
20.11.08 @ 00:39:35. Archivado en Politica
Saludos Aida
Hace mucho tiempo que no paso por aquí pero esto me lo pide el cuerpo
¿Te suena esta frase?
“Felicito a Barack Obama, el que hasta el día de hoy fue mi oponente y a partir de hoy es… mi presidente”
Confieso que durante mucho tiempo percibí el lema de campaña de McCain (“Country First”, la patria primero) como un eslogan paleto y arcaico. Sólo después de escuchar esa frase y de ver su actitud en la reunión que ha mantenido con el ya presidente electo Obama, entiendo la nobleza y el valor de ese patriotismo de McCain.
No ha tenido buena suerte ésta vez, desde luego. Ha tenido que luchar enterrado en las arenas movedizas en las que se ha convertido el legado del actual gobierno republicano de Bush, un escenario que hacía prácticamente tener ganadas las elecciones a los demócratas. Y por si fuera poco, el rival no era un demócrata cualquiera sino Barack Obama, el mayor fenómeno político desde Kennedy y toda una fuerza de la naturaleza y de la historia. Por todo ello, el senador McCain ha pasado por los medios españoles sin pena ni gloria, como último escollo para la historia mesiánica de Obama I “El Deseado”. Y por ello quiero reivindicarle, porque es injusto pasar por alto a una figura de su talla política y humana sólo porque es quizá la primera vez desde Eisenhower contra Stevenson en que los dos candidatos a las presidenciales estadounidenses son merecedores del puesto (lo habitual es que uno, si no los dos, sea un auténtico indeseable).
John McCain no sólo es su admirable por su cacareada historia de héroe de guerra, por negarse a ser liberado mientras no lo fueran el resto de sus compañeros, por sufrir terribles torturas en acto de servicio hacia su país. Es admirable por ser uno de los últimos políticos honestos y honrados. Por ser el representante de una vieja casta de senadores (Mansfield, Dirksen, Humphrey, Baker, Byrd, Warner…) ya en extinción, caracterizada por su naturaleza de auténticos estadistas y de hombres de honor, sensatez y tejedores de acuerdos.
Durante su larga estancia en el Senado, John McCain ha mantenido una postura independiente pero coherente. El llamado “maverick” (rebelde) no ha tenido mayor problema en enfrentarse a sus compañeros de partido en aquellos temas en los que su conciencia así le dictaba. Llamarle republicano moderado es un trazo grueso para quien debería ser considerado un “mccainista radical”. Disintió con sus compañeros de partido en asuntos como el cambio climático. Coincidió con los demócratas en su condena de la tortura (por motivos bien evidentes), su reclamación del cierre de la prisión paralegal de Guantánamo y su descripción de Donald Rumsfeld como “uno de los peores secretarios de defensa de la historia”. Denunció a partidarios republicanos como el telepredicador Pat Robertson y demás derecha evangélica como “agentes de la intolerancia”. Fue capaz de cruzar el puente y pactar con el senador demócrata más izquierdista, Russ Feingold, una reforma de la financiación de las campañas electorales que reducía la influencia de los grupos de presión, ofendiendo a muchos de sus camaradas republicanos, financiados hasta las cejas por tales “lobbies”. Pactó también con otro célebre izquierdista, Ted Kennedy, una reforma de la política de inmigración que no llegó a ser aprobada.
En 2005, en plena crisis de la sistemática obstrucción demócrata de todas las nominaciones judiciales de Bush y ante el plan gubernamental para desarrollar una llamada “opción nuclear” que arrollaría el poder del Senado para bloquear jueces, McCain fue capaz de unirse a otros trece senadores moderados de ambos partidos en lo que se denominó “la banda de los 14”, desencallando la situación al permitir la aprobación de ciertos jueces a cambio de la retirada de otros, desactivando tanto la obstinada hostilidad demócrata como el terrorífico intento del gobierno republicano de maniatar al poder legislativo.
Es por eso que es especialmente lamentable que su figura se haya visto oscurecida por la sombra de un personaje, George W. Bush, que representa todo lo contrario que McCain: el fanatismo, el revanchismo, el partidismo, la ignorancia, la intolerancia y la ruindad. Ruindad como la que ejerció contra McCain cuando le arrebató al senador la que habría sido su verdadera oportunidad de alcanzar la presidencia. Con muy malas artes, expandiendo rumores sobre supuestas infidelidades y enfermedades mentales de McCain, George Bush le ganó las primarias republicanas del año 2000. Cuando, en la trastienda de un debate televisivo, Bush quiso eludir las responsabilidad sobre esos rumores, McCain le espetó públicamente “No me toques y no me vengas ahora con esa mierda”. Incapaz de aguantar el juego sucio y rehusando contestar con las mismas armas, McCain se retiró de la campaña y tuvo que ver como el hombre al que despreciaba se convertía en “su presidente”. Y una vez que fue presidente, dejó atrás sus rencillas personales y colaboró con él en lo que consideró importante para el país.
Recuperó su sueño de ser presidente ocho años más tarde, en 2008. Ésta vez el partido le escogió a él como candidato, como único candidato posible ante la temida ola demócrata tras el fracaso de la presidencia de Bush. McCain superó unas duras primarias y se consagró como el único candidato suficientemente separado de Bush como para salvar los muebles. McCain ajustó las encuestas en unas elecciones que estaban perdidas de antemano. Sin embargo, temiendo el boom de Obama, hubo de ponerse en manos del aparato del partido. Tras el subidón que la elección de Sarah Palin dio a su campaña, McCain, viéndose aún con alguna posibilidad real de ganar se encomendó a los expertos en juego sucio que habían logrado la victoria de Bush. Así salieron rebuznos como el intento de relacionar a Obama con un ex terrorista. Pero McCain no se sentía cómodo con esta estrategia, como demostró cuando sufrió los abucheos de su propio público al defender a Obama como “un hombre honorable al que no deben temer como presidente”.
Tras la caída en desgracia de Palin y, una vez, realizado el último debate, McCain tomó conciencia de lo imposible de la victoria y volvió a ser el de siempre. Arremetió contra la política económica de Obama, defendió el recorte del gasto, defendió a los emprendedores, defendió una política exterior más agresiva… pero todo con el tono de quien, al final de la campaña, decidió que no quería pasar a la historia como el gran senador que dilapidó su crédito político en una carrera kamikaze por la presidencia. Cuentan crónicas del New York Times que McCain pasó los últimos días riendo y contando chistes con su mujer y su amigo Lindsey Graham en el autobús de campaña, tranquilo, relajado y consciente de su inminente derrota.

