El día que me quiera (a mí mismo)

Perdonar II

01.02.12 | 08:08. Archivado en Acerca del autor, Valores humanos
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¿Qué hay que hacer para perdonar?

La respuesta me la trae de nuevo Lituania. Estaba buscando un poema para enviar a mi amigo como despedida ante su aventura y encontré estos versos del poeta lituano Milosz:

Hazme caso.
Tiéndete bajo un árbol
bien nutrido con barbas de musgo.
O bajo cualquier árbol.
Tiéndete sin música ni pensamiento.
Sueña en el vacío
de la malgastada nostalgia.
Y sonríe sin rencor
a lo que te ha abandonado.

Ya está. Se perdona abrazando al tiempo y convirtiéndolo en compañero de un viaje interior en el que abramos de par en par todas nuestras puertas con esa llave maestra que es la voluntad de vivir; se perdona con un esfuerzo constante y diario para no malgastarse en la nostalgia; se perdona con trabajo y entrega a los demás, mirando para adelante; se perdona con esperanza, esto es esperando con paciencia la manifestación de nuestra capacidad para la renovación.

Una persona puede sufrir durante muchos años el dolor de una herida causada por quien hubiera debido amarle bien, pero siempre llegará el día en que pueda sonreír sin rencor a lo que le ha abandonado.

Porque esa primavera del perdón es tan cierta como la que llega cada año al hielo de Lituania, aunque al principio del invierno esté igual de escondida.

Me gustaría decirle a quien se siente ahora hundido en la nieve hasta la cintura, que el perdón profundo llegará una mañana sin previo aviso, brotando de la propia esencia. Y quien sufre hoy un dolor inefable podrá tumbarse sonriendo al sol de la vida, bajo el árbol pleno de su propia historia, lleno de musgo por tantos inviernos pasados, pero lleno de hojas verdes y de frutos también.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por saruce 04.02.12 | 12:35

    Carmen, me encanta la poesía en la que te apoyas, para tus post´s, pero, sin disentir en lo más mínimo, considero que el perdón, desde el punto de vista humano, requiere entrenamiento.
    Yo siempre he creído que el perdón y el amor van de la mano, y hay que procurar que ninguna adversidad los separe.
    Amas a quien amas con todo el ardor, con toda la intensidad, con toda la entrega, y percibes que ese amor ha dejado de fluir hacia ti, de reflejarse en ti, de vivir para ti, y el verdadero amor te indica que tu perdón consiste en desearle lo mejor.
    ¡Qué duro, entonces!.
    Y hablo del amor, que no de la ofensa, del daño, o del mismo dolor físico causado a ti.
    Perdonar es tan "inhumano" como dejar la mejilla para que vuelvan a abofetearte, sonreír a quien te vitupera, abrazar a quien sabes que te va a hacer daño.
    Pero el amor es capaz de cambiar sentimientos de repulsión y de temor, por simpatía y acogimiento.
    El perdón, hijo del amor.

Domingo, 27 de mayo

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