Católicos por el avivamiento

Iglesia-Pueblo de Dios: comunidades libres, pastores libres


El modelo de Iglesia-Institución, esto es, Iglesia “de la institución” y “para la institución”, se ha agotado, está acabado, y el escándalo de los abusos le ha dado la puntilla. La Iglesia-Institución, ha muerto.

Se impone “pasar página” y situarnos en todos los órdenes (también en el institucional), a la altura de los tiempos. El tiempo de la “unanimidad metafísica” impuesta se acabó. Se impone el tiempo de las “pluralidades existenciales” aceptadas y acogidas, deseosas todas de dar lo mejor de sí mismas, para gloria de Dios y bien de los hombres, y de poder vivir ya, y de una vez, en el aquí y en el ahora de nuestra existencia en la tierra, la Resurrección del Señor…

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¡Yo sigo creyendo en la mayoría de los sacerdotes!


Cualquier partido político, sindicato, club de fútbol, peña de ajedrecistas, o agrupación de lo que sea, se daría con un canto en los dientes por tener un colectivo de hombres tan entregados, tan bien preparados y tan motivados como son el colectivo de los sacerdotes. Hombres jóvenes (y menos jóvenes), con todo su futuro por delante, que, dejándolo todo (“Vende todo lo que tienes... y ¡sígueme!”), deciden seguir la llamada del Señor...

¡Cuántos sueños de heroísmo y santidad bullen en la mente y en el corazón de aquel que, en el momento de su consagración sacerdotal, postrado ante el Señor, se entrega en cuerpo y alma a Él y a su Iglesia!...

Es una experiencia común de prácticamente todos los sacerdotes, que el día más feliz e intenso de sus vidas es el día de su Consagración Sacerdotal y de su Primera Misa. Es algo increíble y espectacular, una experiencia espiritual única, que te marca para toda la vida. El Sacerdocio imprime carácter...

Pero... ¿qué pasa el día después? ¿Qué ocurre con aquellos hombres, llenos de vigor espiritual, ungidos de Dios, dispuestos a comerse el mundo o dispuestos a dar su vida por el Evangelio llegado el caso? ¿Qué ocurre con todos aquellos sueños de heroísmo y santidad, justo desde aquel segundo día?

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¿Por qué salen ahora todas estas cosas?


Cada día nos despertamos con nuevas noticias cada vez más deprimentes acerca de escándalos en la institución eclesiástica y que van abarcando a cada vez más países de prácticamente todos los continentes...

Y alguno hay que se pregunta, no sé si por demasiado ingenuo o por demasiado listo, sospechando intenciones (que las hay) ocultas (y menos ocultas) por parte de algunos, especialmente medios de comunicación, para desacreditar a la Iglesia...

Y se preguntan: ¿Por qué están sacando ahora todas estas cosas?...

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¿El ocaso de la institución eclesiástica significa el ocaso de la Iglesia?


Teóricamente, no debería de ser. Lo que prevalece es la Iglesia, toda la Iglesia, la Iglesia fundada por Cristo, el Pueblo de Dios, rebaño del Señor que escucha la voz del buen pastor y le sigue. Y todo está orientado a esto: A la salvación del Pueblo de Dios, y todo se dirige a esto y se sacrifica a esto. Evidentemente, pues, el Pueblo de Dios prevalece sobre la institución eclesiástica, o así debería de ser…

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Conversión institucional


No basta una conversión pastoral, como propugnan algunos, para que la tendencia decadente en la que nos encontramos cambie de signo. Hace una falta una conversión institucional, de fondo, para no perder definitivamente el tren de la Historia, y sobre todo adecuarnos más a la Iglesia fundada por Cristo...

En ningún sitio esta escrito que el Señor fundara una institución. “La Iglesia” es un concepto místico y espiritual, no institucional. Estamos de acuerdo en que "la Iglesia que peregrina en la tierra" tiene que tener alguna forma de concreción sociológica visible que la identifique. Pero a lo que hemos llegado, después de más de 1500 años de historia en connivencia con el poder político, y condicionados por una sugestión global digna de los más profundos y modernos estudios de psicología de los estados de conciencia colectiva, esto es, "Iglesia como institución hipostática de poder eclesiástico", a todas luces, ha sido llevar las cosas demasiado lejos...

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¡Hágase la luz!


Me ha parecido muy interesante el artículo de Rufo González “El silencio de los obispos sobre el celibato”, no tanto por la intención de fondo del artículo de seguir “suplicando” la aceptación por parte de la institución eclesiástica del casamiento para los sacerdotes (o de lo que sea), sino por la información que se revela en él.

En el artículo se señala la idea de que “es lamentable que los dirigentes hayan venido exigiendo, para concederles la llamada reducción al estado laical, que reconozcan su inmadurez personal, desequilibrio psíquico, pérdida de fe, degradación moral, etc.”...

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“La Iglesia se ha convertido en un vestigio del pasado, destinado a la marginación...”


