algunas paradojas
01.09.06 @ 12:22:59. Archivado en Los nombres de las sombras
Algunas paradojas:
La democracia nace de una sociedad esclavista. Afirmar que la democracia ateniense es una falsa democracia es una distorsión (además de un juicio de valor, en el fondo). Más correcto sería decir que la democracia (y la filosofía, que van indisolublemente unidas en su nacimiento, y no por casualidad) sólo puede nacer en una sociedad en la que hay ciudadanos libres, esto es, liberados de la necesidad del trabajo manual para poder ejercitar el pensamiento. Del mismo modo, la democracia es, en Atenas, un invento de aristócratas o, si se prefiere, de ricos, en modo alguno de los esclavos o, si se prefiere, de los pobres.
En el s. XX, podríamos continuar, el socialismo es un invento de la alta burguesía o, si se prefiere, de ricos, y en modo alguno del proletariado o, si se prefiere, de los pobres.
Del mismo modo, la libertad para todos e un invento de los hombres libres, y no de los esclavos, que lo son, si lo son realmente, por una esclavitud de la ignorancia, que es la auténtica esclavitud, porque les impide salir de ella.
En paralelo, sólo puede haber discusión racional si hay un mínimo que no puede someterse a discusión, es decir, si no vale todo, si rige el principio de no contradicción, si está vigente una base universal, que no es puesta en duda, justamente porque es el instrumento que permite ponerlo todo en duda sometiéndolo a su criterio, el mismo para todos, que no discrimina, que cualquiera puede hacer suyo. Sólo puede haber diferentes juicios si la verdad es algo universal, que no depende de la simple opinión de cada uno. Por eso, el espíritu verdaderamente democrático respeta a todos los individuos pero no respeta todas las opiniones. Las hay antidemocráticas y aún homicidas que, precisamente, han de ser combatidas por medio de la racionalidad democrática.
De forma similar, sólo puede haber libertad bajo el imperio de la ley (como estructura jurídica que garantice la igualdad, la ausencia de privilegios) y no bajo el poder de un sujeto individual o de un partido político o en ausencia total de ley, lo cual se reduce a la ley del más fuerte simplemente, esto es, barbarie.
Paralelamente, sólo puede haber diferencias en una sociedad que garantiza la igualdad ante la ley. En sociedades jerarquizadas es en donde las diferencias individuales se subsumen en el puesto de la pirámide que se ocupe, y por eso los masai, por ejemplo, visten todos igual y se comportan todos igual (según el grupo jerárquico al que pertenezcan, ya sea de edad, de sexo o de posición social), y por eso las mujeres de Irán visten todas igual.


Por cierto, que esa igualdad ante la ley, que es libertad individual, sólo puede garantizarse en base a derechos individuales, nunca derechos colectivos, por las razones evidentes que los ejemplos propuestos muestran con claridad. La igualdad ante la ley supone que nadie puede ser excluido de un puesto de trabajo más que por su incompetencia, que es un rasgo individual, y no por cualquier otro criterio de naturaleza grupal. Pero del mismo modo, nadie puede ser favorecido para un puesto de trabajo más que por su competencia personal, y no por ser hombre o mujer, heterosexual, homosexual o asexual, negro, blanco o amarillo, madrileño, catalán o andaluz, etc.
Igualmente, criticar el sistema capitalista resulta altamente rentable en términos económicos: véase el conglomerado financiero de los grupos mediáticos a los que pertenece la prensa progresista o izquierdista, que con mucha frecuencia adopta un discurso demagógicamente anticapitalista. No es de extrañar, sin embargo, ya que esto sólo indica que el sistema capitalista está dotado de un grado de desarrollo y sofisticación tal que contiene como elemento propio el discurso crítico y aún disidente. Además, hay que recordar que la mercancía clave en el capitalismo desarrollado es la información, precisamente.
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José Sánchez Tortosa
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