Yo me estatuto, tu me estatutas, ellos no nos estatutan…
19.02.07 @ 20:34:34. Archivado en Política
Sólo el 36 % de los andaluces con derecho a voto ha considerado que el nuevo estatuto que les propone su clase política es una cuestión con la suficiente importancia como para acercarse un soleado domingo de invierno a las urnas y emitir su opinión. Entre ese ridículo porcentaje de participación hay que reconocer que la victoria del SI ha sido abrumadora, un 87 % de los votos, y que con la actual ley en la mano el nuevo Estatuto pronto será una realidad a cuya legalidad nada se puede objetar.
No obstante, creo que el análisis político tiene que ir más allá que la simple constatación de una realidad legal, porque cuando estamos hablando de una ley de esta importancia uno piensa que hace falta algo más que legalidad, hace falta algo que podríamos denominar “legitimidad” y que no se logra cuando no la apoya ni un tercio de los electores.
Hay que tener en cuenta que la justificación para un cambio legal de esa envergadura en una normativa de ese nivel, que se supone que configura buena parte de la convivencia de una sociedad, se debería basar en una necesidad, una demanda social que estos referendos, bien sea en Cataluña o en Andalucía, demuestran que no existía, es decir, que la maquinaria del cambio se pone en marcha por el capricho de una élite política que quiere mandar más, controlar más dinero y, como diría el lobo de Caperucita, corromperse mejor.
Además, todo este proceso se hace bajo la premisa, cada vez menos defendible, de que cuanto mayores cuotas autogobierno consigue una determinada autonomía más maravilloso y satisfactorio es su gobierno y más felices son los ciudadanos. Si esto es en general un enunciado en absoluto contrastable con la realidad todavía suena más a chiste (humor negro, eso sí) en lugares como Cataluña o Andalucía en manos de políticos tan responsables y eficaces como Montilla, Carod Rovira o el propio Chaves.
Volviendo al caso de Andalucía y de la imitación de referéndum que se celebró este domingo, creo que no exagero si señalo a todo lo referente al nuevo y flamante estatuto andaluz como un perfecto ejemplo de lo que NO debe hacerse en democracia: cambios en las leyes por capricho de los políticos y sin que los pidan los ciudadanos; procesos de negociación que no son sino un chalaneo entre partidos con resultados tan ridículos como la “realidad nacional andaluza”; referendos convocados a toda prisa y teniendo especial cuidado en no informar a la ciudadanía de aquello sobre lo que se le pide que opine…
El resultado es que al final la gente no se molesta en ir a votar, que a tu estatuto lo apoya un glorioso 31 % de los votantes y que tú, Manuel, has quedado como Cagancho.
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" Las Autonosuyas "
Aun siendo exiguo el porcentaje de votantes que apoyan explícitamente el nuevo estatuto no le va a quitar legitimidad al mismo.
Por cierto, pienso que el estado ideal es el centralizado.
Multiplicar por 17 el numero de parasitos y ladrones en potencia (clase politica) es una aberracion monumental.
Los andaluces lo han comprendido perfectamente y han demostrado su desprecio mas absoluto a su clase politica.
Sin embargo, la pregunta si es posible cerrar la caja de Pandora, sigue sin respuesta.
Un saludo
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Carmelo Jordá
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