La honestidad intelectual por los suelos
07.09.07 @ 20:58:50. Archivado en Sistemas educativos
Una investigación realizada a 5 300 alumnos de post grado de Canadá y Estados Unidos por el Academy of Management Learning & Education en 2006 reflejó que el 56% de estudiantes de economía había copiado en sus exámenes, el 54% de ingeniería, el 50% de ciencias, el 49% de salud y el 45% de derecho. Otro estudio hecho por la Universidad de Rutgers de Nueva Jersey en 62 000 estudiantes de 96 planteles demostró que más del 60% copió en sus pruebas. La institución británica Qualifications and Curriculum Agency reveló que el 25% de los alumnos universitarios ingleses copia. (La Tercera. 26.08.07)
La principal razón para que esta situación se suscite no solo en la universidad sino desde la escuela, es porque el profesor –mediante el tipo de preguntas de sus pruebas- permite que los alumnos tengan la opción de copiarse entre ellos, porque no son interrogantes que exijan creatividad, uso de estrategias, razonamiento inductivo-deductivo. Visto así, si el alumno comprueba que las evaluaciones no son más que una simple lectura fiel de lo que el profesor enseña, entonces no le queda más remedio que copiar.
Razón suficiente para que el profesor –tanto el de escuela como el de educación superior- replantee su labor en clase, de modo que no inculque un aprendizaje pasivo con mínimos esfuerzos intelectuales para el alumno. Por el contrario, debe promover un pensamiento sistémico e innovador que haga que el alumno razone con profundidad sobre lo que dice o responde.
La copia está muy enraizada en los distintos niveles del sistema educativo y de la sociedad. Empecemos con los profesores que no son capaces de investigar y crear diferentes formas de hacer sus clases o también al aceptar seudos trabajos de investigación que solo provienen de una búsqueda superficial en Google y el uso de herramientas básicas de un procesador de texto como “copiar” y “pegar”. También son cómplices los directores de escuela al permitir que este tipo de profesores continúen laborando o incluso cuando imitan modelos educativos extranjeros sin hacer cambios en ellos.
También puede darse el caso de un maestro que nunca repite su clase, pero que a pesar de ello, uno de sus alumnos quiera transgredir las normas con tal de ahorrarse el trabajo intelectual que toda creatividad demanda.
Por ejemplo, hace un tiempo me enteré la forma descarada en la que un grupo de alumnos de una universidad plagiaron un trabajo y fue tal su cinismo que incluso acusaron a la profesora –la cuál rápidamente se dio cuenta y decidió reprobarlos- juntando firmas para pedir su expulsión. Una autoridad de dicha institución casi se cree el “cuento” de los alumnos, si no es porque la profesora tuvo que demostrar la desfachatez con la que sus estudiantes habían copiado fielmente fragmento por fragmento unas publicaciones aparecidas en un conocido buscador en Internet, sin añadir siquiera una letra diferente que provenga de su esfuerzo. Aquel alumno que hoy saca buenas notas usando medios deshonestos se convertirá en el mal profesional del mañana.
En la sociedad vemos pésimas referencias al comprobar que escritores, incluso de reconocido talento, caen en plagios intelectuales, pidiendo disculpas luego por “olvidar” citar las fuentes. Lo vemos en la política, cuando ciertos parlamentarios no son capaces de inventar por sí mismos un proyecto de ley y tienen que limitarse a reproducir uno que fue aplicado en otro país y no se toman el trabajo de adaptarlo a su realidad.
La rutina es hermana ideológica de la copia, porque lo que se repite monótonamente termina en aburrimiento, por eso los padres también tienen una cuota de responsabilidad cuando en casa permiten imitar ideas provenientes de otras familias sin agregarle un valor añadido que la diferencie y que la haga más original, o cuando escucha a su hijo memorizar en voz alta la lección, dejando las cosas como están y no tomarse el trabajo de indagar en la escuela.
La honestidad intelectual está por los suelos y esta conlleva a fomentar más corrupción tanto en el ámbito público como privado. No olvidemos que los estudiantes de negocios son los que más copian, luego no nos quejemos cuando descubrimos casos como Enron. Con mucho acierto Bernardo Kliksberg señaló que a quienes tenían que encarcelar no eran a los ex ejecutivos de Enron, sino a los directores y profesores de las escuelas de negocios en las que éstos se formaron por no saber exigir de ellos un mínimo de honestidad. No me digan que copiar no es inmoral porque tarde o temprano aquel que se inició robando una idea termina adueñándose ilícitamente de algo que no es suyo.
Es verdad que los profesores contribuyen mucho a esta realidad, pero también lo hacen algunos escritores, periodistas, congresistas, directores de escuela y algunos padres de familia. No solo copia el alumno con su profesor, también los abogados, por ejemplo un juez que copia fielmente en sus conclusiones párrafos de una de las partes. El químico-farmacéutico cuando copia la fórmula química de un producto que aún no sale al mercado y muy astutamente es el primero en sacar la patente.
Más allá de las razones por las que un alumno copia –temor, inseguridad, baja autoestima, por aprobar- debemos mirar al autoengaño que genera en quien lo hace, olvidando que la verdad aunque tarde, siempre sale a relucir por sí misma. Miremos de qué forma los profesionales contribuyen a que la honestidad intelectual esté tan traída a menos, hagamos algo por rescatarla de ese abismo.
Comentarios:
SENTENCIA DEFINITIVA E INAPELABLE, FALLO FIRME.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados….
Sentencia definitiva por Discriminación, en perjuicio del profesor Eduardo Marcelo Cocca, Juzgado 12 de la Justicia Laboral de la Capital Federal, condenando a la Universidad John F. Kennedy, Tanbién son condenados en el juicio laboral. Que oportunamente le iniciara el profesor Cocca. Fallo de diciembre 2008
SENTENCIA N* 22.232 en el siguiente link :
http://sentenciafallo.blogspot.com/
" Lo mas atroz de las cosas malas, es el silencio de la gente buena "-
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Carlos Alberto Rosales
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