Es de agradecer la sinceridad de los obispos canadienses en cuanto a su visión de la situación en la que nos encontramos y el destino al que estamos abocados... si Dios no lo remedia. Lástima que errores de concepto y demasiado acomodo institucionalista nos aleje de la verdadera diana de la resolución del "problema de la Iglesia", y nos mueva a buscar salidas demasiado fáciles...

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¿Se tiene que rasgar el velo nuevamente?


Al morir Jesús, el velo del templo ("naos") se rasgó "de arriba abajo" (Mt 27,51 par.), simbolizando así la superación del antiguo culto y una nueva forma de acceso a Dios a través de la sangre de Cristo (Heb 9,8-12).

Así, la laceración del velo del templo “de arriba abajo” se correspondería con la eliminación de todo lo que se interponía entre el lugar de la alianza y el lugar de la ofrenda y el pueblo. Por lo tanto, podemos decir que el último respiro de Jesús borró la separación cultual, y la distancia entre Dios y el hombre es colmada por Cristo. Jesús es el verdadero Sacerdote, que con su muerte atraviesa el velo, lo sobrepasa de una vez, realizando el rito de expiación una sola vez y de modo definitivo. Cristo nos da el acceso a Dios y en él se nos hace accesible la salvación de Dios. No hay más velo que nos separe de él, o no debería de haberlo...

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¿Se puede hacer pastoral vocacional sin sentimiento de culpa?


Con la que está cayendo para el ministerio sacerdotal, por virtud de la institución eclesiástica que lo usa meramente para su autosostenimiento autorreferencial, y habida cuenta de la situación en que viven los sacerdotes, y en especial los pequeños sacerdotes, reducidos a meros peones ritualistas, tapando huecos y sujetando muros, muros que inevitablemente se caerán, habida cuenta de todo esto y conociendo lo que se va producir inevitablemente en sus vidas una vez ordenados, yo me pregunto: ¿Se puede hacer de verdad pastoral vocacional sin sentimiento de culpa?

La llamada del Señor existe y es real. El Señor sigue llamando. Otra cosa es que esa llamada al sacerdocio se vea truncada, sofocada y extinguida por virtud de la institución eclesiástica. ¿Cómo se puede hacer pastoral vocacional dentro de estas estrechas coordenadas?

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¿Iglesia post-sacerdotal?


Que el sacerdocio está en crisis, y desde ya hace tiempo, no es ningún secreto. Y que la situación de los sacerdotes, y en especial de los pequeños sacerdotes, se está agravando en estos tiempos a pasos agigantados, tampoco es ningún secreto. El número de los sacerdotes que “tienen que dejar“ el ministerio no deja de aumentar. El que tenga ojos que vea.

Corolario inevitable. En plena fiesta de neolaicismo “cerca de la gente” que padecemos, alguien tiene que pagar la factura y lavar los platos. Y como siempre, les toca a los más débiles, en este caso a los sacerdotes, y en especial a los pequeños sacerdotes, indefensos e impotentes.

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El sacerdocio de Cristo, amenazado


Hablo, por supuesto, del genuino sacerdocio de Cristo, no del actual sacerdocio ritualista-levitico en que ha devenido el ministerio sacerdotal a lo largo de los siglos, por méritos de la institución eclesiástica, que ha instrumentalizado el sacerdocio para su servicio autorreferencial...

Como la institución eclesiástica en tiempos de Jesús, toda institución crea mecanismos e instrumentos para su propia supervivencia y promoción. Y uno muy importante, aunque no el único, es la reducción del sacerdocio de Cristo a un mero sacerdocio levítico-ritualista, que por supuesto, no está destinado a evangelizar ni a administrar el Misterio Pascual de Cristo en la Liturgia, como tan bellamente nos dice el Catecismo, sino a sostener la institución, según lo consagrado por la ideología institucionalista, pensamiento único de toda la Iglesia...

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¿Desinstitucionalizarse o morir?


“Leones, muertos; perritos, vivitos y coleando...”. Así rezaba el título de una predicación de un conocido "senior global pastor" de una megaiglesia evangélica, después de uno de sus viajes alrededor de Europa. En ellos se admiraba de las impresionantes catedrales europeas, hoy llenas de turistas y vacías de creyentes. Por eso las llama “leones muertos”. En cambio, las iglesias evangélicas, según él muy vivas y en crecimiento (en unos sitios más que en otros, todo hay que decirlo), este pastor las comparada con “perritos” que, aunque pequeños, manifestaban un vigor vital envidiable, si lo comparamos con los “leones muertos” de la vieja Europa, relictos gloriosos de un definitivo pasado.

En este mismo sentido de "perritos vivos y leones muertos", se comenta mucho, a raíz de la reciente visita del Papa a algunos países iberoamericanos, que la presencia católica ("leones") por aquellos lugares, históricamente católicos, está cayendo, mientras los evangélicos ("perritos vivitos y coleando") están subiendo...

Y las razones principales son claras: Los creyentes buscan un encuentro profundo con el Señor, y quieren además disfrutar de celebraciones que sean significativas para ellos. La institución eclesiástica es la responsable última y primera de esta estampida de creyentes de la Iglesia católica que se hacen evangélicos...

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Domingo, 16 de diciembre

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