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Hijos de una guerra inconclusa

Permalink 05.10.08 @ 17:57:12. Archivado en Análisis Internacional

Una bomba explota en una escuela de Kabul. Un puñado de profesores y alumnos salen volando en diferentes direcciones. Tras el impacto, entre los escombros, cae la mano despedazada de un niño. A unos metros, queda el lápiz con el que intentaba luchar contra la ignorancia. El conflicto apagó sin permiso todas sus ilusiones.

Esta es una de las imágenes que hurga en la memoria de los niños afganos que asisten a la escuela, pues a pesar de la reconstrucción, aún continúan las escenas de violencia.

El territorio aún está lleno de minas. La curiosidad hace que los niños crean que la mina que encuentran en su camino es un juguete, el cuál después de llevarlo a casa, explota entre sus manos, quitándole la vida y la de sus familiares.

Niños y niñas, son víctimas de violaciones a los derechos humanos más elementales: acceso a la salud y educación, a tener una familia, al respeto de su vida, al desarrollo de una personalidad sana.

UNICEF realiza denodados esfuerzos en la capacitación a maestros para concienciarlos sobre el peligro de las minas. Hay zonas del país donde la comunidad exige que las escuelas cuenten con un muro (Purdah) que divida a los varones de las mujeres. UNICEF construyó escuelas que cumplan con esta condición.

Intermón Oxfam informa que una de cada cinco niñas asiste a la escuela primaria. Más de la mitad de los niños afganos sigue sin escolarizar. Los maestros no tienen una buena formación y los libros de texto son de baja calidad. Basta con recordar lo que relató la periodista de guerra Åsne Seierstad en El Librero de Kabul, los encargados de revisar librerías en busca de libros prohibidos durante el régimen Talibán no sabían leer.

La infraestructura de las escuelas está muy deteriorada, muchas no cuentan con servicios de agua potable. Millones de niños estudian a la intemperie.

La mayoría de maestros ganan aproximadamente 38 dólares al mes, algunos pagan sobornos para recibir su sueldo, y existen miles de profesores “fantasmas” que cobran sin trabajar. Es importante que los niños asistan a la escuela porque ella les puede proporcionar aptitudes de vida que son de gran importancia en situaciones de conflicto.

La Asociación de Mujeres Revolucionarias de Afganistán (RAWA), publicó unos dibujos que realizaron niños afganos procedentes de sus orfanatos y escuelas. Esos niños, que crecen en un ambiente hostil, sólo pintaron aviones bombardeando la ciudad, terroristas asesinando a niños y mujeres.
Eso genera un trauma bélico psicosocial, porque muchas veces son testigos de la forma indiscriminada en que se mata a la gente.

Más tarde, cuando sean adultos, si no reciben ayuda psicológica, creerán que la violencia es un medio legítimo para solucionar un conflicto. Afrontar esta clase de condiciones durante la etapa de formación deja cicatrices indelebles en la personalidad de un niño. Toda una generación de niños ha quedado marcada física y mentalmente por los horrores de un conflicto insostenible.

El Comité Internacional de la Cruz Roja ayuda a que los menores restablezcan contacto con sus familiares. También mantiene contacto permanente con los grupos armados y las autoridades y fuerzas gubernamentales, a fin de recordarles tanto sus obligaciones como la prohibición de reclutar niños.

El ambiente de destrucción y muerte que impera en Afganistán generó que muchas familias abandonen el país y se refugien en Islamabad, capital paquistaní, donde piden limosna y hacen largas filas para recibir pan gratis. Muchos de los niños refugiados, se dedican a buscar alimentos en la basura.

Otros son reclutados en las madrasas (escuelas religiosas de Pakistán) para luego ser usados como terroristas suicidas, y otras veces, los usan como escudos humanos. Esto no debería convertirse en un fácil pretexto para que la armada estadounidense bombardee gratuitamente instalaciones con gente inocente. Para eso existe la inteligencia militar que, bien usada, puede servir a rescatar rehenes sin derramamiento de sangre, como ocurrió con la liberación de Ingrid Betancourt en Colombia.

Durante los cinco años que duró el régimen talibán, las mujeres tenían prohibido asistir a la escuela o bien enseñar. Los derechos de la mujer fueron reducidos a su mínima expresión. No podían caminar por la calle con un hombre que no sea su pariente. El burka que usaron con el régimen anterior, es un reflejo de la fuerza con que está arraigada la tradición. Muchas mujeres, tuvieron que inmolarse quemándose vivas con gasolina para irrumpir con la indignación que mantenían en silencio.

Después de la caída del régimen Talibán, existe una recuperación gradual en el respeto de los derechos de la mujer, la ONG La Voz de las Afganas contribuye mucho en ese sentido. A pesar de ello, la restitución de estos derechos dista mucho de los que imperan en Europa o América.

