Católicos por el avivamiento

Pastores dueños, pastores asalariados y pastores institucionalizados

La institución eclesiástica ha inventado un nuevo tipo de pastores, los “pastores institucionalizados”, que no sé muy bien cómo darles cabida en el Evangelio del Señor, el Buen Pastor. Así de creativa es la institución eclesiástica, no sé si para bien o para mal...

El Señor es el Buen Pastor, dueño de su rebaño y preocupado por sus ovejas, por eso da su vida por ellas. “Yo soy el Buen Pastor, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen...”. El buen pastor es dueño de sus ovejas y las ama.

También hay, por contra, otros “dueños” del rebaño, no necesariamente pastores. Éstos “malos dueños” contratan a pastores asalariados para que cuiden de su rebaño por dinero. Y las ovejas salen claramente perdiendo, porque al pastor asalariado al fin, como dice el Señor, “no le importan las ovejas...”. Es simplemente contratado por el “mal dueño” para hacerse cargo de las ovejas por un salario, y por tanto, su cuidado nunca será tan bueno como el cuidado del buen pastor dueño del rebaño y libre (si no no sería dueño), que además ama a sus ovejas...

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“La Iglesia se ha convertido en un vestigio del pasado, destinado a la marginación...”


Es de agradecer la sinceridad de los obispos canadienses en cuanto a su visión de la situación en la que nos encontramos y el destino al que estamos abocados... si Dios no lo remedia. Lástima que errores de concepto y demasiado acomodo institucionalista nos aleje de la verdadera diana de la resolución del "problema de la Iglesia", y nos mueva a buscar salidas demasiado fáciles...

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¿Se puede hacer pastoral vocacional sin sentimiento de culpa?


Con la que está cayendo para el ministerio sacerdotal, por virtud de la institución eclesiástica que lo usa meramente para su autosostenimiento autorreferencial, y habida cuenta de la situación en que viven los sacerdotes, y en especial los pequeños sacerdotes, reducidos a meros peones ritualistas, tapando huecos y sujetando muros, muros que inevitablemente se caerán, habida cuenta de todo esto y conociendo lo que se va producir inevitablemente en sus vidas una vez ordenados, yo me pregunto: ¿Se puede hacer de verdad pastoral vocacional sin sentimiento de culpa?

La llamada del Señor existe y es real. El Señor sigue llamando. Otra cosa es que esa llamada al sacerdocio se vea truncada, sofocada y extinguida por virtud de la institución eclesiástica. ¿Cómo se puede hacer pastoral vocacional dentro de estas estrechas coordenadas?

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¿Iglesia post-sacerdotal?


Que el sacerdocio está en crisis, y desde ya hace tiempo, no es ningún secreto. Y que la situación de los sacerdotes, y en especial de los pequeños sacerdotes, se está agravando en estos tiempos a pasos agigantados, tampoco es ningún secreto. El número de los sacerdotes que “tienen que dejar“ el ministerio no deja de aumentar. El que tenga ojos que vea.

Corolario inevitable. En plena fiesta de neolaicismo “cerca de la gente” que padecemos, alguien tiene que pagar la factura y lavar los platos. Y como siempre, les toca a los más débiles, en este caso a los sacerdotes, y en especial a los pequeños sacerdotes, indefensos e impotentes.

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El sacerdocio de Cristo, amenazado


Hablo, por supuesto, del genuino sacerdocio de Cristo, no del actual sacerdocio ritualista-levitico en que ha devenido el ministerio sacerdotal a lo largo de los siglos, por méritos de la institución eclesiástica, que ha instrumentalizado el sacerdocio para su servicio autorreferencial...

Como la institución eclesiástica en tiempos de Jesús, toda institución crea mecanismos e instrumentos para su propia supervivencia y promoción. Y uno muy importante, aunque no el único, es la reducción del sacerdocio de Cristo a un mero sacerdocio levítico-ritualista, que por supuesto, no está destinado a evangelizar ni a administrar el Misterio Pascual de Cristo en la Liturgia, como tan bellamente nos dice el Catecismo, sino a sostener la institución, según lo consagrado por la ideología institucionalista, pensamiento único de toda la Iglesia...

