargos y deseoso de que el cumpleaños terminase lo antes posible.
Al llegar al local en que se celebraba el "cumple" me encontré con varias mamás muertas de risa y comentando una escena más o menos así: "hola, soy Rodrigo, traigo a mi hija... hola soy Sara, encantada... disculpa el retraso, es que me he perdido... no te procupes...¿a qué hora la recojo?... no tengas prisa, déjala jugar... adiós... adiós, adiós". Comentario de las mamás a mi mujer: "¿no sabes quién era?" Respuesta de mi mujer: "Rodrigo, el padre de (mirada perimetral buscando a la niña)...". Insiten las mamás: "¡Rodrigo Rato, Sarita!". Nueva respuesta: "Ah". Y a seguir con lo suyo. Inmediatamente se acercaron a mí a preguntarme si de verdad mi mujer no sabía quién era Rato, a lo que yo les contesté que sí lo sabía, que era el papá de una compañera de clase de la cría. Miradas de alucinación. Punto.
Tres horitas largas más tarde, Rodrigo Rato volvió a recoger a su hija. Quiero recordar que era la última. La conversación de despedida fué banal; hablamos brevemente de generalidades acerca del colegio, de las niñas. Ni mi mujer no yo hicimos por demostrar que "sabíamos quien era". Él se relajó. Se le notaba en la cara y en el porte: tenía la guardia baja. Un padre normal que llegaba un poco tarde a recoger a su hija. Sonreía. Dejó la BB en el bolsillo. Se despidieron y se marcharon.
El conserje volvió a la carga. Me encogí de hombros (hay personas con las que es mejor dejar loas cosas en el aire y que interpreten lo que quieran). No, no soy amigo de Rodrigo Rato porque no he tenido la oportunidad. Me cayó bien. Hizo lo que hacemos los papás de niñas pequeñas. Un buen tipo, a la sazón capitoste del FMI en aquel momento.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
P.S. Le dieron un cadáver y le cortaron la electricidad cuando cogió las palas para reanimarle. No voy a defenderle, pero que cada quién se mire al ombligo, que en esta feria que nos han montado los mercados bancarios y financieros, la más decente, con perdón, puta y el más decente proxeneta. Las putas me dan lástima; los proxenetas merecen la cárcel.
Mírate bien, que el amor es impulso
y es imaginación en perspectiva,
la memoria se excita y es cautiva
de lo que quizá fue y no tiene pulso.
Una vez y otra vez es recidiva
y agitación del corazón convulso;
mejor es el presente: ayer insulso,
hoy es entraña abierta, carne viva.
Vivir siempre es mejor que recordar,
mejor es el después, el todavía
descubre que hay un campo para arar:
futuro quién te aguarda y te porfía
alientos y caricias para amar
mostrando humanidad y valentía.
Podía haberlo publicado en mi blog de literatura, pero me apetecía hacerlo aquí. El mundo de la empresa necesita ilusión, amor y futuro: menos mirar hacia atrás.
Estamos a un paso de que la integridad se convierta en una palabra vacía y a un esfuerzo de que se convierta en el eje de nuestro paquete de soluciones. Nosotros decidimos. Porque va siendo hora de afrontar el hecho de que una crisis de valores se soluciona afrontando los problemas con los valores… no con recetas económicas. O sea, que la cuarta revolución industrial ya está aquí.
La integridad incorpora valores como la honradez y el respeto a las normas sociales. Ser íntegro significa ser honrado y respetuoso. Y libre. La integridad exige compaginar el hecho de ser un profesional que trata de ganar dinero con el de ser honrado. También implica responder a las expectativas que los clientes, empleados, socios y la sociedad en general tienen respecto a la actuación de una empresa. En cualquier sector de actividad, eso quiere decir que un profesional debe estar preparado para perder a un cliente o rechazar a un proveedor si este actúa fuera de las normas de comportamiento aceptables o no rectifica esas actuaciones cuando son identificadas y denunciadas.
La expresión ”think straight, talk straight” puede ser un buen punto de partida. En términos de valores y principios, este lema puede descomponerse en dos factores: pensar y actuar con honradez y rigor (think straight) y hablar con claridad y sin tapujos (talk straight).
