La tentación de negar a Dios
14.10.07 @ 02:25:33. Archivado en Cultura
En la obra "Jesús de Nazaret" de Benedicto XVI, el diablo tienta a Jesús: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes" (Mt 4, 3). Con ello desde la antigüedad se pone en duda la existencia de Dios. Con mucha astucia algunos argumentan que si Dios es bueno no debiera permitir tanta hambre en el mundo. Los bienes son jerárquicos y si no respetamos ese orden, apartamos al hombre de Dios, haciendo que sus capacidades valgan por sí mismas y estableciendo como verdaderas solo las realidades políticas y materiales, tentación en la que muchos han cedido. No solo importa saciar el hambre de pan, sino también el hambre de amor, de paz espiritual, de felicidad interior.
El autor critica las ayudas que se dan a los países en vías de desarrollo, las cuáles solo se basan en principios técnico-materialistas. Dejando de lado las estructuras morales, religiosas y sociales existentes. Benedicto XVI llama la atención: "No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios". Para que las obras de hombre sean buenas, su corazón también debe serlo, bondad que solo puede provenir de Dios.
La tentación también se expresa con la pregunta: ¿Qué ha traído Jesús, sino ha conseguido un mundo mejor? El Papa responde: "Ha traído a Dios". Porque Jesús se nos muestra como el camino para llegar a Dios, auténtico bien del hombre.
El concepto del "reino" de Dios ha sufrido muchas variaciones en un sector de la teología católica, quienes le dan una interpretación secularista. En un momento se llegó al "teocentrismo" (Dios como centro de todo); pero con el pretexto de que Dios puede generar divisiones entre las religiones y entre los hombres, se pasó al "reinocentrismo", un mundo donde reine la paz y la justicia. En esa posición todas las religiones conservarían su identidad y trabajarían por un mundo mejor donde reine el respeto por lo creado.
Sin embargo, Benedicto XVI se interroga ¿Quién dará los criterios para concretar esta justicia y construir la paz? y agrega que en ese aparente respeto por las tradiciones religiosas se las considera como costumbres, que al fin y al cabo no cuentan para nada. El autor acierta cuando precisa aceptar dicha posición es caer en el error porque aceptaríamos la desaparición de Dios. Porque ya no se le necesita, solo estorba, se convierte en un obstáculo para el crecimiento económico y político. No olvidemos que el mensaje de Jesús es enteramente "teocéntrico".
Otro mensaje sustancial de la obra de Ratzinger es afirmar que la enemistad con Dios origina la corrupción del hombre. Por el contrario, la reconciliación con Dios supone estar en armonía consigo mismo y luego multiplicar su efecto positivo construyendo paz a su alrededor. "Cuando el hombre pierde de vista a Dios fracasa la paz y predomina la violencia".
Se critica con firmeza el mayoritario pensamiento contemporáneo –muy arraigado en ciertas sociedades- de que cada uno debe vivir su religión o su ateísmo. Ratzinger se cuestiona con razón: ¿Se puede convertir las opiniones y deseos en normas de conciencia, erigiéndose a sí mismo en el criterio a seguir? No es bueno que el hombre sea juez y parte de sus propios actos porque se puede justificar comportamientos indefendibles, por ejemplo el aborto.
Benedicto XVI arremete contra la filosofía de Nietzsche, quien criticó la moral del cristianismo y propuso apelar solo a nuestras satisfacciones individuales, con una tendencia clara al egoísmo. El autor hace bien en aclarar que la verdadera moral del cristianismo es el amor, que consiste en salir de uno mismo para ir al encuentro del otro y de Dios.
El Papa recuerda el mundo griego y las epopeyas de Homero para no caer en la hýbris, que consiste en la arrogante autosuficiencia del hombre en creerse su propio "dios", haciendo y deshaciendo lo que le parezca con su vida, aún si estos actos le generan daño a sí mismo o a los demás.
Uno de los legados que Jesús nos dio con su mensaje fue no solo amar al prójimo, sino también al enemigo, buscando incansablemente la reconciliación. Esta grandeza moral -que supera el "ojo por ojo, diente por diente"- nos debe llevar a actuar en función del amor hacia toda persona humana. Mahatma Gandhi fue un personaje que aplicó este ethos y logró restablecer la paz y la libertad en su pueblo.
La obra intelectual del Papa Benedicto XVI es digna de destacar, toda vez que irradia una luz que sirve como referencia para no sucumbir ante la dictadura nefasta del relativismo moral. Si negamos a Dios, nos negamos a nosotros mismos porque provenimos de El y nuestro ser solo se perfecciona en función de Su voluntad.
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Carlos Alberto Rosales
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