La imagen mentirosa
03.08.06 @ 15:18:36. Archivado en Los nombres de las sombras
El periodismo vive hoy día, fundamentalmente, de la imagen. La siniestra paradoja que le aqueja es que, como enseña el maestro Platón, toda imagen miente. Por si esto fuera poco, para apoyar la falacia visual se insertan juicios de valor de la forma menos escrupulosa. Y si la imagen miente, el adjetivo distorsiona. No hay más que ver, por ejemplo, el trato que en los telediarios -tal vez el de Telecinco sea el más desvergonzado (esa cadena que llena su parrilla de programas de la máxima calidad intelectual, moral y cultural...)- se le dispensa al conflicto entre Israel y El Líbano.

Pero es la historia de siempre, el viejo antisemitismo que dice criticar al gobierno de Israel pero esconde deliberadamente (o desconoce deliberadamente) las razones del conflicto, usurpando toda posibilidad de un análisis realmente crítico. En su lugar, bombardea la sensibilidad pasiva del telespectador con imágenes impactantes aderezadas con adjetivos y gestos solemnes e indignados del presentador. Por supuesto, nada de recordar el derecho a la autodefensa ante ataques terroristas a objetivos civiles (aquí sí) sin mediar provocación alguna, cosa que reconocen hasta los pacifistas israelíes y personajes muy críticos con las operaciones militares de su gobierno, como Amos Oz o Shlomo Ben-Ami. Ni que Hezbolá está armado y sustentado por Irán y Siria y que emplea población civil libanesa como escudos humanos sin que Israel lo sepa para que esas víctimas enciendan la indignación mundial contra el país sionista. Como afirma Joseph Roth: "La voz de la verdad es discreta, la de la mentira ruidosa." El torpedeo estruendoso de los medios de comunicación impone una opinión, un juicio generalizado que no tiene tiempo más que de indignarse ante la maldad de los judíos sin pararse a pensar en la situación del país israelí (rodeado de tiranías teocráticas y grupos terroristas ansiosos por destruirlo), sin necesidad de buscar argumentos que justifiquen su odio, y sin reparar en que todo lo que les escandaliza de Israel pasa desapercibido o, incluso, juzgan justificado en otros casos. Aún, con los americanos, se suele acudir al tan manido argumento economicista del petróleo, pero con Israel basta el de la perversidad intrínseca y milenaria de los judíos (ejemplos sobran: desde Pepiño Blanco o Jorge Berlanga hasta Mel Gibson...). Es curioso ver a tanto agnóstico creer en El Demonio... Cuánto idealismo, cuánta religiosidad (y cuánta moralina puritana) se oculta tras tanta retórica que se autoproclama laica y/o progresista...
Sencillamente, no se puede admitir como crítica la valoración intestinal en lugar del analisis racional e histórico, la indignación autocomplaciente -que funciona como analgésico del tan cristiano sentimiento de culpa- en lugar de la denuncia apoyada en pruebas y argumentos, el doble rasero en lugar de la equidad más elemental. No. No se trata de crítica. No se trata de denuncia. Es judeofobia.
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José Sánchez Tortosa
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