Errores del populismo en la educación
14.09.07 @ 21:44:26. Archivado en Análisis Internacional

Acabo de leer El regreso del idiota (Ed. Sudamericana 2007), obra que denuncia de forma coherente las nefastas causas y consecuencias del populismo y caudillismo en América Latina. En el ámbito económico estoy completamente de acuerdo al sugerir el fomento de la inversión extranjera, la disminución del aparato estatal, el respeto del Estado de derecho y de la propiedad privada, así como de una economía de libre mercado que fomente la libre competencia y elimine los monopolios. Citaré los casos emblemáticos que los autores usan para explicar las desventajas del populismo en la educación.
Un principio saludable es que el desarrollo económico debe ir a la par con una mejora de la calidad educativa, porque de lo contrario tendríamos casos como el de Chile donde el año pasado se suscitaron unas manifestaciones estudiantiles precisamente porque la educación pública quedó relegada respecto de la privada por causa de la burocracia. A pesar que este país es un buen referente económico, su educación pública deja mucho que desear, como también sucede con sus países vecinos. Mejora económica pero descuido de la educación.
La educación por sí sola tampoco basta, como se demostró en su momento cuando se comparó el nivel educativo y cultural entre Argentina y España durante el siglo XX, en el que Argentina a pesar de llevar la delantera, eso no necesariamente se tradujo en una mejora sustancial de su economía. Una prueba son los taxistas argentinos altamente cultos, pero profundamente pobres.
El peor error que puede cometer un presidente de tintes populistas y autoritarios como Hugo Chávez, es controlar la educación pública imponiéndole en nombre de la “revolución bolivariana” una ideología política retrógrada. Los autores aciertan cuando precisan que la educación es tomada por asalto mediante una reforma que contempla la presencia de los llamados “supervisores itinerantes” encargados de garantizar la correcta enseñanza del mensaje revolucionario de Chávez. El lavado de cerebro de la población estudiantil culmina en la Universidad Bolivariana, creada por Chávez, y regida por un rector militar y directivos egresados del ejército.
Pero Europa no se queda atrás pues todavía existen algunos países que no entienden por completo la importancia de que la educación no se vea afectada por paros y huelgas de centrales sindicales como ocurre en Francia, protestas que a veces violan el respeto a la propiedad privada como ocurrió hace algunos meses con el incendio de decenas de automóviles en su periferia. En honor a la verdad esa interferencia sindical no solo ocurre en la Ciudad de la Luz sino también en muchos países latinoamericanos como México, Bolivia, Perú y Argentina, por citar solo algunos.
Otro error se comete en España, en la que con el falso argumento del igualitarismo se evalúa con el mismo estándar a todos los alumnos, sin importar que entre ellos haya quienes por tener más capacidades, deben desarrollarlas al máximo sin tener que ir con el nivel del promedio. Por culpa de este falso igualitarismo el maestro pierde autoridad al ponerse al mismo nivel del alumno. Mientras que por otro lado se descuida perversamente la cultura del esfuerzo y de la obra bien hecha, de la excelencia y la meritocracia para mejorar la calidad de la enseñanza. Se abandona la lectura, la redacción y el dictado de textos de modo que esos niños llegan a la universidad con un analfabetismo funcional.
Los autores miran el buen ejemplo de China y República Checa, donde se impulsa como mucho ímpetu la educación científica y tecnológica, formando ingenieros y técnicos; mientras que sus pares latinoamericanas solo se contentan con formar humanistas sin lograr que sus universidades se vinculen con la empresa o que promuevan la investigación, que es una de sus razones de ser.
Otra solución pertinente es educar la calidad visionaria de los dirigentes de cada país, como sucedió en Chile, país que no necesariamente creció porque todos sus ciudadanos compartían una economía de mercado sino porque sus dirigentes tenían una visión mayoritariamente compartida.
También se sugiere dar a las familias de bajos recursos “vouchers” para elegir libremente las mejores escuelas para sus hijos, afirmando de este modo la libertad de enseñanza. Esto además fomenta la libre y sana competencia académica entre los colegios por atraer más alumnos, favoreciendo así la calidad del servicio educativo.
Visto así, los educadores que realmente quieren que sus respectivos países se adapten eficazmente al cambio, aprovechando las bondades económicas de la globalización debieran leer esta formidable obra que puede quitarle la venda de los ojos a quienes por causa de los caudillos se resisten a comprobar las ventajas de una economía de libre mercado.
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Carlos Alberto Rosales
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