Católicos por el avivamiento

Aunque la institución se vista de laicos, institución se queda


La "mentalidad izquierdista" es fundamentalmente clasista y dialéctica. Así, los que hacen del “clericalismo” la raíz de problema de la Iglesia tienen fundamentalmente una mentalidad clasista dialéctica "izquierdista". Así, enfrentando dialécticamente a los laicos y a los clérigos, ya tenemos armado el modelo. A mi juicio es un planteamiento tremendamente simplista. Tranquiliza nuestra conciencia porque nos da sensación de control, pero a mi juicio, no es el planteamiento adecuado por, como digo, metodológicamente demasiado fácil. Es más, si seguimos ese planteamiento clasista, los problemas se acrecentarán en la Iglesia y será, por tanto, mucho más difícil encontrar la verdadera salida.

La "mentalidad derechista", por contra, es fundamentalmente mesiánica, y espera al líder que le resuelva el problema. Como la gente de "mentalidad derechista" está educada en la obediencia neurótica y básicamente en el sometimiento eclesiástico, están educados en la comodidad, la pereza, la cobardía y la pasividad, y esperan a que otro venga y les “saque las castañas del fuego”, en vez de ellos mismos tomar acción y atreverse a desobedecer y a resolver la situación en primera persona. Tampoco es a mi juicio la salida. De la pereza, la cobardía y la pasividad, a la larga, no se consigue nada. Estos son los que esperan ahora que algun alto clérigo haga algo o diga algo para incorporarse después pasiva y comodamente a su senda. Y olvidan que este modelo eclesiástico que se ha estado fabricando durante cientos de años, no ha propiciado precisamente la promoción de auténticas personalidades libres e independientes, que piensan y actúan por sí mismas, sino personajes fieles al sistema. Fidelidad vs. personalidad. Y no puede ser de otro modo de acuerdo, como digo, al modelo implacable que ha cristalizado a lo largo de la Historia.

Por mi parte, yo sigo un planteamiento más científico y aproximado a la psicología de los grupos y de las organizaciones. Mi planteamiento quiere ser, como digo, más científico y menos ideológico o emocional. Como indican Levine y Moreland (1998), existen patrones de relación que se van configurando en los grupos con el paso del tiempo, y que una vez establecida y consolidada la estructura del grupo o de la organización, ésta tiende a su mantenimiento, pues los intentos de reestructuración producen desconfianza. Y así, la institución o grupo sólidamente formado llega a funcionar por sí mismo, generando durante el proceso normas sancionadoras para los que no se ajustan al patrón establecido por la institución en el curso de su desenvolvimiento a lo largo del tiempo.

Esto significa que, al final y a la postre, lo que hemos contribuido a construir a lo largo de la Historia ha sido un "monstruo hipostático" que funciona por sí mismo y sin posibilidad de control por medio de pequeños retoques de maquillaje o pequeños cambios en las formas. La “conversión pastoral” que dicen algunos, se hace absolutamente imposible sin la conversión institucional, es decir, sin acabar con el monstruo.

Por eso, la pretendida respuesta laicista a la crisis en la que nos encontramos, esto es, el propiciar que los laicos "toquen poder" institucional, es una salida falsa. El monstruo hipostático institucional ya funciona por sí mismo, haya clérigos o haya laicos. Es más, me atrevería decir que si se lleva a cabo el que los laicos "sustituyan" a los clérigos en el poder institucional, el monstruo hipostático no hará más que alimentarse aún más. Los laicos experimentarán los conocidos procesos de desindividuación y de autocategorización, y serán más radicales e implacables aún que los propios clérigos, contribuyendo de esta forma al empeoramiento de la situación.

El monstruo seguirá funcionando por sí mismo, y no le importará en absoluto que haya sumido a toda Iglesia en un medievalismo férreo insufrible, que impregna todas las áreas de la vida eclesial, desde la dogmática, hasta la moral, pasando por la antropología y los sacramentos, no le importará en absoluto que nos hayamos quedado desfasados en el tren Historia (yo creo que ya de forma irreversible), ni que la gente abandone la Iglesia en desbandada, ni que unos 100,000 sacerdotes hayan tenido que abandonar el ministerio sacerdotal frustrante desde los años 70 hasta el día de hoy, el monstruo hipostático seguirá su paso implacable, y si le dejamos y le seguimos dando caricias desde la ideología institucionalista que nos domina, acabará efectivamente con toda la Iglesia. Satanás tiene que estar verdaderamente satisfecho.

Se impone, pues, para salir del atolladero en el que nos encontramos, acabar con el monstruo. El modelo de Iglesia-Institución, reconozcámoslo o no, ha muerto, aunque seguirá coleando si le seguimos dejando. Se tiene que implantar sólidamente, como en los primeros siglos de la Iglesia, el modelo de Iglesia-Pueblo de Dios, esto es, un Pueblo de Dios libre, guiado por pastores libres, con libertad y autoridad personal y pastoral, que vayan conduciendo al Pueblo de Dios, desplegando todos los carismas personales y sociales que el Espíritu Santo vaya suscitando, en la libertad de los hijos y pastores de Dios, y no en el sometimiento institucional.

Y el sensus fidelium irá colocando a cada uno en su sitio, y surgirán entonces los verdaderos líderes de la Iglesia, reconocidos por el Pueblo y no impuestos por la propia institucion para el servicio a sus propios intereses. Y estos verdaderos líderes de la Iglesia, auténticas personalidades no producto de ninguna organización y no sometidas por tanto a nada ni a nadie, como el mismo Señor, sabrán conducir al Pueblo de Dios "por los mejores pastos" y por los caminos de la Historia "más seguros" como el Señor, Buen Pastor, desea y anhela para su rebaño.

No nos andemos con paños calientes en lo que se refiere al monstruo. Aunque la institución se vista de laicos, institución se queda.


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