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¿Desinstitucionalizarse o morir?


“Leones, muertos; perritos, vivitos y coleando...”. Así rezaba el título de una predicación de un conocido "senior global pastor" de una megaiglesia evangélica, después de uno de sus viajes alrededor de Europa. En ellos se admiraba de las impresionantes catedrales europeas, hoy llenas de turistas y vacías de creyentes. Por eso las llama “leones muertos”. En cambio, las iglesias evangélicas, según él muy vivas y en crecimiento (en unos sitios más que en otros, todo hay que decirlo), este pastor las comparada con “perritos” que, aunque pequeños, manifestaban un vigor vital envidiable, si lo comparamos con los “leones muertos” de la vieja Europa, relictos gloriosos de un definitivo pasado.

En este mismo sentido de "perritos vivos y leones muertos", se comenta mucho, a raíz de la reciente visita del Papa a algunos países iberoamericanos, que la presencia católica ("leones") por aquellos lugares, históricamente católicos, está cayendo, mientras los evangélicos ("perritos vivitos y coleando") están subiendo...

Y las razones principales son claras: Los creyentes buscan un encuentro profundo con el Señor, y quieren además disfrutar de celebraciones que sean significativas para ellos. La institución eclesiástica es la responsable última y primera de esta estampida de creyentes de la Iglesia católica que se hacen evangélicos...

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Sobre el estrecho pensamiento institucionalista


Hay que ver lo estrecho que es el pensamiento institucionalista, y lo caro que nos está saliendo. Tan es así que la ideología institucionalista, que se ha consolidado como el pensamiento único dentro de toda la Iglesia, puede acabar aplastando a la Iglesia entera (como por cierto se está viendo desde hace mucho: Menos gente participando en las celebraciones, unos 100,000 sacerdotes que han tenido que dejar el ministerio desde los años 70 hasta el día de hoy, unos 6,000 religiosos que "cuelgan los hábitos" cada año, casi ninguna vocación a la vida consagrada, no niños, no jóvenes, no adultos de mediana edad en nuestras celebraciones, sólo algunos ancianos y por razones obvias). Y seguimos “erre que erre” con el mismo esquema, sin reconocer nuestros errores ni tomar conciencia de los signos de los tiempos, que más que signos sutiles son atronadoras evidencias.

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"¿Un sindicato para curas?"


Parece que se está consolidando, según informa RD, la idea de que los sacerdotes (anglicanos) se asocien “para apoyarse mutuamente”, fuera de la “ayuda” que pudiera ofrecerles la institución eclesiástica. Casi 1500 sacerdotes anglicanos se dieron de alta el año pasado en alguna asociación de este tipo en el Reino Unido...

Parece que poco a poco va calando la idea entre los propios sacerdotes de que la situación del sacerdocio es "manifiestamente mejorable" (por decirlo finamente), y de que sus condiciones de "trabajo" (mejor sería decir, sus "no condiciones" de trabajo, porque no hay ninguna condición que proteja la dignidad del sacerdote en el ejercicio de su ministerio) hacen que los sacerdotes “se estresen“...

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A vueltas con el ministerio sacerdotal...


Como se siguen haciendo declaraciones acerca del ministerio sacerdotal, pero a mi juicio fuera de cualquier vía de solución viable del problema de la crisis del ministerio, me veo obligado a incidir en el punto que yo considero capital, y que no se puede seguir eludiendo, si no queremos pagar definitivamente las consecuencias de este proceso decadente.

Cabe decir que todas las amonestaciones moralistas y espiritualistas a los sacerdotes para “animarles” en su ministerio están muy bien, pero estarían mejor si los sacerdotes pudieran desarrollar su ministerio en otro marco institucional. En el mismo esquema institucional parroquial-ritualista, obtendremos lo mismo, esto es, la frustración de los sacerdotes, con todas sus consecuencias: Escasas vocaciones al sacerdocio y abandono de los sacerdotes (unos 100,000 sacerdotes han abandonado el ministerio desde los años 70 hasta el día de hoy).