Por ello, cuando McCain, en la noche electoral apoya a su nuevo presidente nos da una lección de elegancia y señorío a todos. Y coherente como es no ha tardado en reunirse con Obama en una amigable reunión entre dos hombres que se respetan y que se dan cuenta de que el destino ha jugado una mala pasada a un país que ha tenido tantos presidentes fallidos en el último siglo (Hoover, Truman, Nixon, Carter, ambos Bush…) obligándole, votase a quien votase este año, a descartar a un excelente candidato. McCain acabó su discurso de concesión de la derrota diciendo que los americanos no observan la historia sino que la hacen. Él ha hecho historia como uno de los últimos ejemplos de estadista inteligente, capaz y honesto. Como un hombre que representa lo mejor de EEUU dentro de un partido que tantas veces suele representar lo peor de ese país. John McCain es ya historia y dentro de cuatro años, cuando los republicanos tengan que elegir entre el cinismo y la hipocresía de un Romney o un Giuliani, el conservadurismo cateto de un Huckabee o una Palin o fiarse de una ambiciosa nueva estrella que aspire a ser el Obama republicano (John Thune, Bobby Jindal, Tim Pawlenty), entonces será cuando recuerden la sensatez, la integridad y la elegancia de su antiguo candidato. Y se arrepentirán de haber, por dos veces, desaprovechado a John McCain.
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19.05.08 @ 19:14:25. Archivado en Politica
Hola Alfredo, 
Hace poco, hablando con un conocido, le comentaba el motivo de esta nueva carta: las falacias económicas tan ampliamente difundidas en los medios de comunicación por gente experta y no tan experta. “Pero qué sabrás tú de economía”, me espetó. Y me hizo pensar. Es cierto: qué sé yo de economía. Bastante poco, me dije. “Seguramente, la milésima parte que estos especialistas en el tema”, le contesté. Eso me preocupa todavía más.
Basta hojear la prensa, da igual si la generalista o la estrictamente económica (aunque la primera es más propensa a incurrir en errores de ortodoxia), para dar con conceptos desfasados, teorías hace tiempo refutadas o, simplemente, absurdos económicos. Que alguien como yo, mera curiosilla de la literatura económica, observe este estado general de cosas, por fuerza ha de preocupar al mundo académico.
Algunos ejemplos de las falacias económicas más repetidas los encontramos en tres aspectos básicos como son el empleo, los precios y los salarios.
Empleo: se habla de “destruir” puestos de trabajo, de “crearlos”, o incluso de “repartirlos”. Este error se deriva de la concepción del empleo como una cantidad dada, fija y estática. Así, podríamos repartir un número de puestos X entre la población deseosa de trabajar. Pero la realidad es diferente. No existe tal “tarta” de empleo a repartir: existen individuos dispuestos a vender su trabajo (su habilidad para hacer algo) y existen individuos dispuestos o no a comprar ese algo. Decir que el mercado destruye cada día las habilidades de miles de obreros y que el gobierno pretende crear habilidad a destajo me parece, cuando menos, pretencioso.
Precios: está de actualidad el tema de la factura eléctrica. “¿En cuánto debería fijar el Estado la subida de los precios?” Cuando hasta Zapatero considera impensable que el gobierno pueda intervenir en el libre flujo de los precios (así lo afirmó en la última entrevista concedida a Gloria Lomano), en esta materia persiste una especie de misticismo incomprensible que justifica la injerencia, sobre todo si tenemos en cuenta su implicación en el resto de la actividad económica.
Salarios: siendo los precios que se asignan al bien trabajo, me cuesta entender que se pueda incurrir en algún tipo de “discriminación salarial”, como denuncian los sindicatos, y contra lo que sugiere luchar el Ministerio de Igualdad. Si nadie en su sano juicio paga más a un hombre (por ejemplo) por los muebles que vende, ¿por qué lo haría a la hora de comprarle otra mercancía más como es el trabajo?
Pero sin duda, Alfredo, la teoría macroeconómica a gran escala es la que ha dado lugar a más sinsentidos. Se habla de estructuras y "macroestructuras". Se habla de sectores, variables y estadísticas. Se habla de “reajuste”, “reactivación” y todo lo que te puedas imaginar. ¿Cuál es la pega? No darse cuenta de que la economía es un todo íntimamente interrelacionado (millones de interacciones entre individuos libres que intercambian cosas y servicios), que la división en sectores es artificial y poco operativa y que cuando intervienes en lo que crees haber definido como un sector determinado necesariamente influyes en el curso del resto de la esfera económica.
Mejor ni hablamos de inflación, ni de tasas de interés, ni de desaceleración, ni de flexiseguridad... Al fin y al cabo, yo solo curioseo.
Un saludo, espero noticias tuyas.
Aida L. Rosell
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15.04.08 @ 00:31:44. Archivado en Politica
Saludos Aida
Hacía tiempo ya que no me escribías y yo tenía un tema en mente sobre el que escribir que el hecho de ir demorando tanto ha ido colocando cada vez más en el punto de mira. Tú me hablas de los movimientos del gobierno socialista y yo quiero comentarte los movimientos internos dentro del Partido Popular. Concretamente, quería hacer una aportación a esta distinción entre moderados y radicales, a esa divergencia entre lo que parecen representar Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre.
La tragedia del PP, Aida, es que dentro del partido tienen esta discusión mal enfocada precisamente debido a tomar a esos dos políticos como referencia. Y la cosa es que hay, aunque resulte inverosímil, un posible punto de confluencia entre sus posturas. Habría que introducir una segunda variable en la ecuación. Son moderados y radicales ¿en qué? Ahí podríamos diferenciar entre fondo y forma, entre ideas y actitudes.
Alberto Ruiz-Gallardón es un hombre moderado en sus formas, dialogante, tolerante, respetuoso con la oposición y probablemente una persona con la que se pueda llegar a acuerdos. Logra caerle bien a sus rivales. Y si no cae tan bien a sus correligionarios es porque, dentro de ese acercamiento y buen trato con el PSOE, ha empezado a difuminar, y alguno diría a vender, los principios y valores propios de su partido hasta el punto en el que resulta difícil decir dónde acaba el “gallardonismo” y empieza ya el socialismo.
Esperanza Aguirre es una mujer de firmes convicciones e ideales. Cree en los valores tradicionales de la derecha liberal: libertades civiles, laissez-faire en el mercado (privatizaciones y desregulaciones), menor intervención estatal en la vida de los ciudadanos y en la economía… y defiende a ultranza la necesidad del PP de desmarcarse del discurso socialista y hacer valer sus propios valores y principios como positivos y superiores a los de la izquierda. No se resigna, dice. No cede, y hace bien. El problema es que a Esperanza la han confundido. Ha abrazado una libertad (digital) que viene de mano de Federico Jiménez Losantos y allegados y ha llevado su no ceder también a su actitud. Empeñada en despegarse del socialismo, ha creído (o algunos le han hecho creer) que el camino debía ir también por el atrincheramiento en la política del día a día. Así, Aguirre ha apoyado (al menos pasivamente) una deriva radical del partido en su actitud, en ir hacia el encabronamiento y la pataleta permanente, en el rechazo total al Partido Socialista y el discurso negativo, destructivo y enfadado.
