Defensa, autodefensa: Israel II
31.12.08 @ 14:23:45. Archivado en Los nombres de las sombras
No busquen en la prensa española fotos de víctimas israelíes. Tampoco busquen fotos de víctimas palestinas provocadas por agentes palestinos (el viernes pasado dos niñas palestinas murieron por misiles de Hamas en Beit Lahia). No las encontrarán.
Para los medios españoles no parece haber víctimas ni niños en Israel. El monopolio de la infancia y del dolor ha sido adjudicado al enemigo del judío.
Sólo en algunos medios digitales y en los artículos de muy pocos columnistas se puede escapar de la unanimidad antisemita. Unanimidad que es ciertamente elástica pero que resulta más perniciosa para la comprensión del asunto cuando se reviste de equidistancia y aun de cierta predisposición favorable: “Tengo un prejuicio favorable al pueblo judío” (Josep Ramoneda, El honor de Israel, El País, 30/12/2008), prejuicio que, sin embargo, no le impide cuestionar la existencia misma del Estado de Israel, sin reparar en que si hay un solo Estado en el mundo cuya legitimidad no sea exclusivamente histórica, producto de correlaciones de fuerzas que dan como resultado material una estructura política determinada, sino una legitimidad humana, que preserve, en este caso, al judaísmo de otro intento de exterminio sistemático, es Israel. Precisamente el Estado cuya existencia siempre se ve obligado a justificar.
Los argumentos esgrimidos, en general, carecen de la proporcionalidad (o de la reciprocidad o de la mera y mínima coherencia) que se exige a Israel. En el editorial de El País del día 29 de diciembre de 2008, por ejemplo, se plantea que Israel se retire de los “territorios conquistados en aquella guerra que duró seis días” a cambio de ¡existir! (“todos los miembros de la Liga Árabe reconocerían sin limitaciones a Israel”), es decir, a cambio de nada que no tenga ya, aunque sometido a durísimas pruebas y al constante cuestionamiento por parte de la ”comunidad internacional”.
En El Mundo, por su parte, y además de ofrecer en portada la foto de los cadáveres de cinco niñas palestinas (30 de diciembre de 2008), hace también alusión a lo desproporcionado de la respuesta israelí. Si hubiera sido proporcionada, como recuerda Albiac en su artículo de hoy en La Razón, al ejército israelí no le hubiera importado realizar una ofensiva indiscriminada en la que el número de víctimas civiles hubiera sido muy superior. Como ya se indicó en la anterior entrada de este blog, el ejército de Israel es el más escrupuloso del mundo y el número de bajas civiles sería cero si el fanatismo armado no usara, en coherencia con su desprecio de la vida humana y del individuo inmanente, a las personas de su pueblo como coartada necesaria para ser más letales y contribuir al deterioro de la imagen del enemigo, seguros de que la suya, por muy homicida que sea su política per se, está a salvo, gracias a la candidez del alma europea políticamente correcta. Ejemplo de esta desproporción en el comentario se puede encontrar en la comparación establecida por David Torres, también en El Mundo del mismo día y frente al impecable artículo sobre el mismo tema del gran David Gistau (otra de las excepciones) en la página de al lado. Según este símil, Hamas es sólo “un niño tonto” al que el vecino (Israel) advierte “que deje de jugar con la pelotita, que le va a romper una maceta. Entonces, después de dos horas de pelotazos contra la ventana, en buena lógica, el vecino sale a la calle y le revienta la cabeza al niño tonto a puñetazos.” “El niño tonto” es un grupo armado, provisto de la fuerza homicida del fanatismo y desprovisto de los decadentes escrúpulos propios de una sociedad moderna y mínimamente democrática que limitan esa fuerza criminal. La “maceta” son seres humanos reales (israelíes y también palestinos), que viven pendientes de los misiles que no aparecen en la prensa española. ¡Qué comparación más proporcionada!
Declaraciones de una chica palestina

Sderot home hit by a rocket fired from Gaza
(Yehuda Peretz for The Israel Project)
Item más: En El País de hoy, se ve un claro ejemplo de cómo el reproche moral atañe sólo a Israel, mientras que en lo relativo a Hamas se prefiere hacer hincapié en sus limitaciones balísticas con ese “sólo” que cualquier ética periodística sabe tramposo: “Hamás dispone de cohetes capaces de llegar a sólo 20 kilómetros de Tel Aviv.” ¿En qué quedamos? ¿Es una cuestión de alcance y poder armamentístico o es una cuestión humanitaria , moral? Ante el error de que es un problema que no nos atañe, resulta cómodo relegar al ámbito de la moral lo que para otros es mera supervivencia. ¿Cuántos casos se omiten debido a que no son medidos con el mismo rasero?

Fuente: The Israel Project
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José Sánchez Tortosa
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