Católicos por el avivamiento

Pastores dueños, pastores asalariados y pastores institucionalizados

La institución eclesiástica ha inventado un nuevo tipo de pastores, los “pastores institucionalizados”, que no sé muy bien cómo darles cabida en el Evangelio del Señor, el Buen Pastor. Así de creativa es la institución eclesiástica, no sé si para bien o para mal...

El Señor es el Buen Pastor, dueño de su rebaño y preocupado por sus ovejas, por eso da su vida por ellas. “Yo soy el Buen Pastor, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen...”. El buen pastor es dueño de sus ovejas y las ama.

También hay, por contra, otros “dueños” del rebaño, no necesariamente pastores. Éstos “malos dueños” contratan a pastores asalariados para que cuiden de su rebaño por dinero. Y las ovejas salen claramente perdiendo, porque al pastor asalariado al fin, como dice el Señor, “no le importan las ovejas...”. Es simplemente contratado por el “mal dueño” para hacerse cargo de las ovejas por un salario, y por tanto, su cuidado nunca será tan bueno como el cuidado del buen pastor dueño del rebaño y libre (si no no sería dueño), que además ama a sus ovejas...

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“La Iglesia se ha convertido en un vestigio del pasado, destinado a la marginación...”


Es de agradecer la sinceridad de los obispos canadienses en cuanto a su visión de la situación en la que nos encontramos y el destino al que estamos abocados... si Dios no lo remedia. Lástima que errores de concepto y demasiado acomodo institucionalista nos aleje de la verdadera diana de la resolución del "problema de la Iglesia", y nos mueva a buscar salidas demasiado fáciles...

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El sacerdocio de Cristo, amenazado


Hablo, por supuesto, del genuino sacerdocio de Cristo, no del actual sacerdocio ritualista-levitico en que ha devenido el ministerio sacerdotal a lo largo de los siglos, por méritos de la institución eclesiástica, que ha instrumentalizado el sacerdocio para su servicio autorreferencial...

Como la institución eclesiástica en tiempos de Jesús, toda institución crea mecanismos e instrumentos para su propia supervivencia y promoción. Y uno muy importante, aunque no el único, es la reducción del sacerdocio de Cristo a un mero sacerdocio levítico-ritualista, que por supuesto, no está destinado a evangelizar ni a administrar el Misterio Pascual de Cristo en la Liturgia, como tan bellamente nos dice el Catecismo, sino a sostener la institución, según lo consagrado por la ideología institucionalista, pensamiento único de toda la Iglesia...

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¿Desinstitucionalizarse o morir?


“Leones, muertos; perritos, vivitos y coleando...”. Así rezaba el título de una predicación de un conocido "senior global pastor" de una megaiglesia evangélica, después de uno de sus viajes alrededor de Europa. En ellos se admiraba de las impresionantes catedrales europeas, hoy llenas de turistas y vacías de creyentes. Por eso las llama “leones muertos”. En cambio, las iglesias evangélicas, según él muy vivas y en crecimiento (en unos sitios más que en otros, todo hay que decirlo), este pastor las comparada con “perritos” que, aunque pequeños, manifestaban un vigor vital envidiable, si lo comparamos con los “leones muertos” de la vieja Europa, relictos gloriosos de un definitivo pasado.

En este mismo sentido de "perritos vivos y leones muertos", se comenta mucho, a raíz de la reciente visita del Papa a algunos países iberoamericanos, que la presencia católica ("leones") por aquellos lugares, históricamente católicos, está cayendo, mientras los evangélicos ("perritos vivitos y coleando") están subiendo...

Y las razones principales son claras: Los creyentes buscan un encuentro profundo con el Señor, y quieren además disfrutar de celebraciones que sean significativas para ellos. La institución eclesiástica es la responsable última y primera de esta estampida de creyentes de la Iglesia católica que se hacen evangélicos...

