Miénteme, dime que quieres la paz
10.01.07 @ 13:25:56. Archivado en Terrorismo
Probablemente es una de las escenas más bellas de la historia del cine, de las más intensas y, desde luego, de las más recordadas. Me refiero a ese momento mágico en el que Sterling Hayden, Johnny Guitar, le pide a una maravillosa Joan Crawford, Vienna, que le diga algo bonito:
- Vienna: Claro, ¿qué deseas oír?
- Johnny: Miénteme, dime que me has esperado estos cinco años. Dímelo.
- Vienna: Todos estos años te he esperado.
- Johnny: Y que habrías muerto si no hubiese venido.
- Vienna: Habría muerto si tú no hubieras venido.
- Johnny: Y que todavía me quieres, como yo te quiero a ti.
- Vienna: Te quiero como tú me quieres a mí.
- Johnny: Gracias.
No es que Arnaldo Otegui, Josu Ternera o Txeroki tengan el atractivo felino de esa madura Joan Crawford, pero la actitud de nuestro presidente sí que me recuerda al suplicante Sterling Hayden (incluso diría que tiene cierto parecido con esa cara un poco de pazguato) que está dispuesto a conformarse con que le digan una mentira, siempre que sea “algo bonito”.
El presidente lleva días hablándonos de la paaaaaaz y suplicando que le hablen de paz, pero el que se supone que es su interlocutor ya ha hablado y resulta que no ha tenido la delicadeza de mentirle ni con esa mirada de la Crawford, al fin y al cabo apasionada, ni con esa literalidad tan maravillosamente sencilla y compleja al tiempo con la que la gran actriz repite las frases del que era su amado.
No, ETA miente de una forma más grosera y como mejor se expresa es colocando centenares de explosivos en un lugar público, que como todo el mundo sabe es el camino más corto para que no haya víctimas. Nos demuestran los etarras que no quieren paaaaaz sino proceso, que son cosas muy distintas, y sobre todo nos señalan con nitidez lo que ellos entienden por proceso: vas a hacer lo que yo diga o te arreo media tonelada de amonal.
Pero ahí sigue Zapatero, pidiendo a ETA que le mienta y sin decidirse a hablar él mismo de terrorismo, de persecución policial y judicial y, finalmente, de derrotar a los que sólo saben a hablar el lenguaje del amonal y goma 2.
Triste y patético, al menos Johnny Guitar estaba enamorado. Por cierto, tomen nota de que al final ella rompe el vaso en el que él está ahogando sus penas, ¿les suena?
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Carmelo Jordá
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