"La genética nos cuenta que provenimos de unos humanos que vivían en el este de África hace 60.000 años y emigraron hacia Asia, por la costa, hasta llegar a Australia hace 50.000 años. Otra oleada de emigración, de la que proceden también la mayoría de los africanos, viajó hace 45.000 años a Oriente Medio y Asia Central y, desde allí, unos fueron hacia Europa (hace unos 35.000 años) y otros a Siberia (hace 20.000 años), de donde cruzaron a América". Lo afirma, con total convicción, sólidos argumentos y un arsenal de pruebas, el científico Spencer Wells.
El investigador estadounidense está en España para presentar su libro Nuestros antepasados. Wells tal vez sea en este momento quien más autoridad tiene para hablar de genética y para remitir a toda la raza humana a unos pocos abuelitos africanos que vivieron hace 60.000 años: es el responsable de una iniciativa a escala global para registrar el ADN de la humanidad y, a partir de eso, establecer sus orígenes, los cambios que ha ido sufriendo y los movimientos migratorios de la población.
El proyecto Genographic -solventado por IBM, National Geographic y la Waitt Family Foundation- tiene dos componentes claves que se complementan. Por un lado está el trabajo de campo, que realizan los integrantes del equipo científico y consiste en documentar el material genético de los pueblos aborígenes. Ellos permiten conocer de primera mano lo que sucedió con la raza humana, pues, como explica Wells, "hay personas que no se han movido en decenas de miles de años y mantienen una conexión con su pasado. Nos dan una visión más clara del aspecto que tenían los antepasados. Gracias a ellos podemos ver cómo se han movido por el mundo".
Hasta el momento -el estudio comenzó hace dos años y está previsto que concluya en 2010- se han recogido en esta fase 20.000 muestras de sangre de las 100.000 previstas. Una tarea que resulta fácil, aún con la natural reticencia de los aborígenes a prestarse a la extracción, porque a ellos mismos les agrada poder contribuir a la memoria de sus antepasados: "Conocen hasta diez generaciones. Nosotros les decimos que eso es el ADN y se entusiasman", señala el científico.
La segunda parte del Genographic es pública y se desarrolla a través de un "kit de participación" que cualquier persona puede comprar por 99,95 dólares (unos 74,30 euros) para conocer de dónde proviene su linaje. En el kit se incluye el material y las instrucciones necesarias para enviar muestras de células del interior de la boca y sumar así la propia información genética al proyecto, además de conocer su "migración ancestral personalizada".
Estas dos partes del ambicioso estudio se retroalimentan, pues el dinero que se recauda a través de la venta del kit sirve para solventar el trabajo de campo y para apoyar proyectos de preservación cultural y educación entre las poblaciones indígenas participantes.
Es en base al material analizado hasta ahora que Wells asegura poder corroborar la hipótesis del origen único africano. Dice que "con el tiempo variaron las características superficiales (piel, ojos, pelo, rasgos), pero por dentro somos iguales. Somos de la misma familia africana, hace 60.000 años". Su conclusión es rotunda y aplastante: "todos los seres humanos somos primos y estamos conectados por los antepasados. Es importante saber que las razas no existen".
Ayer recordaba el famoso dicho de Julio Verne: "Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad".Y hoy se me presenta la más clara prueba de la tremenda perspicacia del autor de La vuelta al mundo en 80 días y Viaje al centro de la Tierra.
La primera parte, la de la imaginación, se remonta a octubre del año pasado, cuando en un arranque de lo que entonces me pareció fantasía pensé que podría hacerse un reality televisivo a la manera de Operación Triunfo pero literario. Imaginé una academia de escritores con incautos aspirantes al loable oficio tomando clases de gramática y ortografía y sudando la gota gorda en talleres de creación literaria, titulación y creación de personajes. Los novatos recibirían consejos de sus "profesores" (escritores consagrados, a ser posible muy premiados pero hasta entonces poco mediáticos) sobre la utilización de la tercera persona o cómo medirse en el uso de metáforas y adjetivos y serían juzgados por el público hasta quedar uno, el ganador, con un contrato asegurado en una editorial y un jugoso adelanto por los derechos de publicación de la obra. En mi osadía llegué incluso a elegir a Juan Marsé como director de la escuelita.
Y ahora se cumple la segunda parte de la acertada frase de Verne, la que tiene que ver con la realización de lo imaginado por parte de terceros: la academia-concurso de escritores existe. En este momento hay doce aspirantes a obreros de la palabra compitiendo por unos 3.500 euros y la publicación de su trabajo en la revista universitaria Punto de partida. Cuatro de ellos, además, acaban de ser nominados por el jurado y se enfrentan ahora a diversas pruebas escritas y al voto del público, en base a lo cual se decidirá quién es el primero en abandonar el certamen.
