Lorenzo de Ara Rodríguez
Puerto de la Cruz (Las Palmas)
Sr. Director:
Las manos no hacen falta en los albores del siglo XXI. Las manos sobran. También están de más la cabeza y los ojos. Poco valor le doy al hecho de poder escuchar (¿oír?). La boca es un artilugio pergeñado para privilegiados.
Si usted cree tener opinión es que aún no ha despertado de un delicado sueño.
La crisis, tan real como las mentiras del socialismo antes de las elecciones generales, no tiene la virulencia necesaria para poner a temblar al hombre-faro del socialismo español.
La gravedad de los datos provocan, siquiera, una leve acidez, la cual deja de causar molestias abriendo un sobrito de Almax.
Los más de tres millones de parados dejan de ser reales cuando Zapatero se entrevista con Gabilondo. Cuando pacta la financiación autonómica con una sola de las 17 comunidades autónomas y cuando aprueba unos Presupuestos Generales del Estado que han nacido para engordar la avaricia y el desarraigo de los nacionalistas vascos y gallegos.
Zapatero es el hombre más sano de España. ¿Por qué? Sencillamente porque el huésped de la Moncloa no se expone a la intemperie. La calle no pasa por su despacho. No hay ministro en su gobierno con derecho a enviarle una fotografía real de la situación. Zapatero se cargó a W. Bush y eso es más que suficiente para que se pavonee por el jardín.
Zapatero es el hombre perfecto para cantar el Gordo de Navidad. Todos los números serían los ganadores. Ningún español, jugador o no, se quedaría sin el Gordo. El Gordo en su totalidad. Ni segundos, ni terceros, ni cuartos ni quintos premios. Zapatero da el Gordo, no otra cosa.
Gordo fue el proceso de paz. Gordo fue el mensaje mesiánico del pleno empleo. Gordo fue aquello de que la crisis pasaría de largo, y por esa razón no afectaría lo más mínimo a los primogénitos del líder socialista más relumbrante del nuevo orbe. Gordo fue su peregrinaje por medio mundo para obtener una foto en la cumbre de los poderosos. Gordo es, una vez, su entreguismo al nacionalismo.
Zapatero tiene voz para cantar el Gordo y para cantar más cosas. Canta como no lo hace ningún otro político español. Si Franco tenía la voz aflautada, Zapatero la tiene metálica.
El pueblo español no es capaz, todavía, de descifrar los entresijos más oscuros de este hombre. Las palabras de Zapatero llegan a los oídos del hombre libre (ja, ja, ja) como música celestial que acompaña en el éxodo al nuevo pueblo elegido por el dios socialista.
La salida de la cueva está abierta para que las bestias de la vocinglería entretengan al populacho que, en la plaza mayor del pueblo disfruta de lo tangible: nubes de algodón y luces de feria.
Domingo, 27 de mayo
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Antonio Pérez Henares
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez