Judeofobia grosera y judeofobia sutil
08.02.09 @ 13:02:20. Archivado en Los nombres de las sombras
La ideología imperante repele lo que considera racismo. Por esto, la judeofobia se disfraza de antisionismo, incluso de presunto antiimperialismo, de modo que salve los exigentes exámenes de los bienpensantes. Una vez superado el filtro y haberse apropiado de la etiqueta de progresista, izquierdista o pacifista, no hay impedimento para dar rienda suelta a la judeofobia latente. En algunos casos, del cual es caricatura más que paradigma el reciente amontonamiento de disparates firmado por Antonio Gala en El Mundo del pasado día 5 de febrero, ésta se muestra en su cara menos disimulada, aquélla que difícilmente puede pasar siquiera por simple antisionismo, pues se trata de una judeofobia inequívocamente racista, de estirpe nazi, propia del mismo Goebbels más que del antisemitismo medieval o romántico. Mejor no calificar ni valorar. Basta con definir. La simple lectura del artículo lo prueba. Por lo demás, ya ha sido publicada una carta de Natalia Ordenes, Presidente de Infomedio, dirigida a Pedro J. Ramírez, director de El Mundo.
Pero hay una judeofobia más sofisticada, intelectualizada y revestida del aire característico del intelectual hijo de la opulencia que calma su mala conciencia enarbolando la bandera de los oprimidos, en un racismo inverso (positivo, se dirá, en el sentido de la “discriminación positiva”), que otorga al ocasional y esporádico visitante de la tierra de los pobres, la autoridad del experto. Así, se generan no ya argumentos que justifiquen el odio al judío, sino mera apariencia de legitimidad derivada de la imagen del testigo presencial, como si tal cosa demostrara algo per se.
Es el caso de Vargas Llosa, al que, por su parte, responde Jorge Grunberg, en Safe Democracy, el 26 de enero de 2009. Sin contar con la abismal diferencia literaria entre él y Gala, lo cual hace, acaso, que sus textos sean más perniciosos.
En esa carta, el autor recuerda la serie de acontecimientos:
En 1988 la OLP reconoció a Israel. Hamas acusó a Arafat de traidor.
En 1992 la OLP firmó un acuerdo de paz con Israel. Hamas se opuso e inició una ola de atentados suicidas dirigidos contra civiles (restaurantes, escuelas y autobuses, también autobuses escolares).
En 2005 Israel se retiró de Gaza llevándose a todos sus ciudadanos y dejando decenas de millones de dólares en instalaciones productivas, en especial invernaderos.
En 2006 Hamás ganó las elecciones en Gaza y procedió a destruir todas esas instalaciones productivas y a lanzar misiles contra Israel diariamente.
En 2007 Hamás derrocó por la fuerza al presidente constitucional de la Autoridad Nacional Palestina y se convierte en el gobernante único e ilegítimo de Gaza implantando el germen de un régimen teocrático.
Esta cadena de hechos muestran suficientemente dónde está la causa y dónde el efecto. Cambiar el orden causal es mentir. Es incorrecto, en consecuencia, denominar ofensiva a la operación militar del Ejercito de Israel del pasado mes.
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José Sánchez Tortosa
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