El concurso se realiza en México, auspiciado por la Universidad Nacional Autónoma (UNAM) y se llama Caza de Letras. No ha llegado a la televisión (aún), sino que se desarrolla por completo en internet, por lo que en lugar de reality se lo conoce como virtuality.
Una amiga romana está viendo todas las películas de Werner Herzog, fascinada por la fascinación que a su vez siente el actor, director, guionista y productor alemán por las personas cercanas a la locura, el ridículo, la rebeldía, la muerte y el misterio.
Herzog colecciona antihéroes, los documenta y estudia. Hace películas (él se niega a distinguir entre las de ficción y los documentales) en las que esboza un personal retrato de estos seres singulares con el mayor realismo posible en una recreación audiovisual.
Uno de esos personajes herzoguianos es Kaspar Hauser (El enigma de Kaspar Hauser, 1974) quien por estos días, aunque 179 años atrás, apareció vagando por las calles de Núremberg en estado semi-salvaje y escondiendo una historia atroz que jamás logró ser aclarada en su totalidad.
Cuando fue hallado, Hauser sólo pudo apuntar su nombre y su supuesta fecha de nacimiento (30 de abril de 1812) en un papel, pues no sabía hablar, leer ni escribir y sólo aceptaba alimentarse de pan y agua.
Poco después se descubrió que había sido mantenido en cautiverio durante muchos años, aunque nunca se supo con certeza de dónde procedía, quién lo había encerrado ni por qué y tampoco cómo logró liberarse.
Hauser fue educado por su protector y tutor, el abogado Anselm von Feuerbach, quien en base a lo que el propio joven le fue contando (como que había vivido sus primeros años en palacios) se inclinó siempre por la teoría de que se trataba de un príncipe de la casa real de Baden que fue secuestrado y reemplazado por un pequeño moribundo para acabar con su dinastía.
Otras hipótesis posteriores afirman que Hauser podría haber sido el hijo ilegítimo de Napoleón Bonaparte con Stephanie de Beuharnais, la esposa de Karl von Baden, y señalan las similitudes físicas del misterioso muchacho con Napoléon II.
Hauser murió en 1833, a causa de unas heridas de arma blanca recibidas de manos anónimas. Hoy se designa con su nombre al síndrome que padecen los niños que han sido privados del afecto paterno e incluso de todo contacto con otros seres humanos.
Circula por la red como un número musical de una película india de los años '60, pero en realidad la canción, cuyo título es "Tú eres mi Superman", está en la película Dariya Dil, de 1988.
Lo cierto es que el video -aunque de muy baja calidad- no tiene desperdicio. Prepárense para disfrutar de unos efectos especiales de avanzada y de una coreografía...bueno....al menos divertida.
Un millonario coleccionista chileno está revolucionando el mercado de las subastas y el ambiente -generalmente muy exclusivo y controlado por unos pocos- en el que se mueven los compradores de los museos internacionales dedicados a la historia de la moda y al cine. Se llama Jorge Yarur Bascuñán y su nombre está en boca de todos desde que hace unos años comenzó a pujar y a comprar a precios que ni siquiera instituciones poderosas y de gran prestigio pueden alcanzar.
Así, por 21.150 dólares, Yarur Bascuñán logró quedarse con el sujetador que Jean Paul Gautier diseñó para Madonna para su gira “Blonde Ambition” y pagó otros 94.800 dólares por el tutú que Leslie Hurry concibió para la bailarina británica Margot Fonteyn en el Lago de los Cisnes.
Los reputados coleccionistas de este tipo de objetos dicen que el recién llegado chileno tiene buen ojo pero, sobre todo, un bolsillo profundo que le ha permitido hacerse con las mejores piezas que se han puesto en venta o han salido a remate.
¿Pero quién es Jorge Yarur Bascuñán y qué pretende? El chileno tiene 46 años y un patrimonio económico heredado que solventa la realización de todos sus sueños. O los sueños de su madre, que es lo que Yarur Bascuñán dice querer cumplir.
Con ese fin acaba de inaugurar el Museo de la Moda de Santiago (al acto acudió el actor Elijah Wood, el joven de El señor de los anillos), que con una impresionante colección de ropa y accesorios hecha y/o vestida por famosos se perfila como uno de los más importantes reservorios de la historia de la moda del mundo.
El nuevo museo –que abrirá sus puertas al público el 29 de este mes- fue construido en la mansión familiar del rico heredero, hijo único de un bancario y empresario textil y una mujer llamada Raquel Bascuñán Cugnoni que en su época fue modelo de sofisticación y elegancia, ambos ya fallecidos.
Su vástago se encargó personalmente de la completa remodelación que necesitó la casa de 1.500 m2 para albergar una colección que se inició con las 500 exquisitas piezas de los años ‘0 y ’60 que le dejó su madre y se fue ampliando con las acertadas y millonarias compras que Yarur Bascuñán hizo por todo el mundo.
El Museo de la Moda de la capital chilena atesora ya ocho mil objetos, entre los que hay creaciones de Christian Dior, Balenciaga, Yves Saint Laurent, John Galliano o Vivienne Westwood, entre otros grandes modistos, y prendas que aún guardan las formas de Joan Crawford, Marilyn Monroe, Lady Di, Clark Gable o María Callas, sólo por citar algunos nombres.
Yarur Bascuñán empezó con este proyecto hace ocho años. Aunque él supervisó cada detalle personalmente, contrató a la curadora Lydia Kamitsis, ex asesora del Museo de la Moda y Textiles de París, para asesorarlo en la organización y exposición de su flamante colección.
El nuevo -y modernísimo, a decir de quienes ya lo han visto- museo chileno cuenta además con un centro de restauración y conservación y un importante centro de documentación. Y también tiene un espacio destinado al tenis. Nada que ver con la moda, cierto, pero es el deporte favorito de Yurus Bascuñán. Y él está seguro de que su adorada madre hubiera consentido que se guardara una sala para exhibir su particular colección de vestimentas y raquetas de famosos.
En este día en que Madrid -y gran parte de España- recibe sumisa todas las lágrimas del cielo, se cumplen 88 años de la muerte de Amado Nervo. Qué mejor homenaje entonces al gran poeta mexicano que recordar uno de los poemas que le dedicó a la lluvia.
Se llama Las voces del agua:
-Mi gota busca entrañas de roca y las perfora.
-En mi flota el aceite que en los santuarios vela.
-Por mi raya el milagro de la locomotora
la pauta de los rieles. –Yo pinto la acuarela.
-Mi bruma y tus recuerdos son por extraño modo
gemelos; ¿no ves como lo divinizan todo?
-Yo presto vibraciones de flautas prodigiosas
al cristal de los vasos. –Soy triaca y enfermera
en las modernas clínicas. –Y yo, sobre las rosas
turiferario santo del alba en primavera.
-Soy pródiga de fuerza motriz en mi caída.
-Yo escarcho los ramajes. –Yo en tiempos muy remotos
dí un canto a las sirenas. –Yo, cuando estoy dormida,
sueño sueños azules, y esos sueños son lotos.
-Poeta, que por gracia del cielo nos conoces,
¿no cantas con nosotras?
-¡Sí canto, hermanas voces!
Un mes atrás, el 24 de abril, los armenios de todo el mundo conmemoraron un nuevo aniversario de la gran tragedia que vivió su pueblo en 1915, en lo que se considera el primer genocidio del siglo XX.
Se estima que un millón y medio de armenios fueron deportados y masacrados por el gobierno de Turquía. Muchos miles más se conviertieron de la noche a la mañana en refugiados y debieron huir sin descanso para salvar sus vidas.
Lo que sigue es el testimonio de una sobreviviente del genocidio. La mujer se llama Vartouhi, tiene 104 años y vive en Buenos Aires. El documental, dividido en dos partes, fue realizado por Baltasar Bagdassarian, Gonzalo Krikorian y Eduardo Kozanlian.
Letralia, Tierra de Letras cumple once años. Y como no me canso de recomendarla, pensé que lo mejor era escribir un post de cumpleaños. Porque aunque no fue fácil empezar con un proyecto de estas características allá por mayo de 1996, cuando Internet aún era una selva enmarañada, primitiva y agreste, menos aún lo es mantenerlo a lo largo de más de una década, que es lo que lleva editándose esta revista digital de literatura.
La constancia no es otra cosa que la unión de la fuerza de voluntad, la responsabilidad y la dedicación aplicada a un objetivo. Sin duda es también una de las virtudes que distingue al editor y creador de Letralia, Jorge Gómez Jiménez, flamante Premio 20Blogs por su bitácora personal.
Sólo así, además de mantenerse viva todos estos años, Letralia ha sabido hacer fructífero el paso del tiempo hasta convertirse en la cálida y fecunda tierra de acogida y refugio de las letras hispanas. La que hacen los escritores de oficio y los aficionados.
Leo Letralia casi desde sus comienzos e incluso he publicado allí alguna colaboración. Su ejemplo me inspiró hace muchos años –también alumbrada por “la insolencia de nuestra juventud” de la que habla Jorge en su editorial aniversario- la publicación de un boletín literario semanal llamado Letras del Virrey. A pesar de que mi iniciativa tuvo una vida mucho más breve, aquello me sirvió para vislumbrar la colosal, de a ratos solitaria y siempre agotadora (aunque gratificante) labor que desarrollan las manos que están detrás de Letralia recopilando información, resumiendo, descartando, entrevistando, editando, buscando apoyos, escribiendo, recortando fotos, enviando correos, etc.
Letralia, Jorge: por muchos años más.