Negocios, placer y otras confusiones
30.08.06 @ 17:31:53. Archivado en Política
Se empieza a hacer habitual que los viajes de placer de nuestro presidente nos cuesten un riñón a los sufridos contribuyentes. La cosa es preocupante, sobre todo si se tiene en cuenta que el otro nos lo hemos dejado en sus vacaciones lanzaroteñas.
Como ya sabrán la mayoría de mis lectores, se ha sabido que el pasado fin de semana Zapatero utilizó el avión oficial de la presidencia para desplazarse a Berlín, donde su mujer participaba en un concierto (recordemos que Sonsoles es integrante de un coro). El pasado mes de julio el destino fue Londres, en un viaje familiar para acompañar a su hija que iba a dar un curso de inglés.
Es obvio que un presidente del gobierno necesita un aparato de seguridad (vaya expresión fea) al que no puede renunciar y que en buena lógica debe correr al cuenta del presupuesto del estado. Que ese dispositivo incluya el avión oficial (cada uno de sus vuelos parece ser que sale por la friolera de 40 ó 50.000 euros) es algo que podríamos discutir), pero incluso eso estoy dispuesto a aceptarlo oiga, para que luego digan que no tengo talante.
Lo que ya me parece inaceptable es que el presidente tenga tan escaso respeto por sus contribuyentes y votantes como para hacerles gastar 7 u 8 millones de pesetas en un caprichito de viaje: si no hay otra forma de ir a Londres o a Berlín que con el avión oficial y no hay una razón oficial para hacerlo pues se aguanta y punto, que ninguno de nosotros podemos hacer todo lo que nos apetece.
La cosa es todavía peor si se tiene en cuenta que siendo candidato (e incluso poco después de elegido)Zapatero había hecho bandera de la austeridad al calor de aquel inmenso error político que fue la boda de la hija de Aznar, cuando lo que estaba de moda no era el palacio de la Mareta sino criticar la soberbia de un presidente que, curiosa diferencia, pagaba la boda de su hija de su propio bolsillo.
Además, en el fondo de esta cuestión hay un tema político de singular importancia, una confusión que es peor que la evidente mezcla entre los asuntos oficiales y los personales, los negocios y el placer como dirían los anglosajones: Zapatero se cree que, como otros presidentes de otras democracias, él es el jefe del Estado, pero la verdad es que aunque le llamemos presidente su cargo es más parecido al de un primer ministro. Dicho de otra forma: aunque de altísimo rango Zapatero no es más que un funcionario público.
Y por si alguien lo ha olvidado, intencionalmente o no, el jefe del Estado es, al menos por ahora, Su Majestad el Rey.
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Carmelo Jordá
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