La educación ha comenzado a reconstruirse. 18 instituciones públicas del nivel terciario pudieron abrir sus puertas. Este año en el primer día de clases, asistieron más de 6 millones de niños y niñas.

Muchas maestras asisten a dar sus clases, a pesar de las amenazas que reciben de los grupos radicales. Su asistencia es crucial para que los padres envíen a sus hijas a la escuela.

La matrícula de niños aumentó, pero todavía hay miles que no asisten a la escuela. Esa generación que crece sin educación afectará su capacidad como futuros ciudadanos para reconstruir la sociedad. También influye en los padres de familia, a los cuáles les arranca el derecho de dar afecto y valores morales a sus hijos durante los primeros años de su vida.

Aún persiste la disparidad de géneros, causada en gran parte por una cultura machista que hace que se inscriban más varones que mujeres. Esta tradición fue revelada con claridad en el cortometraje “A las 5 de la tarde” (2003) producido por Samira Makhmalbaf. En el cuál, una chica trata de aprender sobre la democracia y sueña con ser presidente. Pero le tiene que ocultar a su padre conservador que está yendo al colegio. Nos reveló no sólo la guerra entre los grupos armados, sino entre la generación del pasado y del presente, así como de los hombres y de las mujeres.

Radhika Coomaraswamy, representante especial de la ONU para los Niños en Conflictos Armados realizó una visita a Afganistán a fines de junio. Conversó tanto con los niños como con las autoridades del gobierno, líderes religiosos y miembros de la sociedad civil. Esperamos que el informe que elabore con las conclusiones de su visita, y que será analizado por un grupo especializado del Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de este año, reduzca significativamente las violaciones a los derechos humanos de los niños.

Irrespetar los derechos de los menores por parte de los grupos armados afganos, es contraproducente porque quitan la posibilidad de poder albergar un futuro mejor para su país, con gente mejor formada e instruida que cuente con las herramientas educativas suficientes y usarlas en beneficio de su sociedad.

Los organismos internacionales deben mirar con seriedad esta situación que aqueja a millones de niños. Las medidas a tomar debieran empezar por:

- Quitar las minas instaladas en las calles.
- Evitar el reclutamiento de niños como soldados o terroristas suicidas.
- Mejorar la eficacia de la inteligencia militar para no bombardear lugares que ponga en riesgo la vida de civiles, con mayor razón si son niños, mujeres o ancianos.
- Continuar con la capacitación a maestros para concienciarlos sobre el peligro de las minas.
- Reforzar la capacitación a maestros en temas pedagógicos.
- Asistencia psicológica a todos los niños.
- Reinserción de las mujeres al empleo y de las niñas a la educación.
- Mejorar las condiciones de vida de los refugiados afganos.
- Apoyo económico para la reconstrucción de escuelas, capacitación a maestros, compra de libros textos de alta calidad.
- La comunidad internacional debe presionar a los gobiernos de Afganistán y Pakistán a suscribir el Protocolo Opcional de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de menores en conflictos armados, que fue adoptado por la Asamblea General de la ONU en mayo de 2000.
- Realizar cruzadas internacionales de ayuda con ropa y alimento para los niños afectados por el conflicto.

Se han dado pasos muy importantes. Este año en Paris, se reunieron cerca de 90 Estados y organizaciones internacionales para tratar sobre la reconstrucción de Afganistán, donde se presentó la estrategia de desarrollo nacional del gobierno afgano hacia el 2012. Lo sustancial es que este país gradualmente pueda ser capaz de velar por su propia seguridad. Los años siguientes tendrán a cabo elecciones presidenciales y parlamentarias que definirán el rumbo político del país.

La presencia de las tropas extranjeras genera mucha tensión entre los grupos armados internos. Sin embargo, no es tan sencillo decidir que la coalición abandone el país porque es prioritario velar por la seguridad de los civiles. Mientras que esto no suceda, conviene que la comunidad internacional equilibre la inversión que realiza en seguridad tanto como en desarrollo social.

Los ciudadanos afganos desconfían mucho de las tropas extranjeras porque, lejos de ayudarles a resguardar su vida, muchas veces los han puesto al borde de la muerte. Es necesario compensar esa desconfianza con una mayor inversión social.

Van a tener que pasar muchos años para cicatrizar las huellas de una guerra que aún no concluye. Mientras tanto, más de una generación pagará las consecuencias. Esos niños que crecen siendo fieles testigos del conflicto, nunca comprenderán porqué les robaron su inocencia, quemando la escuela a través de la cuál podían enfrentar el futuro con paz, lo que otros lo hacían con armas.

Rescatemos a los hijos de esta guerra inconclusa, para que no sucumban ante la violencia que aún late fuerte en su país. Es hora de recomponer el espejo en el que ellos se miraron para que ese reflejo disipe los errores que aún se pueden corregir. Devolver la esperanza a los niños, niñas y mujeres de Afganistán para que sean tratados con dignidad, amor y respeto.


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