El rigor, como la base profunda de un trabajo profesional, bien hecho e independiente, sirve para lo siguiente: analizar los hechos relevantes, sin perderse en los detalles, pero sin olvidarlos; verificar y contrastar los hechos, aplicando un criterio propio y asumiendo la responsabilidad derivada de su impacto y consecuencias; no dejarse influir por lo superfluo y entender el contexto; dar importancia relativa a cada dato, una vez contrastado, para obtener conclusiones útiles y prácticas; y someter el propio juicio al escrutinio de otros mediante procedimientos de revisión, supervisión y contraste, antes de formular conclusiones definitivas.
Siendo tan necesario, el rigor no es, sin embargo, suficiente sin una comunicación eficaz de los hechos y las conclusiones, tanto interna como externamente: una comunicación efectiva requiere explicar con claridad hechos y apoyar las conclusiones y las argumentaciones; no esconder las realidades negativas; ser preciso en el lenguaje y en la redacción escrita; y pensar antes de hablar.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Seguro que muchos de vosotros conocéis este relato que apareció en marzo de 1965 en una revista francesa:
“Una joven esposa, poco atendida por un marido demasiado ocupado en sus negocios, se deja seducir y se va a pasar la noche a casa de su amante en una casa situada al otro lado del río. Para volver a casa al día siguiente al amanecer, antes de que llegase su marido, que estaba de viaje, tenía que cruzar un puentecillo, pero un loco le cierra el paso haciendo gestos amenazadores. Ella sale corriendo hacia un hombre que se dedica a pasar gente con su barca. Ella se monta, pero el barquero le pide el dinero del pasaje. La pobre no tiene nada y por más que pide y suplica, el barquero se niega a pasarla si no paga de antemano. Entonces ella se va a casa del amante y le pide dinero, pero él se niega sin darle explicaciones. Ella se acuerda de un amigo soltero que vive en la misma orilla y se va a su casa. Él la tenía por un amor platónico, pero ella nunca había cedido. Le cuenta todo y le pide dinero. Él se niega también, le ha decepcionado totalmente por su conducta tan ligera. Intenta de nuevo ir al barquero, pero en vano. Entonces, desesperada, se decide a cruzar el puente. El loco la mata”.
¿Cuál de estos seis personajes puede ser considerado como responsable de esta muerte?
P.D. He dejado la historia tal cual; por favor, no identifiquéis movidas de género y quedaos con el mensaje. ¿Qué nos dice en la situación actual del mercado?
Llego a la oficina y llevo media hora larga viendo gente enfurruñada, en el coche, en el bus, por la calle, en el ascensor. A empujones, a gritos por el móvil, colándose en las puertas. Lo mejor, cerrando la puerta el ascensor: “yo tengo razón y lo sabes”, “ya, pero tú no mandas”. Guay.
El lema del comportamiento agresivo es: “obliga a todos, impón el todo o nada”. Su conducta se inspira en un constante imponer los propios puntos de vista y no tener en cuenta las necesidades o apetencias de los demás. Sólo sabe exigir y sostener las opiniones, intereses o derechos propios.
A corto plazo se enfrentará ante una discrepancia y tratará de solventarla siempre a su favor. Por eso, a largo plazo, podrá llegar a faltar el respeto a los demás, lo que probablemente engendrará desavenencias y animosidad en sus relaciones con los demás, sin conseguir necesariamente sus objetivos.
¿Qué creencias subyacen ante este tipo de comportamiento? Las que llevan a decir cosas como:
- "Hay que defender lo propio". ¿A costa de qué?-
- "No quiero renunciar a ninguno de mis derechos". ¿Qué y cuáles son?, ¿con qué o con quién chocan?, ¿cuál es la jerarquía?
- "No le debo a nadie ningún favor". ¿Estás seguro de que todo lo que tienes en esta vida es porque te lo has ganado o porque lo mereces? Revísalo.
- "Digo las cosas como son, aunque se molesten". ¿Seguro? Con frecuencia no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros. De modo queeee, ¿qué dices?
La agresividad nos lleva al “misiles contra misiles”, a la destrucción mutua asegurada. Un poquito de por favor, please.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Caen. Las cosas están complicadas. Veo personas que bajan los brazos y se dejan ir. No puede ser. Como le oí hace años a un directivo con gran liderazgo en su empresa, “hay que ponerse al frente de la manifestación”, en esta caso, de la propia.