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Llega la Nueva Cristiandad. Revisión y discernimiento


Se va a imponer inevitablemente. De hecho ya se está produciendo. Es la hora de la Nueva Cristiandad, es la hora de los nuevos laicos creyentes (no hablo de los laicos ya clericalizados, que esos ya han pasado a formar más parte del problema que de la solución). Es la hora de los laicos de verdad, los laicos que quieren vivir nuestra hermosísima fe sin yugos, ni ataduras, ni tutelas, ni masoquismos, y vivir la fe en su vida diaria, no en las sacristías, ni dentro de los templos (intentando competir con los sacerdotes en potestades litúrgicas o pastorales); una fe positiva, activa, redimida, una fe posible y vivible en medio de los afanes de este mundo. El "contemptus mundi" (entendido distorsionadamente, anacrónicamente, no como la entendieron nuestros más excelsos místicos), desprecio del mundo que nos impide poder vivir la fe plenamente en nuestra vida y como personas 100% "normales" (no viviéndola acomplejadamente o atenazados en la neurosis religiosa, que nos hace "anormales" ante los ojos de los hombres y, lo que es peor aún, bloquea nuestra mente en su capacidad de pensar natural y limpiamente) se ha terminado.

Y la mayoría de esos laicos de verdad, son académicamente muy formados, muchos de ellos se dedican a las Ciencias, a la Psicología, a la Economía... Y no se les podrá dar gato por liebre. Viven además en la Sociedad de la Información y de la comunicación electrónica. Ese es su medio. Para ellos, Internet no es pecado, sino una necesidad. Y además, un campo increíble para evangelizar...

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Peticiones al Niño Dios

Abusando de la magnanimidad de nuestro Señor, que nace para salvarnos de nuestros pecados, y también para atender nuestras súplicas y peticiones, y para reforzar además la idea de que la Utopía no es patrimonio de la izquierda, tanto política como religiosa, sino de todos, y todos tenemos derecho a ejercitarla alguna vez (¡qué mejor momento que ahora, delante del Niño Dios!), preocupado por la crisis del santísimo ministerio sacerdotal, degradado por las prácticas institucionalistas que lo oprimen hasta ahogarlo (parece que irreversiblemente, si Dios no lo remedia...), y preocupado por la crisis de fe que asola el mundo, sobre todo a los países desarrollados, y en profundo espíritu de adoración, junto con los ángeles y los pastores, yo me atrevo a pedir al Señor lo siguiente:

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Teilhard de Chardin


Parece posible que el papa Francisco pueda rehabilitar intelectualmente a Teilhard de Chardin, como dice la información de RD, “injustamente castigado por haberse adelantado a su tiempo“, después de que el Pontificio Consejo de la Cultura votara para pedir al Pontífice que se levante la sanción a Teilhard de Chardin, paleontólogo y filósofo jesuita, impuesta por el santo oficio en 1962.

Nada más y nada menos que en 1962 (históricamente hablando hace cuatro días) se impuso la sanción del santo oficio al intelectual y jesuita Teilhard de Chardin. Esto es, desde hace más de 700 años, se ha estado persiguiendo a todo aquel que se ha atrevido a pensar por sí mismo más allá de los estrechísimos márgenes intelectuales eclesiásticos, que quedaron detenidos en los felicísimos tiempos medievales de la escolástica. Pero la realidad es muy otra. Ni el sol, ni la historia, ni la cultura, ni el pensamiento de la humanidad se han detenido desde entonces ni se detendrán jamás, hasta el final de los tiempos, si Dios no lo remedia. Los tiempos medievales han pasado. El conocimiento humano es esencialmente creciente cualitativa y cuantitativamente, superando radicalmente cada etapa a la etapa anterior. No lo podemos evitar. No nos podemos estancar. O seguimos pensando, indagando, creando, inventando, esto es, participando del poder creador del Señor, o directamente nos convertimos en pieza de museo o en estatuas de sal.

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Domingo, 24 de junio

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