Cartas al Director

Ajedrez, fútbol y política

14.07.06 | 19:01. Archivado en Política, Deportes
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Ramón Ibero
Correo electrónico

Svetozar Gligoric, destacado jugador de ajedrez de la segunda mitad del siglo XX, afirmaba que cuando en una partida uno de los contendientes controla el centro del tablero puede hacer prácticamente lo que le plazca. Con ello quería decir que quien domina el centro domina el juego y a través de él su desenlace. Una vez establecidas las cautelas necesarias, la fórmula es aplicable con total garantía a infinidad de actividades en las que dos bandos pugnan por el triunfo dentro de un espacio acotado como terreno de juego.

En el fútbol, la importancia del centro queda reflejada en el término línea medular con el que se designa tanto ese espacio como el conjunto de jugadores que lo cubren: generalmente, dos o tres por bando y, a ser posible, uno de ellos en calidad de líder y cerebro organizador. Sobre dicha línea basculan casi siempre las incidencias decisivas del partido y en torno a ella suelen tener lugar las acciones táctico-estratégicas que llevan a la victoria o la derrota. También aquí puede afirmarse que, por regla general, quien domina el centro domina el juego y consecuentemente su desenlace.

De forma análoga, los partidos políticos de ámbito nacional, conscientes de la validez de la idea, parecen abandonar en determinados momentos a sus incondicionales para luchar por el dominio de esa parcela, bien que definida en este caso no como zona de equilibrio sino como reino de los indecisos. Se trata, en cualquier caso, de una maniobra táctica destinada a ampliar, aunque sólo sea coyunturalmente, el ámbito de influencia y al mismo tiempo huir de las posiciones o, como mínimo, de las formulaciones radicales, que tan mala prensa tienen en nuestros tiempos. La democracia se basa en el consenso y el consenso en el diálogo. Al menos, en el plano superficial, pues la realidad profunda y más auténtica ya es otra cosa.

A principios de los años setenta del siglo pasado, el estadounidense Robert Fischer se erigió en figura destacada del juego ciencia gracias a unas condiciones individuales realmente únicas: conocimientos teóricos, personalidad, control de sí mismo y afán de victoria. Con su retirada -–tras imponerse en solitario a toda una legión de grandes maestros soviéticos-- se cierra una edad histórica del ajedrez en la que, según un comentarista británico, sus practicantes más notables pueden distribuirse en cuatro grupos: jugadores que son judíos y rusos; jugadores que son sólo judíos; jugadores que son sólo rusos; jugadores que no son ni judíos ni rusos.

Después de Robert Fischer llegan las máquinas conocidas con el nombre de electronic brains. Ha desaparecido el azar, la contingencia, el factor humano, y se ha impuesto el determinismo alumbrado por el cálculo matemático. El jugador de ajedrez cede el sitio al ordenador servido por un equipo de analistas que es en realidad un think tank. Estamos en la era de la electrónica. El judío estadounidense, antibelicista fuera del tablero, pertenece al pasado, al igual que gran parte de la aportación humana al antiguo juego; queda la estrategia.

En el último Campeonato Mundial de Fútbol pudieron verse básicamente tres tipos de equipos: equipos que jugaban en bloque, sin grandes individualidades; equipos formados exclusiva o casi exclusivamente por individualidades, sin conjuntos dignos de tal nombre; y, por último, equipos formados por individualidades que jugaban en bloque. Al primer grupo pertenecían las selecciones de países como Suecia, Ucrania y Suiza; al segundo, la de Brasil; al tercero, las de Portugal, Francia y sobre todo Italia. En su partido contra Alemania, la squadra azzurra exhibió un juego a la vez sólido y dinámico, fruto de un concepto estratégico que en determinadas ocasiones -–concretamente en sus maniobras de despliegue y repliegue-- alcanzó la perfección. A la postre, la estrategia, metafísica del juego liberado del azar, impone su superioridad y otorga la victoria a quien actúa de acuerdo con sus leyes.

El equipo español me hizo pensar en un conjunto frágil y endeble del que salvaría únicamente a Xavi Hernández por su visión del juego, su sentido de la colocación y sus recursos técnicos, mientras que nuestro seleccionador, Luis Aragonés, no me parece una persona sensible a la dimensión metafísica del juego y por lo tanto tampoco capaz de elaborar estrategias de cierta profundidad y alcance.

En política, los dos grandes partidos nacionales llevan demasiado tiempo enzarzados en antagonismos que sólo pueden ser fruto de una preocupante falta de sentido de Estado. Rodríguez Zapatero, en su condición de jefe de Gobierno, pretende ahora desmontar la estructura unitaria de España como nación y, erigido en gran pacificador, acceder a un Estado federal sui generis, marginando aquí al Partido Popular y sirviéndose allí de las formaciones-coaliciones periféricas como fuerzas de arrastre. Su proyecto es realmente arriesgado y ambicioso, pero aún más ambicioso y arriesgado es el proyecto (para ser exactos, los proyectos) de sus aliados.

Habrá que prestar mucha atención a los acontecimientos de los próximos meses, pues, terminado el Mundial de Fútbol, la pelota sigue rodando en nuestro patio. Precisamente en esa pelota, convertida por un momento en bola de cristal, yo veo, para este verano, una expulsión fulminante por fuera de juego doloso y contumaz. No la derrota de España como nación y Estado, tampoco el fin de su historia y, en ningún caso, su muerte súbita.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Sábado, 18 de febrero

    BUSCAR
    • facebook
    • twitter
    • Youtube
    • RSS

    Hemeroteca

    Febrero 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
      12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    272829    

    Sindicación