Curioseos y falacias económicas
19.05.08 @ 19:14:25. Archivado en Politica
Hola Alfredo, 
Hace poco, hablando con un conocido, le comentaba el motivo de esta nueva carta: las falacias económicas tan ampliamente difundidas en los medios de comunicación por gente experta y no tan experta. “Pero qué sabrás tú de economía”, me espetó. Y me hizo pensar. Es cierto: qué sé yo de economía. Bastante poco, me dije. “Seguramente, la milésima parte que estos especialistas en el tema”, le contesté. Eso me preocupa todavía más.
Basta hojear la prensa, da igual si la generalista o la estrictamente económica (aunque la primera es más propensa a incurrir en errores de ortodoxia), para dar con conceptos desfasados, teorías hace tiempo refutadas o, simplemente, absurdos económicos. Que alguien como yo, mera curiosilla de la literatura económica, observe este estado general de cosas, por fuerza ha de preocupar al mundo académico.
Algunos ejemplos de las falacias económicas más repetidas los encontramos en tres aspectos básicos como son el empleo, los precios y los salarios.
Empleo: se habla de “destruir” puestos de trabajo, de “crearlos”, o incluso de “repartirlos”. Este error se deriva de la concepción del empleo como una cantidad dada, fija y estática. Así, podríamos repartir un número de puestos X entre la población deseosa de trabajar. Pero la realidad es diferente. No existe tal “tarta” de empleo a repartir: existen individuos dispuestos a vender su trabajo (su habilidad para hacer algo) y existen individuos dispuestos o no a comprar ese algo. Decir que el mercado destruye cada día las habilidades de miles de obreros y que el gobierno pretende crear habilidad a destajo me parece, cuando menos, pretencioso.
Precios: está de actualidad el tema de la factura eléctrica. “¿En cuánto debería fijar el Estado la subida de los precios?” Cuando hasta Zapatero considera impensable que el gobierno pueda intervenir en el libre flujo de los precios (así lo afirmó en la última entrevista concedida a Gloria Lomano), en esta materia persiste una especie de misticismo incomprensible que justifica la injerencia, sobre todo si tenemos en cuenta su implicación en el resto de la actividad económica.
Salarios: siendo los precios que se asignan al bien trabajo, me cuesta entender que se pueda incurrir en algún tipo de “discriminación salarial”, como denuncian los sindicatos, y contra lo que sugiere luchar el Ministerio de Igualdad. Si nadie en su sano juicio paga más a un hombre (por ejemplo) por los muebles que vende, ¿por qué lo haría a la hora de comprarle otra mercancía más como es el trabajo?
Pero sin duda, Alfredo, la teoría macroeconómica a gran escala es la que ha dado lugar a más sinsentidos. Se habla de estructuras y "macroestructuras". Se habla de sectores, variables y estadísticas. Se habla de “reajuste”, “reactivación” y todo lo que te puedas imaginar. ¿Cuál es la pega? No darse cuenta de que la economía es un todo íntimamente interrelacionado (millones de interacciones entre individuos libres que intercambian cosas y servicios), que la división en sectores es artificial y poco operativa y que cuando intervienes en lo que crees haber definido como un sector determinado necesariamente influyes en el curso del resto de la esfera económica.
Mejor ni hablamos de inflación, ni de tasas de interés, ni de desaceleración, ni de flexiseguridad... Al fin y al cabo, yo solo curioseo.
Un saludo, espero noticias tuyas.
Aida L. Rosell
Comentarios:
Que pasa que hace tanto tiempo que no escribes????
Bueno, todo venía a que es distinto comprar trabajo que un mueble o un ventilador.Saudos
Gracias!
Un saludo
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