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Sobre el estrecho pensamiento institucionalista


Hay que ver lo estrecho que es el pensamiento institucionalista, y lo caro que nos está saliendo. Tan es así que la ideología institucionalista, que se ha consolidado como el pensamiento único dentro de toda la Iglesia, puede acabar aplastando a la Iglesia entera (como por cierto se está viendo desde hace mucho: Menos gente participando en las celebraciones, unos 100,000 sacerdotes que han tenido que dejar el ministerio desde los años 70 hasta el día de hoy, unos 6,000 religiosos que "cuelgan los hábitos" cada año, casi ninguna vocación a la vida consagrada, no niños, no jóvenes, no adultos de mediana edad en nuestras celebraciones, sólo algunos ancianos y por razones obvias). Y seguimos “erre que erre” con el mismo esquema, sin reconocer nuestros errores ni tomar conciencia de los signos de los tiempos, que más que signos sutiles son atronadoras evidencias.

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"¿Un sindicato para curas?"


Parece que se está consolidando, según informa RD, la idea de que los sacerdotes (anglicanos) se asocien “para apoyarse mutuamente”, fuera de la “ayuda” que pudiera ofrecerles la institución eclesiástica. Casi 1500 sacerdotes anglicanos se dieron de alta el año pasado en alguna asociación de este tipo en el Reino Unido...

Parece que poco a poco va calando la idea entre los propios sacerdotes de que la situación del sacerdocio es "manifiestamente mejorable" (por decirlo finamente), y de que sus condiciones de "trabajo" (mejor sería decir, sus "no condiciones" de trabajo, porque no hay ninguna condición que proteja la dignidad del sacerdote en el ejercicio de su ministerio) hacen que los sacerdotes “se estresen“...

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A vueltas con el ministerio sacerdotal...


Como se siguen haciendo declaraciones acerca del ministerio sacerdotal, pero a mi juicio fuera de cualquier vía de solución viable del problema de la crisis del ministerio, me veo obligado a incidir en el punto que yo considero capital, y que no se puede seguir eludiendo, si no queremos pagar definitivamente las consecuencias de este proceso decadente.

Cabe decir que todas las amonestaciones moralistas y espiritualistas a los sacerdotes para “animarles” en su ministerio están muy bien, pero estarían mejor si los sacerdotes pudieran desarrollar su ministerio en otro marco institucional. En el mismo esquema institucional parroquial-ritualista, obtendremos lo mismo, esto es, la frustración de los sacerdotes, con todas sus consecuencias: Escasas vocaciones al sacerdocio y abandono de los sacerdotes (unos 100,000 sacerdotes han abandonado el ministerio desde los años 70 hasta el día de hoy).

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Llega la Nueva Cristiandad. Revisión y discernimiento


Se va a imponer inevitablemente. De hecho ya se está produciendo. Es la hora de la Nueva Cristiandad, es la hora de los nuevos laicos creyentes (no hablo de los laicos ya clericalizados, que esos ya han pasado a formar más parte del problema que de la solución). Es la hora de los laicos de verdad, los laicos que quieren vivir nuestra hermosísima fe sin yugos, ni ataduras, ni tutelas, ni masoquismos, y vivir la fe en su vida diaria, no en las sacristías, ni dentro de los templos (intentando competir con los sacerdotes en potestades litúrgicas o pastorales); una fe positiva, activa, redimida, una fe posible y vivible en medio de los afanes de este mundo. El "contemptus mundi" (entendido distorsionadamente, anacrónicamente, no como la entendieron nuestros más excelsos místicos), desprecio del mundo que nos impide poder vivir la fe plenamente en nuestra vida y como personas 100% "normales" (no viviéndola acomplejadamente o atenazados en la neurosis religiosa, que nos hace "anormales" ante los ojos de los hombres y, lo que es peor aún, bloquea nuestra mente en su capacidad de pensar natural y limpiamente) se ha terminado.

Y la mayoría de esos laicos de verdad, son académicamente muy formados, muchos de ellos se dedican a las Ciencias, a la Psicología, a la Economía... Y no se les podrá dar gato por liebre. Viven además en la Sociedad de la Información y de la comunicación electrónica. Ese es su medio. Para ellos, Internet no es pecado, sino una necesidad. Y además, un campo increíble para evangelizar...