La síntesis está a la vista. Se puede ser moderado en las formas y radical en las ideas. Y me atrevería a afirmar que eso sería lo deseable. Un partido tiene que mantener sus señas de identidad y defender sus principios ideológicos con fuerza. Las componendas en ese aspecto me repugnan. Es más, me atrevo a afirmar también que el resultado de ser moderado en las ideas sería, a medio plazo, ser enormemente radical en las formas. Cuando tengamos a los dos principales partidos demasiado próximos en lo ideológico será cuando empecemos a ver más y más ataques a personas y proyectos concretos y una crispación más dura. Sólo podremos evitar ese duro enfrentamiento cuerpo a cuerpo si la batalla se produce en el terreno de las ideas.
No creo que sea tan difícil: un PSOE que sea de izquierdas y un PP que sea de derechas, defendiendo ideales que hace tiempo que no vemos en ambos bandos. Pero que, al mismo tiempo, puedan dialogar, hablar y llegar a acuerdos en los temas de gestión cotidiana con una cordialidad que se echa de menos. Una de radical y otra de arena.
Y, por mucha gracia que te haga, Bermejo no es el ejemplo de ésto 
Saludos, Aida
Alfredo Puentes
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14.04.08 @ 17:33:46. Archivado en Politica
Hola Alfredo
Ya tenemos nuevo ejecutivo y me alegro sobre todo, por mucho que te sorprenda, de la permanencia en su puesto del ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. El mismo ministro que, al más puro estilo de Margaret Thatcher en los dorados años 80, ha pasado soberanamente (aún diría más: con desdén y altivez) de las reivindicaciones de los sindicatos. El mismo ministro que, ante las protestas de los funcionarios, ante el levantamiento de la burocracia, no ha tenido que recurrir a medidas drásticas como hiciera su tocayo Rajoy en su época al cargo de la cartera de Administraciones Públicas, sino que le ha bastado con no hacer nada. ¡Esa sí es una buena gestión! El mismo que (y esto es sin duda menor, comparado con los anteriores méritos) no se doblega ante los tabúes impuestos en y por la clase política. Dice lo que piensa (lo contrario es una incógnita) y nunca calla sus opiniones. Sus declaraciones siempre tienen un tinte ideológico. Admiro su valentía. De verdad, Alfredo, quedan pocos políticos como él.
Como puedes haber anticipado, Alfredo, existen dos motivos de peso para que me decante por Bermejo como mi ministro preferido, por lo menos a comienzo del curso político que se nos presenta. Te los comento rápidamente.
En primer lugar: la legislatura que acaba de terminar ha estado marcada durante los dos últimos meses por una absurda huelga de los funcionarios de Justicia, quienes exclaman su indignación por la desigualdad de salarios según qué lugares del Estado español y claman por la igualación de los sueldos (eso sí: hacia arriba) en todas las comunidades. Carecen estos funcionarios de cualquier tipo de justificación y parece que tras su reivindicación se esconda un problema, aceptable, de ignorancia económica y otro, más grave, de deformación de la realidad. Porque, ¿acaso ha de cobrar igual, pongamos el obrero de una fábrica, por un trabajo realizado en Galicia que por ese mismo trabajo realizado en Madrid? Es seguro que no. Para empezar, los niveles de vida de ambas comunidades son bien diferentes, de lo que se deriva un diferente grado de capitalización y por lo tanto, diferentes resultados (más productivos en la Comunidad de Madrid) provenientes de un esfuerzo igual. Si los resultados son diferentes, esto es, si los beneficios de la actividad económica son diferentes, es por pura lógica que los salarios sean también diferentes. Nada de igualdad. Diferencia. Aplaudo a Bermejo por entender el razonamiento, aunque su valentía se convierta en una doble paradoja: por un lado, la de gestionar de manera eficaz una crisis en el sector público (la propia naturaleza del Estado tiende a resolver estas crisis burocráticas con más y peor burocracia: he aquí, existen los milagro) y, por otro lado, la de contradecir con buen sentido económico una de las piedras angulares de su gobierno, ahora coronada con ministerio propio. ¿Sus competencias? Igualarnos.
En segundo lugar está el tema de la transparencia ideológica, y ya termino, Alfredo. Me sorprende y me agrada que en tiempos de hipercorreción, tabúes y tópicos, un tipo como Bermejo se atreva a expresar sus opiniones y a no esconder ninguna de sus posturas. La derecha es el rival a batir, pues ahí queda dicho. Su radicalismo me encanta. Y sobre todo disfruto de su caso omiso a quienes, desde los púlpitos de lo políticamente correcto, le exigen “sensatez”. “¡Alguien que dirige la Justicia de un país no puede rebelar su adscripción partidista!”. Se tiran de los pelos. ¡Y yo que pensaba que cuando conseguías la toga de magistrado tendrías más sabiduría para establecer tu propio juicio, incluido el político!
Un saludo, Alfredo: retomando la correspondencia.
Aida L. Rosell
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10.01.08 @ 00:35:45. Archivado en Politica
Saludos Aida
En EEUU, le llaman “outsider” a aquel candidato que se sale fuera de los derroteros que marca habitualmente la dirección del partido. Hay ejemplos concretos. Piensa en que eres Mitt Romney, ex gobernador de Massachussets y multimillonario en sus ratos libres, te financias a tope tu campaña, gastas lo ingastable en anuncios televisivos… y pierdes. O que eres Rudolph Giuliani, o John McCain, figura de reconocido prestigio dentro de su partido, con los apoyos de la mayor parte de los poderes fácticos (senadores, gobernadores) del mismo… y pierdes. Y en cualquiera de los tres casos pierdes ante un pastor baptista paleto, creacionista, populista, sin idea de política exterior y fácilmente (aunque nunca se sabe) vapuleable por los demócratas ex gobernador de Arkansas llamado Mike Huckabee, cuyo principal respaldo no es ningún senador, ni figura destacada del partido sino Chuck Norris.
Pues ahí lo tienes, has perdido contra él ¿y por qué? Pues porque los votantes de tu partido le han preferido a él. Porque creen que es la persona que mejor representa sus valores. Porque realmente les ilusiona la idea de verle como presidente. Es todavía muy temprano y faltan muchos estados por votar (la mayoría muy diferentes de Iowa), y lo más seguro es que Huckabee no acabe siendo el candidato republicano. Pero si lo fuese y (como sería previsible) acabase derrotado por los demócratas… será porque los republicanos así lo han querido.
Antes de Iowa había ocho candidatos a la nominación demócrata (Clinton, Obama, Edwards, Richardson, Biden, Dodd, Kucinich y Gravel) y siete candidatos a la nominación republicana (Giuliani, Romney, McCain, Thompson, Huckabee, Paul y Hunter). Todos ellos muy diferentes entre sí, representando divisiones que realmente existen dentro de sus electores. Ante tal abanico, lo más probable es que la mayoría de los demócratas y la mayoría de los republicanos lleguen al 4 de Noviembre con un candidato que les guste y que les ilusione.
Y éste es el principal requisito, porque los aparatos de los partidos pueden decir misa. El establishment republicano no tiene especial aprecio por Huckabee y los “barones” demócratas están mucho más alrededor de Hillary que de Barack Obama. Sin embargo ambos, a priori “outsiders”, que significa literalmente intrusos, que no contaban en las apuestas (aunque esto es mucho más cierto en el caso de Huckabee que en el de Obama), lograron dar la sorpresa gracias al apoyo que encontraron entre quienes van a ser sus votantes. El norteamericano, a diferencia del español, tiene la posibilidad de votar en positivo. Entre muchas opciones puede escoger la que más le convenza, la carrera está abierta y si sólo hay siete u ocho candidatos por bando es porque su electorado no ha reclamado otra opción distinta, pues si hubiese clamor por alguna opción en concreto, de seguro alguien aparecería representándola.
Ante el elector yanqui se abre un amplio abanico de posibilidades, un “menú a la carta”. Ante nosotros se cierran unas esposas que solo autorizan a nuestras manos a pulsar dos botones. Tú o tú. El rancho de todos los días en el cuartel. No hemos tenido ningún papel en la elección de ambos “tús” y si alguno de ellos nos resulta ilusionante es pura coincidencia. Nuestros partidos se dirigen desde arriba, y desde arriba el término “outsider” se toma mucho más literalmente. Al discrepante se le deja fuera y se le deja de lado.
Habrá quien diga lo contrario. Que la burocracia partidista debe controlar a los nominados para aplacar a los militantes, quienes elegirían a un candidato más acorde a sus ideas, e imponer a alguien más moderado o más ambiguo que tenga más posibilidades de ganar. Ya ves, ganar renunciando a tus ideas. Me temo que en eso soy todo un “outsider”.
Y este tema tiene muchas más implicaciones, pero para otro día.
Te dejo con esto, Aida
Alfredo Puentes
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17.12.07 @ 16:16:25. Archivado en Politica
Saludos, camarada Alfredo,
Hay una pregunta que nos solemos hacer los espectadores del circo político, perplejos (e ilusos), y que considero básica para cualquier análisis político. Y es: ¿Tan alejados están los políticos en su torre de marfil para no saber lo que los ciudadanos reclaman de ellos? La respuesta (obvia) es: tanto, o más. Felipe González lo dejó dicho en su día en una de esas frases de antología: la soledad de quien ocupa el sillón del poder es inmensa. Pero es que algunas jugadas consiguen que me plantee si no será mejor que los dirigentes se encierren en su despacho, o en su casa, si tras sus puertas se agolpan estrategas más desconectados si cabe de la realidad social.

Te pongo casos concretos, Alfredo: no será por falta de Arriolas y menos ahora que estamos en campaña electoral, el terreno más fértil para los absurdos y sinsentidos políticos. Me gustaría saber quién convenció a Mariano Rajoy, por ejemplo, para que interpretase con solemnidad, ante las cámaras, el papel de un jefe de Estado en clima de inminente hecatombe mundial. ¿Recuerdas aquel vídeo, Alfredo? No sé si ceño fruncido y voz de ultratumba fueron idea de Rajoy, pero en todo caso: suya propia o de sus consejeros: ¿Con qué fin? ¿No se supone que los dos grandes partidos andan a la conquista del centro? ¡Ahá! ¡Ni mucho menos! La cabra tira al monte y con piruetas de este tipo (a los pocos días desembarcó Zeta) ambos líderes destapan sus 'yos' más estratégicos: uno, todo talante (y vacuidaz), el otro, crispacidaz. Y perdóname que yo también caiga en el juego de palabras.

Más casos. Leo en La Voz de Galicia el contenido de un documento interno del PSdG en el que se dispone como uno de los objetivos prioritarios en años venideros (2008, 2009 y 2010, en concreto) la desvinculación del Gabinete socialista de las famosas 'galescolas', proyecto de la Vicepresidencia nacionalista. Pero no se trata sólo de marcar diferencias: lo que conviene (se supone que, como siempre, hablamos de una conveniencia electoral) es trazar una alternativa propia. Es decir: Emilio Pérez Touriño y sus fontaneros han decidido que el supuesto o presunto (disque) adoctrinamiento infantil a manos del Bloque Nacionalista Galego está mal. Pero está mal porque no es el suyo. Intuyo las líneas de su propuesta para los imberbes: el Himno de Riego sonando a todo trapo a la entrada de las 'escuelas comunales', en las que todo es de todos y se redistribuyen los juguetes; para ir aprendiendo, más que nada.

¿Y qué decir de Hugo Chávez? El caudillo venezolano es el perfecto ejemplo de 'líder sordo', como me gustaría bautizar esta anomalía tan normal y consustancial entre los gobernantes. A pesar de haber contribuido a desvirtuar la democracia venezolana (plebiscito día sí, día también), el reciente referéndum convocado por Chávez me sirve como paradigma de la comunicación directa entre ciudadanos y políticos. “Yo pregunto, tú respondes”. Pero, barbaridades de la política, el fan de Castro ha interpretado la pérdida de un amplio sector que antes le apoyaba... ¡como un mensaje para que continúe con su fabuloso plan! Sí señor: el malentendido de Hugo no sé si se parece más al del teléfono estropeado, al del mundo al revés o es más bien una tomadura de pelo al estilo de “no me gusta lo que dices, así que haré lo que me de la gana”. Seguramente esto último.
De esta sintomatología política, acentuada en tiempo electoral, creo que podemos concluir una cosa, Alfredo. Existen dos tipos de comportamientos a ciegas entre los políticos. Uno es el que ejemplifica Hugo Chávez y, tristemente, tiene difícil solución que no pase porque los venezolanos le bajen los humos y lo manden a casa. O a Cuba. Porque lo que le pasa a Hugo Chávez (como a Putin, como a Evo Morales, como a Castro, como a Hu Jintao... como a X, y póngase en ese X al dictador que se prefiera) no es que reciba de manera errónea las peticiones de sus ciudadanos. Es que no las quiere oír. Pero el otro comportamiento, el de los gobernantes democráticos que no entienden o no atienden las solicitudes de los que les mantienen, sí tiene cierto remedio. El parche a la pérdida de vista progresiva que inevitablemente provoca el Poder puede que sea prescindir de estrategas. Esa sería seguramente la mejor opción: y más allá de los discursos de lo que Partido Popular y Partido Socialista consideren derecha e izquierda, izquierda y derecha (vaya confusión…), cada cual atendería las demandas ciudadanas en relación a lo que comúnmente se denomina gestión pública. Para retomar el ejemplo: Touriño tendría claro que la mejor ofensiva contra los mandilones nacionalistas, vista la hostilidad social frente a tales ocurrencias, no es su sustitución por otras batas socialistas, sino simplemente su no existencia... Y, paradojas de la vida, el triunfo del sentido común sobre la paranoia de la estrategia partidista sería una estupenda estrategia electoral, puesto que conectaría con el clima ciudadano. Es más: todos nos ahorraríamos algún que otro sonrojo diario y podríamos acudir a las urnas con la cabeza un poco menos gacha.
