Cartas al Director

Visita al Museo del Prado

04.01.08 | 16:17. Archivado en Educación, Historia
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Antonio García Fuentes
Escritor y filósofo
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(Finales de noviembre de 2007) A las 9,30 un grupo de jubilados; estamos rodando sobre nuestro autocar, el que nos lleva a visitar el Museo del Prado; recientemente terminadas las obras de ampliación y que por la importancia de, sus fondos pictóricos (está considerado como la mejor pinacoteca del mundo) ya de por sí abundantísimos; han podido ser ampliados enormemente, simplemente sacando de los sótanos o almacenes, cantidad de obras que no se podían ver, por falta de espacio. Además hay durante unos meses, en exposición; una monográfica de Velázquez y a la que han acudido, obras de otros museos o colecciones, de otras partes del mundo; por lo que ello será una ocasión que difícilmente se repetirá en el futuro.

Mientras circulamos y aún cuando el trayecto es corto; aprecio el bullicio de la gran metrópoli; en la que me encuentro siempre “perdido” y hoy más; por lo que no daré ni un paso más, que los necesarios y motivados por estas visitas… todos estas bullas o ajetreos, son para mi infernales; y no es de ahora… hace ya muchos años que me repelen las grandes ciudades y las aglomeraciones del tipo que sean; considero que aquí no se vive… se trabaja y se vegeta; por ello, ya voy teniendo deseos de estar en mi casa, llevo dos días aquí… y me parecen “dos largas semanas” de ausencia.

Llegamos al museo y en uno de los laterales aparca el autocar (afortunadamente se han reservado espacios para bastantes autocares, pues aquí acuden gran cantidad de turistas en grupo y “sueltos”); bajamos de inmediato, el guía gestiona las entradas y nos las entrega; y previo pago de su importe, ofrece gestionar un guía para la visita interior. Yo declino ello e iniciamos la visita mi esposa y yo; se nos une otra pareja del grupo. Decido ello, por cuanto yo quiero ir a “mi aire” y detenerme donde me apetezca y pasar de largo donde no; sé que aquí ya había “cuadros” y otras obras de arte, como para estar semanas (ya lo visitamos una vez y hace bastantes años) y yo quiero ver tranquilamente; la obra de Velázquez, Goya, El Greco y algunos otros de los grandes pintores… “de todos los tiempos” (lo que llaman moderno o vanguardista, simplemente me es indiferente); puesto que el arte que a mi me “entra”, es el denominado Clásico y en todas sus variedades, puesto que hay mucho y donde recrearse viendo al verdadero artista… que como decía Cerbantes (firmaba con b)… “El buen artista imita a la naturaleza… el malo, la vomita”. Considero que no se puede definir más ni mejor.

Lo primero que hago, es ya dentro del museo y en el amplísimo hall, donde hay incluso una enorme cafetería; lugar de descanso, mostrador de información y auxilio, etc. y en éste último, solicito y me entregan gratuitamente un plano de este complejo (son varios edificios) y el folleto monográfico de la citada exposición dedicada a Velázquez. Lo examino y como está magníficamente señalizado, me dirijo a mi principal meta; puesto que está en esta planta baja de este palacio o “Edificio Villanueva” y donde hay pinturas y esculturas, como “para hartarse”.

A las diez de la mañana, iniciamos esta “carrera” y como se puede suponer; lo primero que visitamos es la “monográfica de Velázquez”, que felizmente está al inicio de uno de los itinerarios; después iremos viendo otras salas de Velázquez, Goya, El Greco, Ribera, Tizziano, Rubens y otros… docenas de salas, cientos de obras pictóricas de autores de fama; muchas esculturas; algunas de ellas de dos o tres siglos antes de Cristo… tres horas viendo arte y es claro que ello… cansa y “emborracha”; y pese a que en el intervalo hemos ido descansando algunos minutos, en los bancos que hay instalados para tal fin; puesto que embriagados con la admiración de tanto arte, no te das cuenta de que te cansas, hasta que el cuerpo se rebela y protesta grandemente y es entonces cuando caes en el banco, pero sigues mirando. A las 13 h. salimos de este gran museo, el que se nos muestra con la multitud de visitantes (españoles extranjeros de múltiples orígenes; hay escolares) que a la entrada (más o menos) encontramos, aguardando o formando largas colas por las diferentes entradas, puesto que tiene varias y para facilitar la entrada y salida de los miles y miles, que cada día arriban por este lugar, que posiblemente sea el más, o de los más visitados de toda España… junto a la Alhambra de Granada. El museo se encuentra muy bien vigilado en todas sus salas, entradas y salidas, cámaras, etc.; aquí debe haber “legión” de cuidadores y vigilantes; y que van desde la dirección y su estado mayor, pasando por la citada vigilancia, equipos de restauración y cuido técnico, hasta las limpiadoras o limpiadores; puesto que todo él brilla por una limpieza digna de ser resaltada… es una joya mundial y hay que cuidarla; felicitemos por ello al Gobierno de España en todas sus épocas “lúcidas”. “Las hubo deplorables y lo cuenta la historia del museo” (verlo en Internet).

Como quiera que dentro hace calor y los atuendos que llevamos son para soportar el frío y no nos hemos quitado nada de encima; ese calor nos produce sed, si bien dentro “yo no he notado nada”; pero al salir los cuatro nos dirigimos cuasi instintivamente a un bar que divisamos al otro lado del amplio paseo y jardines que hay ante el museo; y allí sentados, tomaremos unas generosas copas de cerveza que nos caen como una bendición. Salimos contentos de esta muy bien empleada mañana madrileña y nos encaminamos al autocar. Mientras regresamos al hotel, vuelvo a recordar la vorágine de esta visita a tan gran museo, el que reitero... necesitaría muchos días para verlo y disfrutarlo como merece.


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