Javier Equísoain
Pamplona (Navarra)
Si yo fuera militante del PP, que ahora no lo soy, me hubiera presentado contra Rajoy sin ninguna duda y nos hubiésemos batido el cobre, políticamente hablando, como dos titanes. El combate hubiese sido largo y terrible. Solo uno de los dos hubiese ganado. Yo me hubiera lanzado al ruedo, no ahora como amagaron otros, sino cuando se anunció Maria Cristina Castro, a mitad de marzo.
Le habría pedido a Rajoy públicamente, en los medios de comunicación, su renuncia cautelar a la presidencia del PP. Al haber dos candidatos alternativos, él sólo podría haber sido, desde ese momento y hasta el congreso, presidente en funciones. La prensa hubiera doblegado a Rajoy y hubiese tenido que aceptar esta condición irrenunciable.
Sin miedo a nada, sin complejos de ningún tipo, y sin hipotecas con nadie le habría pedido a la ejecutiva del PP y a su todavía secretario Acebes que pusiera el aparato del partido a disposición de ambos candidatos. No hubiese permitido jamás ninguna ventaja a favor del otro. Lo hubiese denunciado ante la prensa o incluso ante los tribunales. Hubiese sido un escándalo mayúsculo.
Hubiese trabajado los medios de comunicación sin límite, sobre todo las radios y las televisiones. Habría intentado convencer de mi alternativa a la sociedad en general incluyendo a la gente de izquierda. Esta parte de trabajo en los medios de comunicación hubiese sido la “clave” de mi campaña. Aquí mi discurso habría quedado claramente explicado a todo el mundo.
Humildemente habría recorrido todas las provincias españolas visitando a los compromisarios. Les hubiera explicado mi programa cara a cara, les hubiese transmitido mis ilusiones, y en definitiva, los hubiese convencido de que sería capaz de llevar al PP al Gobierno.
Hubiera pedido públicamente ayuda, compromiso y sentido común a todos los referentes del partido, Rajoy el primero, Aznar, Fraga, San Gil, Ortega Lara, Mayor Oreja, Lucas, Arenas, etc. pero también hubiese recurrido a Pons, Pizarro, Soraya, Gallardón, Aguirre, Herrera, Camps entre otros. No habría ni excluido ni prescindido de nadie, sino todo lo contrario, hubiera sido un candidato capaz de unir, de crear sinergias; como el griego Temístocles de hacer remar a todos en la misma dirección.
A estas alturas, ya hubiese dicho quien iba ser mi secretario general, lógicamente. Puede que hubiese sido una señora con un par.
Y así hubiésemos llegado todos al congreso. Tal vez Rajoy se hubiese retirado el último día al saber que el PP se quedaba en buenas manos.
¿Para que iba a buscar yo los avales? Nunca me hubiese molestado en contarlos. Nunca hubiese perdido un minuto en eso.
Martes, 10 de noviembre
Antonio Pérez Henares
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Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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