Así que esta es mi respuesta, Alfredo: por supuesto, los ciudadanos tenemos el derecho y la responsabilidad moral de saber lo que queremos. Ahora bien, a la responsabilidad moral de los gobernantes de escuchar a los ciudadanos se le debería otorgar carta de ley no escrita. Sé lo que estarás pensando: una cosa no quita la otra.
Un saludo, Alfredo, y ojo con los politicastros.
Aida L. Rosell
(Siento la imperiosa necesidad de reproducir la frase utilizada por Poder Limitado en la reciente conferencia de Arcadi Espada en Coruña y, como viene a cuento, ahí la dejo: “Los políticos están interesados en la gente, pero eso no es nada bueno. También las pulgas se interesan por los perros”. P. J. O’Rourke. Qué grande).
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13.11.07 @ 00:53:43. Archivado en Politica
Hola Aida
Ya sabes que si hay algo que me preocupa es la ceguera y el sectarismo partidista que se imponen en la vida pública. La falta de perspectiva y la sujeción a la dictadura de lo políticamente correcto o a la disciplina muchas veces enloquecedora del partido me hierven la sangre. Estos últimos días (bastantes desde que no actualizo el blog, mea culpa) han sucedido una serie de hechos que me obligan a poner de relieve aquel viejo dicho que reza “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Me estoy refiriendo a tres asuntos:
1- Las declaraciones del premio Nobel de Medicina Watson. Recordarás que este científico afirmó estar convencido de que los seres humanos de raza negra poseían, por norma general, una inteligencia menor que la de los de raza blanca. Automáticamente, todo bicho viviente, con o sin conocimientos de ciencia o medicina atacó su “racismo”. Desde luego que la afirmación del doctor Watson no es, ni mucho menos, “elemental” e ignoro si incluye algún componente racista pero, en sentido estricto, no tendría por qué hacerlo. Imaginemos que tiene razón. Que unas pruebas científicas prueban su afirmación. O la contraria, que los blancos son menos inteligentes que los negros. O que los chinos. O los judíos más inteligentes que todos. ¿Podríamos, en nombre de lo políticamente correcto, callar al científico? ¿Nuestras normas sociales están por encima de la ciencia? No quememos a Galileo, la ciencia no tiene ideología y el discurso ético y la tolerancia bien entendidos nunca pueden atacar esto. Si la afirmación de Watson es falsa, necesita una refutación científica. Si es verdadera, tendríamos que asumirla, sin perjuicio de ningún respeto ni tolerancia.
2- El primo de Rajoy y el cambio climático. Puedo entender el cabreo de los científicos involucrados en la investigación del cambio climático y puedo entender el mosqueo de Al Gore ante declaraciones tan “ecoloescépticas”. Lo que de verdad no me explico es cómo miles de personas que, al igual que yo, son analfabetas científicamente y conocen el cambio climático “porque lo han leído en una revista” pueden mofarse del comentario del líder de la oposición. Lo que merece mofa es que Rajoy, habiendo defendido meses atrás “la importancia del desafío del cambio climático”, se pase al bando escéptico tras ver el compadreo Gore-Zapatero. La ciencia va aparte tanto de los usos sociales como de los políticos. Rajoy, como todos los ciudadanos, debería informarse sobre el tema, escuchar tanto a los científicos que defienden la causa humana en el cambio como a los que la niegan, y formarse su propio criterio, independientemente de la postura que haya tomado su rival.
3- La sentencia del 11-M. Y si en mi última carta le daba un fuerte palo a Pedro J, Aida, en este caso tengo que defenderlo de lo que ha sido un clamor general en su contra. Hasta donde yo he leído, el diario El Mundo, nunca llegó a formar una “teoría de la conspiración”, sino que se limitó a resaltar aspectos del atentado que pudieran parecer sospechosos. Algunos de ellos han sido esclarecidos por la sentencia y otros no, pues, si algo claro ha dejado el juicio es que no todo en el suceso está tan claro. Cabe explicar que esto no tiene por qué ser beneficioso para el PP. En primer lugar, ignoro por qué a un partido que hizo de su “arrinconamiento” de ETA su principal arma electoral le pueda beneficiar que se sepa que, bajo su mandato, fueron capaces de cometer el mayor atentado de la historia del país. Por otro lado, el que la estrecha relación entre muchos implicados con las fuerzas de seguridad (hay una gran cantidad de confidentes de Policía y Guardia Civil) no permitiera evitar la masacre, es algo de lo que el ministro del Interior del momento (el señor Acebes) debería responder. Por tanto, apoyar la búsqueda de la verdad del caso, del verdadero autor intelectual, de los errores policiales no es apoyar al PP. La sentencia no aclara todo (como no lo han hecho muchas sentencias en la historia de la justicia, que han sido posteriormente corregidas con otras mayores y que llegaban más lejos, baste recordar el caso GAL), y defender la búsqueda de la verdad es una obligación ética y responsable. Cuando sepamos todo, veremos a quién beneficia y a quién perjudica. Por principio, la investigación de los hechos nos beneficia a todos y no encuentro motivo para criticar a un medio de comunicación por emprenderla.
Pero ésta es la tragedia, Aida. De quienes gritamos aquel “Queremos saber”, tras comprobar que el gobierno de Aznar buscaba complacerse con sus medio-verdades, algunos se han bajado del carro, sospechando que la verdad pueda beneficiar a sus rivales políticos. ¿Y qué si lo hace? El conocimiento de la verdad es más importante que todo este paripé político. Pero hoy día, la gente no busca tener toda la información para formarse su opinión. Todo lo contrario, la gente se sumerge entre la información usando como traje de buzo su propia opinión. Evitan encontrarse con algo que pueda cuestionar sus verdades establecidas, sus mitos y sus lugares comunes. Cuando un dato, una investigación periodística o científica, una información, una verdad, hace tambalearse su visión preconcebida se echan a temblar y gritan: -¡¡¡No, por favor!!!¡¡¡¡NO QUEREMOS SABER!!!!
Yo quiero, Aida ¿y tú?
Alfredo Puentes
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16.10.07 @ 10:43:26. Archivado en Politica
Moi boas, Alfredo
Me llamó la atención el pasado viernes 12 de octubre una noticia leída en el diario La Voz de Galicia. Su titular era alarmante: “A Mesa alerta de que o galego está-na-peor-situación-da-súa-historia”.
Tras breves cavilaciones, caí en la cuenta. Despejé de mi cabeza las insistentes imágenes sobre aquel chiste en el que un gallego se sube a una mesa para enchufar una bombilla (¿o era inglés?) y recordé aquellas dulces clases de bachillerato. Sí, Alfredo, aquellas tardes en las que el profesor nos ponía sobre la mesa datos y estadísticas, estudios, en fin, firmados por una tal Mesa pola Normalización Lingüística. Me acordé de aquellas lecciones: de cómo se nos contaba que este organismo fue creado, ad hoc, al tiempo que la Lei pola Normalización Lingüística y de cómo la recién creada autonomía pretendía con esto redimir un idioma, el nuestro, que, como el de otros territorios españoles, había sido maltratado durante el régimen franquista.
Mas, el objetivo no era sólo la redención, la lógica cooficialidad (en este punto el tono del maestro tomaba cierta solemnidad). Había que luchar por la reconquista de los hablantes. "¡Qué prueben su propia medicina!" No sé en tu caso, Alfredo, pero a mí aquel profesor siempre me cayó muy bien. Entregado a su profesión y a sus alumnos, con cierto toque bohemio que causaba furor entre las jovencitas… Sólo me molestaba un poco la manía suya de hacerse el sueco si se nos escapaba un ¿qué dices? por el acertado ‘que dis?’ o la otra de mirarnos como quien mira a un cabroncete cuando errábamos las vocales abiertas, semiabiertas, pechadas y semipechadas.
Pero volviendo a lo que es noticia: la página de La Voz sacaba a la luz los últimos datos obtenidos por el Seminario de Sociolingüística de la Real Academia, que indican que el gallego es el idioma inicial sólo para el 20% de la población (gallega, se entiende). Carlos Callón, presidente de la Mesa, califica la situación de ‘estarrecedora’: “Nunca na milenaria historia da nosa lingua a transmisión xeracional foi tan escasa”. (Aún puedo oír a mi profesor, aquel brillo en sus ojos…) El mapa sociolingüístico informa de que la situación es especialmente preocupante en las ciudades y entre los grupos más jóvenes. Como constituyo parte del sector señalado, me voy a permitir, Alfredo, sugerir algo a los señores gobernantes de la Xunta: por favor, eviten que este informe sea futura materia de examen en las aulas. Créanme, los chavales (somos así de necios) no le encontramos mayor sentido. Y además, ¿no es paradójico que sea entre estos estudiantes entre los que más se pierde el uso del gallego? Pues eso: que como no entendemos las gráficas, no aprendemos.
Después de examinar, por grupos, qué gallegos utilizan ‘só galego’, ‘máis galego’, ‘só castelán’ o ‘máis castelán’, y habiendo dado con un porcentaje ‘sorprendente’ de gentes que afirman hablar ‘outros idiomas diferentes’, los estudiosos de la sociolingüística han llegado a una clara conclusión: el Gobierno gallego debe tomar medidas. El propio escrito lo subsidia la Presidencia de la Xunta a través de la Secretaría Xeral de Política Lingüística, así que no creo que tengan muy difícil hacerles llegar a nuestros dirigentes estas reivindicaciones. Y bien, la idea que subyace, Alfredo, no es otra que la siguiente: Mesa, RAG, Seminario y demás chiringuitos (¡qué paradoja, aquí, utilizar el lenguaje del Bloque Nacionalista Galego!) han tenido poco éxito en su Reconquista. “¡Estamos fracasando en la expansión del sacro idioma!”, se dicen. Luego, se preguntan: “¿Cómo imponerlo mejor?” “¿Imitaremos el estilo catalán con la multa al panadero que no cambia el letrero en el que anuncia su chapata en castellano imperialista?” “¿Habrá que enseñar a los preescolares a delatar a los compañeros que se expresan durante el recreo en sucio español?” “O, mejor, ¿profundizamos en nuestra política social del maletín-para-la-perfecta-embarazada-nacionalista y las barbies-de-las-hijas-de-Breogán?”
Exagero, lo sé, Alfredo. En realidad, todo esto no son más que simpáticas paradojas. Pero oye, dan qué pensar. Por ejemplo: la noticia de la que te vengo hablando aparecía en La Voz de Galicia en perfecto gallego normativo. A su lado, páginas y páginas de actualidad en castellano. Me dirás, Alfredo, que es simple casualidad. Me queda, no obstante, la duda de que la noticia cumpliese la cota que otorga la subvención. Pero eso sí que sería una paradoja estarrecedora. Yo, por lo de pronto, cuando se me acerquen para una enquisa de estas, me pienso unir a ese ‘sorprendente’ (y paradójico) porcentaje, tan sabio, que ante la pregunta idiomática responde: “¿Eu? ¿Idioma? ¿Galego ou castelán? Outros, outros”.
Deica logo, Alfredo
Aida Rosell
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09.09.07 @ 19:29:14. Archivado en Politica
Saludos Aida
Lamento haber prolongado tanto mi ausencia de este, nuestro querido rincón en la red, pero entre viajes y prácticas varias no he tenido mucho tiempo no ya para escribir, sino para decidir algo sobre lo que verter mis palabras. La solución estaba delante de mis narices, ya que llevo un tiempo leyendo un libro que me ha sugerido un tema sobre el que he estado madurando ideas: la relación entre los políticos y los que somos sus enemigos naturales en la peligrosa selva del poder: los periodistas.
Ahora, tras haber pasado la última página de Amarga Victoria, donde Pedro J. Ramírez narra su versión del proceso que condujo a la victoria electoral de Aznar sobre Felipe González en marzo del 96, siento la necesidad de explicarte lo que, en mi opinión, es una absoluta pérdida de perspectiva.
Veamos, Pedro J. tiene una visión devastadora del gobierno de Felipe González, donde casos de corrupción, crímenes de estado y mala gestión económica campan a sus anchas bajo el paraguas del inagotable carisma del presidente. Bajo su punto de vista, el único modo de impedir que el felipismo degenere en un régimen a la mejicana, es que la oposición articule un proyecto fuerte en la figura de un líder, José María Aznar, al que Pedro J. admira y aprecia personalmente.
Este es el diagnóstico del autor de la situación política del momento. Y, por supuesto, si el periodista cree que, en tal momento, la llegada de Aznar al gobierno era necesaria (y posiblemente lo fuese al menos por consolidar una alternancia) no es sólo un derecho sino un deber que lo exponga y lo defienda. Sin embargo, parece que Pedro J no se tropezó en su paso por la facultad con el omnipresente nombre del profesor Martínez Albertos. Albertos defiende en sus escritos la necesidad del “principio de editorialización explícita”. Es decir, la opinión debe estar circunscrita a los espacios reservados a ella y lo que de ninguna manera es aceptable es que el parecer del periodista o la propia línea editorial del medio informen la totalidad del contenido del periódico.
Me explico con un ejemplo: ante la reiteradas acusaciones desde medios afines al socialismo hacia Aznar por no ofrecer un programa político propio y pretender llegar al poder por puro desgaste del adversario, el Mesías Pedro J. se sube al monte Sinaí y baja con dos tablas de la ley en forma de entrevista a cuatro páginas con José María Aznar donde detalla los pormenores de su programa político y económico. No acuso al director de El Mundo de defender la victoria del Partido Popular (está en todo su derecho), ni siquiera de dejar que su condición de amigo personal de Aznar influyese en su labor profesional (asunto que creo que sorteó con bastante fortuna) sino de convertir su periódico en un instrumento para la victoria popular en las elecciones. Si Pedro J. ve en Aznar al mejor candidato posible debe dejarlo claro en sus editoriales, en sus columnas de opinión. Si está convencido de que la victoria de Aznar es lo mejor para el país debe decirlo públicamente cada vez que tenga ocasión. Ahora bien, lo que no debe hacer es tratar de influir en la opinión pública mediante subterfugios.
