Los mejores libros del mundo
11.04.06 @ 14:42:44. Archivado en Cultura
Acaba de publicarse “Twelve Books that Changed the world” (Doce libros que cambiaron el mundo) escrito por Melvyn Bragg y reseñado por The Sunday Times Review en su edición del 19 de Marzo. La selección que hace el autor se limita sólo al ámbito británico y es por eso que su lista no necesariamente coincide con lo que cualquier persona culta apasionada por la lectura, considera como aquellas obras que influyeron notablemente en el cambio de nuestras sociedades.
Los libros que más resaltan de la lista de este autor son: “Principia Mathematica” de Newton, “Book of Rules of Association Football” por un grupo de estudiantes de la escuela pública inglesa, “On the Origin of Species” de Darwin, “Experimental Researches in Electricity” de Faraday, “An Inquiri into the Nature and causes of the Wealth of Nations” de Adam Smith, “The First Folio” de Shakespeare y “Magna Carta” por los miembros de la clase dirigente inglesa.
Quiérase o no, de algún modo nuestra forma de percibir el mundo, de comprenderlo, de mirar con un tipo de perspectiva los problemas que nos aquejan, está determinado por los libros que leemos. Por tanto, esos objetos que ante la mirada atónita de cualquier persona inculta parecieran ser una materia del aburrimiento, se convierten por el contrario en una fuente inagotable de placer, imaginación y pensamiento. Los lectores en más de una ocasión nos sentimos identificados con las historias, relatos o hechos que nos tratan de expresar las líneas de un libro.
Después de la reseña publicada por el diario británico The Times, decenas de lectores de distintas partes del mundo participaron de un foro público en el que protestaban sobre las razones de por qué citar sólo libros británicos y no de otras lenguas. Fue así como los lectores propusieron títulos que también influyeron tremendamente en la construcción de las culturas y de nuestras sociedades. A modo de síntesis son: “1984” de Orwell, “Don Quijote de la Mancha” de Cervantes, “Utopía” de Tomás Moro, “Hamlet” de Shakespeare, “La cabaña del tío Tom” de Ernest Hemingway, “Interpretación de los sueños” de Freud, El Corán de los musulmanes, La Biblia de los cristianos, “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swiff, “Suma Teológica” de Tomás de Aquino.
Como le ocurrirá a más de uno, quizás los libros propuestos no son los que más nos impactaron, pero si nos proponemos listar todos aquellos que dejaron una huella en el crecimiento del ser humano como persona, no terminaríamos pronto. Un buen libro es aquel -citando las palabras de un lector norteamericano- que poseen un lenguaje sencillo que no nos obligue ir al diccionario para entenderlo.
Si queremos profundizar en las distintas disciplinas nuestra labor de designar los mejores libros se hace aún más compleja. Sin embargo podemos dar algunos títulos de referencia. Por ejemplo, los educadores no deben dejar de leer “Inteligencias múltiples” de Gardner e “Inteligencia emocional” de Goleman. Los analistas políticos, han debido leer “La democracia en América” de Tocqueville, así como los libros de Giovanni Sartori. Los empresarios tienen como manual de cabecera las obras del fallecido Peter Drucker. Los abogados deben leer “Carta Magna”, obra que en el siglo XII por primera vez limita el poder del Estado sobre sus súbditos y en cierto modo junto con otras obras posteriores, nace el concepto de “derechos humanos”.
Como notamos, faltarían palabras para describir los innumerables títulos que influyen en la formación de los seres humanos. Por ello, la cultura de leer se torna cada vez más imprescindible en una sociedad que ha convertido a la televisión y al
Internet en unos “dioses” a los cuáles rinden culto y pleitesía, olvidando que por el contrario, sus contenidos atentan contra la dignidad de la persona humana y lo que es peor, anulan la posibilidad de desarrollar nuestra capacidad de imaginación que sí se logra cuando leemos un libro con un profundo nivel cultural y con una alta dosis de sensatez intelectual. Son muy pocos los programas televisivos y los contenidos de Internet que fomentan una cultura humanística auténtica.
Resulta penoso ver cómo el acceso a una cultura literaria se convierte en un privilegio para pocos en los países subdesarrollados. Es por eso que así como genera tristeza el fracaso de diferentes publicaciones valiosas, también produce alegría el lanzamiento de suplementos, revistas, libros que fomentan el amor por la lectura.
La cultura del libro no debe remitirse sólo a Nueva York, Madrid, Paris, Berlín y Londres (por citar algunos ejemplos), sino también a esos países que también tienen derecho a buscar en el libro una forma de educarse mejor. Ya que hablamos de cómo un libro puede convertirse en un arma intelectual con la cuál los ciudadanos pueden defenderse ante la ignorancia, cabe considerar el ejemplo latinoamericano cuyas democracias se tornan de un matiz delicado y frágil ante el acontecer político. Encontramos ciudadanos que prefieren al autoritarismo antes que la democracia. Me pregunto, ¿no será coincidencia el hecho que estos mismos ciudadanos son los que menos educados se encuentran en cuanto a la lectura? ¿Qué tipo de formación literaria tendría aquel que considera que ser autoritario es la mejor forma de gobernar un país? Esto nos lleva a pensar que así como existen libros que edifican la mejora del hombre en su integridad, también existen otros que propugnan ideologías que poco bien le han hecho a los seres humanos que tratamos de vivir en un mundo cada vez más sensato, culto y civilizado.
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Carlos Alberto Rosales
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