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Peticiones al Niño Dios

Abusando de la magnanimidad de nuestro Señor, que nace para salvarnos de nuestros pecados, y también para atender nuestras súplicas y peticiones, y para reforzar además la idea de que la Utopía no es patrimonio de la izquierda, tanto política como religiosa, sino de todos, y todos tenemos derecho a ejercitarla alguna vez (¡qué mejor momento que ahora, delante del Niño Dios!), preocupado por la crisis del santísimo ministerio sacerdotal, degradado por las prácticas institucionalistas que lo oprimen hasta ahogarlo (parece que irreversiblemente, si Dios no lo remedia...), y preocupado por la crisis de fe que asola el mundo, sobre todo a los países desarrollados, y en profundo espíritu de adoración, junto con los ángeles y los pastores, yo me atrevo a pedir al Señor lo siguiente:

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Eclipse total


El otro día quise hacer un estudio doméstico de campo, y decidí comparar dos canales de televisión que emiten su programación religiosa/cristiana al mismo tiempo, uno de carácter evangélico y el otro ortodoxo católico. Quise hacer un análisis comparativo sencillo, y decidí contar el número de veces que se pronuncia por hora la palabra “Jesús “ en cada uno de los canales.

Los resultados fueron muy reveladores. El canal evangélico pronuncia la palabra "Jesús" (y sus relativas: Cristo, Salvador, Redentor, Rey de reyes, Señor de señores, Mesías, Emmanuel, etc.) unas 200 veces por hora (de forma directa o muy directa). El canal ortodoxo católico pronuncia la palabra "Jesús" (y sus relativas) una o ninguna, y la vez que lo hace, lo hace de forma indirecta y circunstancial, como una referencia teórica lejana, coyunturalmente necesaria para confirmar el resto del mensaje, que es con mucho lo más importante...

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Conversión institucional y nueva definición de Iglesia


Tenemos que reconocerlo. Vivimos en una nueva época, en una nueva cultura, en una nueva civilización, postcristiana y postmoderna. Estamos en el final de una era (¿metafísica?). No podemos seguir anclados dogmática, mental y espiritualmente en el pasado.

Institucionalmente hablando, podemos decir que, con el devenir de los siglos, se fue cristalizando un modelo de Iglesia ---Iglesia-institución eclesiástica---, que, a la postre, es el que tenemos hoy, pero que ya se muestra definitivamente agotado. Aunque, todo hay que decirlo, este esquema reduccionista sigue arraigado en el imaginario colectivo de creyentes y no creyentes. Cuando hablamos de "Iglesia", "todos" nos estamos refiriendo a la "institución eclesiástica". Todos somos Iglesia, pero hoy todavía unos más que otros...

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¿Célibes o castrati?


Eunucos por el Reino de los Cielos. Célibes de amores carnales, pero apasionadamente enamorados de Cristo y de su Iglesia (no hablo de institución eclesiástica). Ésa es la llamada del Señor para sus sacerdotes (que conste que no vería mal otras posibilidades con respecto al celibato o el sacerdocio femenino, pero sería siempre movidos por la fe y con argumentos de fe, no por el hecho de que "hacen falta sacerdotes para repartir sacramentos...", o con argumentos meramente de tipo reivindicativo de conquista de pretendidos derechos negados en el pasado). Y eso es además lo que se predica en las campañas vocacionales. Y eso es a lo que el futuro sacerdote se compromete en el día de su consagración. A eso y no a otra cosa.

Pero la verdadera realidad eclesiástica que el recién ordenado se va a encontrar, ya al segundo día de su bendito ministerio (y que, por cierto, le habían ocultado), situación además que jamás podía haberse imaginado (los laicos piadosillos siguen, por cierto, en la inopia a este respecto), es muy distinta...

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Viernes, 17 de agosto

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