Comprendo su compromiso personal con la derrota de un gobierno enfermo y podrido como era el de González, pero si quiere convencer al público debe hacerlo limpiamente, con el público consciente de que se le está tratando de convencer, y no ajustando la agenda de su periódico a las necesidades electorales de la oposición. No puedo objetar nada a que El Mundo apoye abiertamente la candidatura de Aznar pero un periódico no es un arma electoral, es un periódico. El convencimiento honesto de que una opción política es la más conveniente no puede llevar al comportamiento deshonesto de hacerle favores de cara a la opinión pública.
Y observo que Ramírez no ha aprendido. Hoy en día no es que El Mundo siga siendo un medio afín a las tesis del PP (lo que, repito, es respetable si sus redactores consideran que tales tesis son las más adecuadas) sino que, en su empeño por conseguir que los políticos que les gustan se hagan con el poder, están dispuestos a jugar al peligroso y sucio juego de distorsionar la realidad en su favor. A sacar las noticias que más les convienen, a ocultar las que menos les convienen, a publicar las fotos donde mejor salen, donde más simpáticos pueden caer. A diseñarles entrevistas a su medida y a publicarlas en los momentos más adecuados. No a convertirse en un medio que apoya la llegada al poder de un partido, sino que se ha convertido en parte de su maquinaria para hacerlo.
Todos tenemos un pequeño pesado repetidor de ideas dentro de nosotros y el mío se está empezando a hacer con el control así que resumo, Aida: si Pedro Jota y El Mundo de verdad creen que debo votar al Partido Popular deben intentar convencerme, lo que no deben hacer es manipular mi percepción de la realidad para variar mi juicio. Hay una fina línea entre ser un periodista legítimamente comprometido con un fin o ser un mero propagandista. Pedro J. Ramírez ni siquiera se dio cuenta de cuándo la cruzó y la consecuencia es que El Mundo de Pedro J. se ha convertido en el mundo de Pedro J.
No sé tú qué opinas
Alfredo Puentes
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23.07.07 @ 11:20:05. Archivado en Politica
Muy buenas, Alfredo
Yo también me alegro de que me comentes lo que me comentas. Me explico. Además de estar totalmente de acuerdo con lo que tú piensas acerca de la EpC, esta vez sin una sóla objeción (aunque tal vez este no sea el término más adecuado, y sino, que se lo pregunten a los obispos insurgentes…), me das pie Alfredo a criticar otra de las iniciativas de este ejecutivo: la de la MH, que además de una revista de esas que llaman femeninas es un proyecto de ley de memoria histórica. Pero esto no es rajar por rajar, sino todo lo contrario. Criticaría esta ocurrencia legisladora fuera del color que fuese. Sin duda. Por cierto, pienso que deberíamos de evitar estos largos preludios. ¿Tú qué crees?
El otro día, en la Diputación Permanente que sustituye a la actividad del Congreso en las vacaciones parlamentarias, el portavoz socialista López Garrido, gran rojo advenedizo en las filas zapateriles, advirtió de sus intenciones. Su grupo, osease, el grupo que gobierna, tiene pensado retomar el plan de memoria histórica durante el tiempo estival. Gracias por advertir, señor López Garrido, pues ya se sabe, “quien avisa no es traidor”. Muy honrado, pero no por eso deja de ultrajar el ultrajador. Y es que fíjate, Alfredo, en esta ley de memoria histórica. Póngase un mínimo de atención en su mismo nombre (muchos son ya los que la tildan de histérica, eso sí, a gritos y tirándose ellos mismos de los pelos) y quedará casi todo dicho.
La situación es la siguiente: hace 70 años hubo en nuestro territorio una guerra civil, funesta guerra en la que yo no participé, me supongo que sí mis familiares, y en la que se mataron hermanos de distintos bandos. Fue esta una lucha fraticida absurda –por el poder, cómo no- entre fachas y comunistas, dicen. Años ha de que ocurriese, un iluminado en el puesto de presidente –otra vez, la cúpula del poder- pretende dictar al pueblo en forma de ley cuáles fueron sus ganadores, quiénes sus perdedores y, ante todo, cómo habríamos de arreglar el entuerto. ¿Cuál entuerto? Pues el resultante de que los vencedores instalasen una dictadura (con sus represalias) y hasta después de 40 años no se haya podido vivir en libertad en esta santa península. Ahora, considera el iluminated, podemos desquitarnos.
Se trata de lo que tú cuentas Alfredo acerca de la educación cívica, pero en otro ámbito: la conciencia es algo personal, íntimo y privado. ¡Y la memoria! No quiero negar que exista una idea colectiva de tan horrible acontecimiento, pero sí atestiguar que es algo interiorizado por cada individuo y que sólo ahí, en el interior de cada cual, existe. Dentro del campo de la moral, la futurible ley in memoriam de la guerra y sus guerreros pretende regular algo tan etéreo como los ánimos revanchistas de media España, ni más ni menos. Creo por todo esto que los traumas, de existir, mejor que se limpian en casa. Institucionalizar el trauma y la venganza me parece un enorme absurdo político y un sinsentido contraproducente.
Del mismo modo que rechazo la inmersión lingüística, la pasada y la presente (ya sabes a lo que me refiero), no soy yo muy amiga de que se legisle porque sí. Pero bueno, Alfredo, no sé que se podrá hacer para frenar el afán legislador y revanchista de Garrido y su jefe Zapatero… Quizá recomendarles el estupendo libro de Bruno Leoni, La libertad y la ley, o que se reúnan un rato con Zerolo. El diputado socialista parece muy al día del gobierno gemelo polaco. Opuesto a sus remembranzas del holocausto, a lo mejor les hace caer en lo similar que es esta MH.
Hasta pronto
Aida Rosell
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14.07.07 @ 20:09:00. Archivado en Politica
Hola otra vez, Aida
Haces muy bien en recordar las artimañas del gobierno del Imperio Romano para controlar a sus ciudadanos. Más que nada porque a día de hoy, y a merced de formas de gobierno más legitimadas como la democracia, en ocasiones la gente se olvida de que el control de la población es la tendencia natural en todo gobierno y por ello se olvida de tratar de evitarla.
Una buena prueba de esto es el debate surgido en España ante la próxima aparición de la asignatura de Educación para la Ciudadanía en los planes de estudio de la educación obligatoria. La reacción de sectores conservadores y religiosos ante el programa de la asignatura, que consideran que ataca directamente sus valores, ha llevado a polarizar el debate en torno a qué tipo de valores debe inculcar el Estado a los niños. Desgraciadamente, las voces que claman por la no inculcación de ningún valor por parte del gobierno apenas se hacen oír.