Piensa en ti mismo, en tu trabajo y en tu carrera. Contesta:
1. Sé quiénes son mis clientes en este momento y qué resultados deben recibir de mí.
2. Sé qué competencias (conocimientos, habilidades y compromisos) necesito para realizar mi trabajo actualmente. Podría enumerarlas si fuera necesario.
3. Sé qué trabajos me gusta realizar y qué competencias me gusta emplear.
4. Sé qué resultados produzco y cuáles de mis competencias son menos "vendibles" en el futuro.
5. Trato activamente de aprender cosas sobre los cambios en el trabajo y en las competencias necesarias dentro de mi organización, sector y carrera.
6. Poseo una idea precisa del nivel actual de mis competencias. Las personas que saben cómo trabajo están más o menos de acuerdo con mi opinión al respecto.
7. Trato activamente de conseguir el trabajo que deseo realizar ofreciéndome voluntario para cometidos especiales, asumiendo funciones en el equipo y aceptando papeles que llevan al límite mis capacidades.
8. Trato activa y deliberadamente de "venderme" a mí mismo para conseguir nuevos puestos y trabajos que me interesan mostrando las competencias y experiencia necesarias.
9. He escogido una orientación determinada para mi carrera. Empleo diversos medios para desarrollarme profesionalmente, como la formación en el trabajo, el estudio por mi cuenta, o la participación en cursos, tratando de aprovecharlos al máximo.
Compara los síes y sus porqués con los noes y sus porqués. Haz una lista corta (no más de tres cosas) y sigue avanzando. Y deja de mirar por el rabillo del ojo. Nadie va a hacer por ti ni contra ti nada.
Jaime Noguera
jnoguera@cenytconsultancy.com
Ya deberíamos habérnoslo llorado todo. Bien llorado. A partir de ahora, que nos cueste cobrar o no nos paguen es cosa nuestra. Como el las decepciones, la primera vez es culpa del que te decepciona, las siguientes… ¡por tonto, que estabas avisado!
En este momento, al vender, al cerrar un negocio, tenemos que compensar la falta de experiencia de los comerciales frente al tratamiento de las operaciones que hayan presentado síntomas de “posible morosidad” o de encontrase en situación de riesgo irregular.
Debemos combatir la situación actual por la que atraviesa el mercado y evitar operaciones que puedan entran en situación pre contenciosa y contenciosa.
¿Qué hacer?
Sensibilizar a los equipos comerciales acerca del impacto pernicioso que la morosidad tiene en la cuenta de resultados de la empresa. Recordarles que no podemos confundir facturar con ganar dinero. Recordarles que hay que analizar el riesgo en las ventas y asegurar las mismas.
Desarrollar las competencias técnicas y las habilidades necesarias para una gestión eficaz y eficiente de las situaciones irregulares que se puedan producir. Cobrar “también” es, hoy día, trabajo del vendedor, pues hay que mantener al cliente. La alternativa es ponerse bruto y abrir espacio a la competencia.
Lo demás es retórica.
Hoy he tenido un buen día de trabajo. Me he esforzado en sonreír, en ayudar a mis colegas y colaboradores. Ayer ya había decidido no enfurruñarme. He conseguido hacer muy bien mi trabajo, mejor que de costumbre, si cabe. Que no suene a soberbia: me importa mucho mi trabajo, me importan mucho mis clientes internos y externos, que son los que me pagan. Por eso pongo ganas y esfuerzo, por eso he aprendido a dejarme ayudar, por eso pienso primero en mis obligaciones, después en las oportunidades que puedo y debo aprovechar y, por último en mis deseos. Y cumplo con mis deseos.
Ser feliz tiene que ver con hacer felices a los demás. Y eso no se consigue con gritos ni con consignas ni con "cones" difíciles de explicar. La verdad, la bondad y la belleza.
Y esta huelga se ha construido sobre una mentira, hay piquetes y lo dejan todo muy feo.
Pero yo volveré a casa contento y satisfecho. Y confío en mis clientes. Ellos también confían en mí.
Domingo, 27 de mayo
Luis Llopis Herbas
Jaime Noguera
Juan Carlos Ureta
Kiko Rosique
Rolando Rodrich
ClickTrade
Grupo Cenyt
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames