Manuel Villena Lázaro
Granada
Rondaban los años 50 del siglo pasado cuando acaecieron los hechos que a continuación relato.
Una moza de aparente buena situación social y económica entabló relación con un mozo, de un pueblo limítrofe, de igual y consolidada condición. El mozo, engatusado con los encantos y carantoñas que la moza le dispensaba, prontamente sintió el dulce dolor de las flechas de Cupido en su inocente corazón. El padre del joven vio con buenos ojos el natural enamoramiento de su hijo.
Pasados uno o dos meses, no recuerdo exactamente, y a iniciativa de ella empezaron a sonar clarines de boda, que prontamente llegaron a oídos del progenitor del chaval. Sin más demora el padre, hombre de campo y poco locuaz , solemnemente dijo: "Filiberto, no hay que correr ni trillando que se rocía la parva". El escueto mensaje fue entendido a la perfección, ocasionando una feroz lucha interna entre el amor y la obediencia, venciendo ésta el enamorado puso frenó al impulso nupcial. Al poco se fue haciendo visible e inocultable la causa de la premura femenina, siendo ajeno el mozo a tan embarazosa situación.
Siguiendo los cánones de la moral de la época todo quedó disuelto. Ella, al poco tiempo sufrió un aborto natural y seguidamente ingresó en un convento de clausura.
Esta situación, que aparentemente es un fósil del pasado, está de rabiosa actualidad, basta actualizar los nombres a los protagonistas ; la moza: Caja Castilla la Mancha, el mozo: Unicaja. La única diferencia es que en aquella situación el "barco" estaba lleno y ahora la caja está vacía y difícilmente los responsables ingresen en convento alguno.
Jueves, 5 de noviembre
El Espacio del Dircom
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Jaime Rodriguez
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
José Antonio Piñero
Casimiro López González
Rolando Rodrich
Juan Cruz Osta
Mercedes Guiot