La penosa calidad de nuestras televisiones
21.08.06 @ 19:14:34. Archivado en Periodismo y tal
Si hay una queja que los españoles repetimos continuamente (y más todavía los profesionales de la comunicación de uno u otro campo) es la relativa a la baja calidad de “la televisión”, es decir, de las cadenas a las que actualmente tenemos acceso. Yo creo que, por una vez y sin que sirva de precedente, generalmente tenemos toda la razón.
Y es que, se mire por donde se mire el nivel de calidad de cualquiera de las grandes cadenas deja mucho que desear y, por desgracia, en prácticamente todos los aspectos. Vamos a hacer un análisis somero considerando varios puntos de vista: los programas de producción propia son, con algunas tan honrosas como escasas excepciones, de una calidad técnica e intelectual muy mejorable. Valgan como ejemplos de ello los tomates, las salsas y similares engendros que configuran los platos fuertes de las parrillas televisivas; y si les parece que esos programas no son representativos por dedicarse a temáticas muy concretas les diré que tampoco me entusiasma mirar quien baila, ni las operaciones varias, el furor o cualesquiera otra de las aberraciones musicales con las que se nos atormenta.
Pero si la “telerealidad” es mala no encuentro las palabras para definir la “teleficción”: no hay serie española que no me parezca pobre, tanto desde el punto de vista artístico (guiones, actores, tramas, diálogos…), como técnico (esos decorados cutres que parecen las matrimoniadas del Moreno, esa iluminación pobretona y falsa…), creo sinceramente que prácticamente todas son deprimentemente malas, están llenas de tópicos facilones y, por supuesto, no resisten su comparación con su competencia americana.
Sólo hay una cosa peor que los programas y las series: la forma en la que los directivos gestionan sus cadenas, qué películas eligen, cómo las programan y la manera en que destrozan concienzudamente cualquier producto de calidad que cae en sus manos (quizá como forma de solidaridad chapucera con sus compañeros de gremio).
Ahora estamos asistiendo a un ejemplo paradigmático de esto con la emisión en Antena 3 (si, esa cadena que repite constantemente y sin ningún orden Los Simpson) de la interesante y sugestiva serie americana 24. Como muchos de ustedes sabrán la particularidad de esta serie, el “intríngulis” como diría Jesulín, es que transmite la sensación de que transcurre “en tiempo real”, es decir, cada minuto que pasa en nuestro mundo, por así decirlo, se corresponde con un minuto en el desarrollo de la acción de la serie. Así cada capítulo dura una hora y narra la trepidante acción de sesenta minutos en la vida de Jack Bauer y el resto de protagonistas; para recordárnoslo un reloj aparece cada cierto tiempo y nos permite ir dándonos cuenta de cómo se sigue esta singularidad temporal.
Los creadores de la serie no sólo tuvieron esta curiosa idea sino que también fueron lo suficientemente previsores como para tener en cuenta los necesarios espacios para la publicidad, así que la hora de Jack Bauer incluye determinados tiempos muertos para que podamos ir al baño, recoger la cena y dejar que los señores de la tele se ganen un dinerito.
En su chapucera emisión de cada capítulo Antena 3 no tiene en cuenta esta particularidad temporal de la serie y no se les ha ocurrido emitir la publicidad contratada de la forma que lo permita, así que sus espectadores perdemos buena parte de esa sensación de tiempo real que ha constituido la gran novedad de 24 y es su característica más destacada.
Si esto no es suficiente cada día se emiten tres capítulos, con lo que al final uno se fatiga: por mucho interés que tenga la serie se ha pensado para emitirse en dosis de una hora, no de varias, y aunque los responsables de Antena 3 se crean muy listos digo yo que sabrán más de cómo emitir 24 los que la han creado que ellos.
Con distintas variantes esto ocurre con cualquier serie en cualquier cadena: se emiten capítulos repetidos sin avisar que lo son o incluso dándolos como nuevos, no sé sabe en qué temporada nos encontramos, se margina lo mejor a los peores horarios e incluso se desperdician lo que podrían ser buenas oportunidades para ellos: Telecinco emitió el capítulo especial de CSI dirigido por Tarantino sin avisar ni darle ninguna publicidad y estoy convencido de que con un poco de promoción podría haber sido un gran éxito (el capítulo, por cierto, era excepcional).
Sólo nos queda rezar a San Cátodo para que la Televisión Digital Terrestre mejore un poco tan lamentable panorama.
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Carmelo Jordá
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