Es increíble la capacidad que el público partidista tiene para ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Se puede estar dispuesto a que el gobierno pisotee una libertad fundamental siempre que sea a los otros, se puede disculpar al gobierno de nuestra cuerda una intromisión fatal en la vida de los ciudadanos que jamás sería perdonada a un gobierno de la cuerda contraria. Hace poco discutía con una persona sobre este asunto y ella aseveraba “No veo dónde está el problema que puedan tener en que en el colegio se enseñe que el matrimonio homosexual es tan normal como el heterosexual. Si algún padre no está de acuerdo en que se llame matrimonio no tiene más que decirle en su casa a su hijo que él no está de acuerdo con lo que le enseñan en la escuela”. El argumento es cínico y es evidente el porqué. No albergo ninguna duda, Aida, de que de darse el caso contrario (que el libro proclamase la impropiedad de llamarle matrimonio a una unión homosexual) y fuese ella quien tuviese que enseñarle en casa lo contrario a su hijo, no se tomaría el asunto con tanta calma sino que pondría el grito en el cielo (y con toda la razón del mundo) por lo que el gobierno estaba tratando de inculcar a su hijo.
Pasa que aquí somos así de egoístas. Y la misma afrenta es grave o leve dependiendo de si quién la sufre o quién la ejerce es de nuestro bando o no. Esto, por otro lado, muestra una gran falta de visión. Porque quienes hoy defienden la imposición de la moral del gobierno porque les gusta la moral de este gobierno, sufrirán tarde o temprano la imposición de la moral de próximos gobiernos que no sean tan de su gusto. Y probablemente en ese caso comenzarán a criticar. La cuestión no es que a mi hijo se le enseñen los valores de Zapatero o de Rajoy, la cuestión es que a mi hijo se le enseñen unos valores decididos por el gobierno, sea quien sea quien lo maneje en ese momento. Lo que no consigo hacer entender a nadie, Aida es que mi problema con la EpC no es que no esté de acuerdo con los valores que propugna sino que, aún en el caso de que el libro siguiese fielmente y uno por uno todos mis puntos de vista estaría en contra de su imposición. Los valores son algo muy personal que cada padre debe enseñar a sus hijos y que, desde luego, no deben estar nunca en manos del Estado. Si hoy confiamos en la capacidad del gobierno para enseñarle moral a nuestros hijos, si le damos carta blanca a su imposición ¿qué le impedirá el día de mañana tomar cada vez más y más decisiones por nosotros?
No se trata de que se quiera imponer una moral socialista. Si los supercatólicos que hoy protestan estuvieran en el poder probablemente querrían endosarnos una moral cristiana. Se trata de que la propia asignatura es una puerta abierta para el adoctrinamiento estatal, para el control estatal. La oposición a ella, por tanto, no debe ser monopolizada por los sectores conservadores. Los que no estamos en ese grupo, los progresistas, los liberales… debemos oponernos también. No se trata de apoyar o no los valores progresistas, se trata de apoyar la libertad. Se trata de darle o no más poder al poder. La oposición conservadora no es la correcta para este proyecto. La correcta ha de ser la de los progresistas y liberales que le digan a Zapatero, parafraseando a Voltaire “Comparto lo que usted piensa pero negaré hasta la muerte su derecho a imponerlo”
Seguimos en contacto
Alfredo Puentes
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04.07.07 @ 14:49:34. Archivado en Politica
Saludos Alfredo
Resulta que Julio César había triunfado con sus tropas por las Galias y por ello contaba con el apoyo militar, pero le faltaba aún el beneplácito del pueblo. Esto, para convertirse en el gran emperador que luego fue. Así que optó por el pan y el circo. El grano que Julio César repartía entre sus conciudadanos puede considerarse algo así como el primer subsidio de paro y los juegos que montaba en el circo romano (algunos, verdaderas batallas navales), un gran ejemplo de “distracción” del vulgo.
Para distraído, Alfredo, el Debate sobre el estado de la Nación, que termina según empiezo a trazar estas líneas. Pero, oye, entiéndeme bien, distraído no en su acepción de divertido, sino en la de despreocupado o abandonado. Como dijo Duran i Lleida, no con poca razón, en esa cámara cada vez más se aplauden las descalificaciones y no las propuestas. Pero bueno…vaya, que por qué negarlo… La verdad es que sí ha sido entretenido. De talla, un gran espectáculo, que diría Ónega. Lástima que no lo he podido seguir por completo… Pero me quedo con la propuesta del Presidente, panem et circenses en estado puro: se concederán 2500 euros a cada familia que tenga o adopte un hijo. Eso sí, a partir de enero, así que, ahora que estamos en julio, que sepan las parejas que ya pueden y deben empezar a reproducirse. Calculo que los que tuvieron la santa idea de formar una familia antes del mes de abril se van a quedar sin una más que estimable suma de dinerito. Cousas de la burocracia.
Me quedo con la propuesta del Presidente, Alfredo, y me quedo con la respuesta de los del Pepé, que agradecen a Zapatero que vaya a aplicar una norma que ellos incluyen en su programa. Sí, sí, en el programa del Partido Popular, Alfredo, qué te pensabas. Los de las bancadas de la derecha tampoco andan mancos de su ración de pan ni de su ración de circo. Es más, la cantidad que el partido de Mariano “la furia” Brey, el nuevo púgil del cuadrilátero, ofrece en su programa es de 3000 euros, que no se diga. Supongo, aunque igual es mucho suponer, que si fuera por ZP (si le dejasen ser ZP) serían más los euros que se daría a los fieles reproductores de la especie socialista. Y subráyese ese ‘se’, impersonal pero muy contribuyente. Lo que pasa es que, según tengo entendido, el ministro Solbes, que le sujeta a Zapatero el laurel (económico) a sus espaldas, en los paseos triunfales le susurra al oído aquello de “recuerda que solo eres un hombre, y yo tengo que mantener el presupuesto”.
Me ha gustado, he de confesar que me ha gustado esta primera parte del show político. Mucho mejor que el paripé mediático, dónde va a parar. Aunque me dirás Alfredo, con razón, que lo que debiéramos pedir es, otra vez recurriendo a una frase de Durán Durán, un poco de sensatez en nuestra clase política. Sin embargo, era esperado y ha sido lógico que se produjese este encarnizado enfrentamiento entre los dos líderes. Esta lucha sobrepasa ya lo político y pasa las barreras de lo personal. Es apasionada y vehemente. Ambos han cruzado el Rubicón y ahora, alea jacta est. Me imagino una conversación entre Zapatero y Rajoy, pongamos, en el día de mañana, por los pasillos del Congreso de los Diputados. ¡Cuán emocionante! Zapatero, haciendo referencia a las luchas de barones dentro del Pepé, le dirá a Rajoy que se salve de posibles cuchilladas a la puerta del Senado, que un tal Gallardón ha estado conjurando y a lo peor tiene que decirle a su hijo ‘bruto’, “¿tú también, hijo mío?” Rajoy devolverá fuerte el gancho y le espetará un “cuidate de los idus de marzo”.
Un abrazo
Aida Rosell
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