Cuarto trilenio
02.10.06 @ 17:28:42. Archivado en Curiosidades, Con un poco de humor, Periodismo y tal
Desconozco los méritos de Iker Jiménez como periodista, de hecho ni tan siquiera sé si lo es (en el sentido de que tenga el título y eso, que al fin y al cabo es algo que tampoco me importa lo más mínimo, ni en su caso ni en el de ningún otro) pero tengo que admitir que como presentador televisivo tiene uno verdaderamente notable: saber aguantarse la risa ante las soberanas chorradas que profieren en su programa invitados y colaboradores.
Para aquellos que no le conozcan, Jiménez es el presentador y principal culpable del programa Cuarto Milenio, un espacio nos ameniza las noches dominicales en Telepolanco con historias de lo más variado sobre espectros habitualmente preparadas por otros fantasmas que más que seres incorpóreos se diría que son seres extrajetáreos, es decir, con más jeta que espalda, como diría un castizo.
La principal característica de este programa es el rigor: el rigor mortis que se te queda después de tanto reírte, porque el periodístico se ve que se lo dejaron a la puerta del estudio en el primer programa y alguien se lo llevó en moto. Han puesto el listón de la seriedad tan alto… que por debajo pasa todo el mundo: pseudocientíficos, experimentos de chichinabo y “fenómenos inexplicables” a los que es fácil encontrarles la explicación más charcutera que se les ocurra.
Con unos controles de calidad tan estrictos lo lógico sería que nunca se les escapase nada que no fuese rigurosamente falso, digo cierto, pero cuando ocurre algo así Jiménez y su equipo tienen claro el procedimiento: no se vuelve a hablar del asunto jamás y punto, rectificar es de necios.
Así ha ocurrido con varios temas, algunos de ellos hilarantes como el del astronauta Ivan Istochnikov, un personaje de ficción creado por el fotógrafo Joan Fontcuberta (de hecho Juan "Fuentecubierta" es lo que significa el complicado nombre ruso), al que Jiménez y su equipo dedicaron parte de un programa… como si fuera un caso verídico.
Por si no se creen que se pueda ser tan chapucero, en este blog que habla del asunto tienen el vídeo completito del patinazo.
Y así con todo.
Lo mejor del programa, no obstante, son las recreaciones de los fenómenos paranormales que hacen: unos vídeos a mitad de camino entre Estudio 1 y la grabación de la boda de prima Juani, con más de lo segundo que de lo primero, claro. Ver a los espectros moverse por la pantalla como en un videojuego de primeros de los ochenta mientras los aguerridos parapsicólogos o las viejecitas ponen cara de estupor suele depararnos momentos dignos de “La hora Chanante”, aunque la verdad es que al final vuelven al plató y se le corta a uno el rollo, si me entienden ustedes.
Y lo peor es el envoltorio de ideología pedorra con el que se nos presenta todo: esa salsa informe en la que se mezclan el ecologismo barato, los extraterrestres, las fuerzas psíquicas, la nueva era y vaya usted a saber que otras extrañas chorradas, todo aderezado con el típico buenrrollismo y las más variadas teorías conspiratorias tipo “expediente X”: que si el club de los nosequé que quieren dominar el mundo, que si la llegada del hombre a la luna, que si el avión del pentágono era un OVNI con forma de bota de vino...
Todo mentira y, más que nada, todo aburridísimo. Un timo peor que los trileros, vamos, que esos por lo menos entretenían.
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Carmelo Jordá
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