Paradojas estarrecedoras
16.10.07 @ 10:43:26. Archivado en Politica
Moi boas, Alfredo
Me llamó la atención el pasado viernes 12 de octubre una noticia leída en el diario La Voz de Galicia. Su titular era alarmante: “A Mesa alerta de que o galego está-na-peor-situación-da-súa-historia”.
Tras breves cavilaciones, caí en la cuenta. Despejé de mi cabeza las insistentes imágenes sobre aquel chiste en el que un gallego se sube a una mesa para enchufar una bombilla (¿o era inglés?) y recordé aquellas dulces clases de bachillerato. Sí, Alfredo, aquellas tardes en las que el profesor nos ponía sobre la mesa datos y estadísticas, estudios, en fin, firmados por una tal Mesa pola Normalización Lingüística. Me acordé de aquellas lecciones: de cómo se nos contaba que este organismo fue creado, ad hoc, al tiempo que la Lei pola Normalización Lingüística y de cómo la recién creada autonomía pretendía con esto redimir un idioma, el nuestro, que, como el de otros territorios españoles, había sido maltratado durante el régimen franquista.
Mas, el objetivo no era sólo la redención, la lógica cooficialidad (en este punto el tono del maestro tomaba cierta solemnidad). Había que luchar por la reconquista de los hablantes. "¡Qué prueben su propia medicina!" No sé en tu caso, Alfredo, pero a mí aquel profesor siempre me cayó muy bien. Entregado a su profesión y a sus alumnos, con cierto toque bohemio que causaba furor entre las jovencitas… Sólo me molestaba un poco la manía suya de hacerse el sueco si se nos escapaba un ¿qué dices? por el acertado ‘que dis?’ o la otra de mirarnos como quien mira a un cabroncete cuando errábamos las vocales abiertas, semiabiertas, pechadas y semipechadas.
Pero volviendo a lo que es noticia: la página de La Voz sacaba a la luz los últimos datos obtenidos por el Seminario de Sociolingüística de la Real Academia, que indican que el gallego es el idioma inicial sólo para el 20% de la población (gallega, se entiende). Carlos Callón, presidente de la Mesa, califica la situación de ‘estarrecedora’: “Nunca na milenaria historia da nosa lingua a transmisión xeracional foi tan escasa”. (Aún puedo oír a mi profesor, aquel brillo en sus ojos…) El mapa sociolingüístico informa de que la situación es especialmente preocupante en las ciudades y entre los grupos más jóvenes. Como constituyo parte del sector señalado, me voy a permitir, Alfredo, sugerir algo a los señores gobernantes de la Xunta: por favor, eviten que este informe sea futura materia de examen en las aulas. Créanme, los chavales (somos así de necios) no le encontramos mayor sentido. Y además, ¿no es paradójico que sea entre estos estudiantes entre los que más se pierde el uso del gallego? Pues eso: que como no entendemos las gráficas, no aprendemos.
Después de examinar, por grupos, qué gallegos utilizan ‘só galego’, ‘máis galego’, ‘só castelán’ o ‘máis castelán’, y habiendo dado con un porcentaje ‘sorprendente’ de gentes que afirman hablar ‘outros idiomas diferentes’, los estudiosos de la sociolingüística han llegado a una clara conclusión: el Gobierno gallego debe tomar medidas. El propio escrito lo subsidia la Presidencia de la Xunta a través de la Secretaría Xeral de Política Lingüística, así que no creo que tengan muy difícil hacerles llegar a nuestros dirigentes estas reivindicaciones. Y bien, la idea que subyace, Alfredo, no es otra que la siguiente: Mesa, RAG, Seminario y demás chiringuitos (¡qué paradoja, aquí, utilizar el lenguaje del Bloque Nacionalista Galego!) han tenido poco éxito en su Reconquista. “¡Estamos fracasando en la expansión del sacro idioma!”, se dicen. Luego, se preguntan: “¿Cómo imponerlo mejor?” “¿Imitaremos el estilo catalán con la multa al panadero que no cambia el letrero en el que anuncia su chapata en castellano imperialista?” “¿Habrá que enseñar a los preescolares a delatar a los compañeros que se expresan durante el recreo en sucio español?” “O, mejor, ¿profundizamos en nuestra política social del maletín-para-la-perfecta-embarazada-nacionalista y las barbies-de-las-hijas-de-Breogán?”
Exagero, lo sé, Alfredo. En realidad, todo esto no son más que simpáticas paradojas. Pero oye, dan qué pensar. Por ejemplo: la noticia de la que te vengo hablando aparecía en La Voz de Galicia en perfecto gallego normativo. A su lado, páginas y páginas de actualidad en castellano. Me dirás, Alfredo, que es simple casualidad. Me queda, no obstante, la duda de que la noticia cumpliese la cota que otorga la subvención. Pero eso sí que sería una paradoja estarrecedora. Yo, por lo de pronto, cuando se me acerquen para una enquisa de estas, me pienso unir a ese ‘sorprendente’ (y paradójico) porcentaje, tan sabio, que ante la pregunta idiomática responde: “¿Eu? ¿Idioma? ¿Galego ou castelán? Outros, outros”.
Deica logo, Alfredo
Aida Rosell
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Aida López y Alfredo Puentes
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