El problema de la impunidad
03.05.07 @ 19:17:09. Archivado en Política
Durante este largo fin – de – semana – puente que acaba de pasar he tenido varias conversaciones con algunos amigos que se han parecido mucho a otras que todos hemos mantenido con familiares, compañeros de trabajo o conocidos varios. Charlas en las que la gente te cuenta angustiada sus diferentes problemas con personajes que viven al margen o, por así decirlo, en el borde de la ley: vecinos que no respetan las normas, bares ilegales en los bajos de tu vivienda, padres que amenazan a los profesores, robos de distintos tipos…
Todos conocemos historias similares, muchos las hemos sufrido o hemos visto como las sufrían a nuestro alrededor y en todas ellas hay un fondo común que se repite y que, más allá de las circunstancias concretas de cada hecho, es lo que tiene a la gente, y discúlpenme la palabra, encabronada: la impunidad con la que se nos agrede y se comenten delitos que nos perjudican.
Creo que ese hartazgo por un sistema legal que en lugar de perseguir al delincuente parece protegerle es uno de los rasgos más llamativos de la sociedad española actual y, como otras muchas cosas, tiene un pálido reflejo en la clase política, que parece está en otras batallas.
Esto es todavía más cierto para los partidos de izquierda. No hace tanto veíamos como la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, renegaba de la cadena perpetua e incluso de que se plantease el debate sobre esta medida legal que buena parte de la sociedad española vería con buenos ojos, una parte tan importante como para que, al menos, se abra ese debate en el que se sopesen pros y contras y se estudie de forma seria algo que, por ejemplo, podría servir para que De Juana no se pasease por la calle tan tranquilo.
El propio De Juana, Farruquito, las denuncias de todos los días en las que la policía te dice previamente que no va a poder hacer nada o aquellas situaciones en las que mucha gente piensa, con razón o sin ella, que mejor no denunciar algo poco grave no sea cosa que te hagan algo peor. Son asuntos muy diferentes pero que coinciden en generar una enorme, y probablemente justificada, desconfianza en la justicia.
Se empiezan a oír frases como la que me decía el otro día un amigo: “mi padre dice que si existiera un Le Pen en España él le votaba, y eso que mi padre es de izquierdas de toda la vida”. Y es que la presunta "crispación” no es lo que genera una extrema derecha, lo que la hace crecer son este tipo de problemas y, sobre todo, ver cómo los políticos miran hacia otro lado.
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La impunidad del canalla provoca la impotencia de la víctima. Debe ser el precio de la libertad de nuestro presidente Rodriguez. Y de los que ni siquiera denuncian casos como los que cuentas.
Saludos.
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Carmelo Jordá
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