Miguel Massanet Bosch
Barcelona
Lo que les decía, en nuestro país podemos decir con tranquilidad que lo blanco es negro y viceverse sin que se nos note en el rostro el más mínimo rubor. Uno llega a preguntarse hasta donde podrá llegar este fariseismo que se ha apoderado de una buena parte de la ciudadanía y, lo que todavía es peor, de aquellos a quienes les corresponde hacer que las leyes se cumplan a favor de aquellas personas que han sufrido alguna clase de injusticia, menosprecio o daños personales. Me refiero, como ya pueden ustedes suponerse, a unas noticias recientes que vienen apareciendo en la prensa de estos días en las que se da cuenta de ciertas actitudes adoptadas por personajes relacionados con la Administración de Justicia que, por venir de quienes viene, deberían preocuparnos a los ciudadanos de a pie.
La cosa empezó con la publicación en algunos periódicos de una curiosa (por no aplicarle otro calificativo más duro) declaración de la magistrada del TSJPV, Gabiñe Biurrum, afirmando que la “única salida” y “la más razonable” para zanjar el caso del etarra De la Juana Chaos era, simplemente, absolverlo; así como lo oyen, sin más ni más. Es decir, que un sujeto que se dedica a insultar al tribunal, patear en la sala y reirse del Estado despues de haber simulado una huelga de hambre a base de jamón, por ser quien es y por miedo a que se les muera de inanición, lo mejor y más justo que se le puede hacer es ponerlo de patitias en la calle para que pueda continuar delinquiendo, ¡bravo, señores! Pero después añade algo que pone, sin querer, el dedo en la llaga cuando afirma que los magistrados vascos llevan: “… un plus de responsabilidad profesional a esa especie de estar sometidos a críticas muy duras…”; sí, señora mía, y no debe extrañarse de ello, porque me temo que algunos de ustedes no deberían ejercer de jueces ya que para hacerlo deberían vencer el miedo les corroe las entrañas ( nadie está libre de sentirlo, pero en caso de un juez o magistrado inhabilita para ejercer el cargo) y no son capaces de enfrentarse a según que tipo de juicios, especialmente si se trata de juzgar a etarras.
Por si éramos pocos ahora resulta que, de Barcelona (recordemos al señor Carot y sus acuerdos con los terroristas para que libraran a Barcelona de atentados), otra hornada de llamados juristas ( me imagino que simpatizantes de los independentistas vascos) se han llevado las manos a la cabeza por la “injusticia” que se comete con el pobre De la Juana Chaos. Para ellos la sentencia que se le ha impuesto al criminal etarra es muy “dura” y exagerada. Vamos a ver, señores abogados y magistrados catalanes, sólo les pido que, por unos momentos, se dejen de sus veleidades jurídicas y sus particulares ideas políticas para intentar ponerse en el lugar de aquellas personas que han sufrido en sus propias carnes o en las de sus seres queridos la “medicina” que les aplicaron los de la pistola en la nuca, y diganme: ¿están seguros de que pensarían lo mismo si les hubiera sucedido a ustedes o a un familiar querido?, ¿continuarían siendo tan benevolentes con los asesinos? o se dejarían de tantas zarandajas y se unirían a los que piden que todos los que cometan actos de terrorismo se pasen la vida en la cárcel. Resulta muy bonito erigirse en defensor de los derechos de los delicuentes – lo que uefemisticamente se ha dado por llamar “derechos humanos” – sin acordarse de que quienes han sufrido la pérdida de los suyos: ya sea por haber sido asesinados o por quedar lisiados para toda la vida o por perder a algún familiar próximo; quienes ya no tendrán la oportunidad nunca, ¡oíganlo de una vez: nunca!, de volver a vivir (los que puedan hacerlo) con normalidad, ni recuperar lo perdido, ni compartir con el ser querido ninguna de las viviencias de las que, sin embargo, todavía pueden gozar sus ejecutores.
Durante los últimos tiempos, señores míos, son demasiado frecuentes los errores judiciales que permiten excarcelar a terroristas, las instrucciones sumariales defectuosas, los policías que avisan a los etarras para ayudarles a evitar la justicia, las intromisiones de jueces en ámbitos de competencia ajenos , quien sabe, con que extraños objetivos; para que ahora salgan ustedes como valedores de aquellos que han atentado contra la seguridad del Estado y de los ciudadanos que, a la vez, son los causantes de más de ochocientos asesinatos de personas inocentes. La ciudadanía percibe con claridad que esta no es la clase de justicia que desea y, somos ya muchos los que pensamos que en este deterioro algo tiene que ver la llegada al poder del gobierno socialista.
Algunos deberían repasar los preceptos del Derecho Natural de primer curso de la carrera ( puedo evocar la figura del inefable Dr. Luño Peña) y repasar algunos de sus principios básicos, en especial aquel que todavía recuerdo y que decía:” Honeste vivere, alterum non laedere, suum quique tribuere”; porque esto es lo que reclamamos de la Justicia para todos los ciudadanos honrados, que son los que tienen derecho a vivir protegidos de la lacra abominable del terrorismo, sin falsas concesiones a la galería y sin que el Gobierno, en nuestro nombre, claudique, vergonzosamente, ante sus presiones.
Miércoles, 11 de noviembre
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