¿Periodistas? del corazón
14.07.06 @ 10:01:27. Archivado en Periodismo y tal
Siempre hemos sufrido en España de una notable abundancia de lo que se ha dado en llamar “prensa del corazón”, si bien tradicionalmente se trataba de un negocio no excesivamente edificante pero más bien inocuo: una serie de revistas nos mostraban las casas de las duquesas y los diseñadores, algunas entrevistas y, todo lo más, unas fotos consentidamente “robadas” mientras una pareja va de compras o a la entrada de un restaurante de moda.
Pero de un tiempo a esta parte la cosa ha cambiado y la actual prensa rosa, liderada sobre todo por determinados programas televisivos, es un museo de las miserias de la humanidad y, muy especialmente, de la humanidad periodística.
Yo nunca he alcanzado a comprender que interés podían tener para el resto de los mortales los noviazgos de Chabeli, por poner un ejemplo, o las peleas por la herencia de una cantaora o una locutora radiofónica, por poner otro; pero lo que si se escapa completamente a mi entendimiento es el placer que puede encontrarse en someter a ciertas personas (mejores o peores, más o menos simpáticas, bellas o no tan bellas) a un escarnio continuado, a una persistente humillación, a un acoso sistemático, agresivo, caníbal. No, no es que los famosos me den especial lástima, es que la falta de decoro de mis “colegas” (nótense las comillas) me provoca una vergüenza ajena poco menos que insoportable.
Hay varios fenómenos alrededor de los muy variados circos que se montan en las distintas televisiones que me provocan un desagrado especial y el principal de ellos es el infinito aire de superioridad que cualquier mequetrefe se da ante sus víctimas. Olvidan tanto los becarios que arrastran un micrófono junto al rostro de un famoso como los estirados que hacen el idiota en los platós que unos y otros comen, se visten y pagan sus alquileres o hipotecas precisamente gracias a esa cantante, ese actor venido a menos o a esa pareja de vividores. Es posible que la mayor parte de la gente que ocupa los minutos de la salsa o del tomate no sean grandes ejemplos para la sociedad, pero tened cuidado “colegas” (nótense las comillas) del corazón: si ellos son perros vosotros no sois más que sus miserables pulgas.
El en mismo sentido hay otra cosa que me fascina y me indigna: la absoluta falta de respeto por todo y por todos, lo mismo da que seas un profesional con años de carrera en cualquier campo, alguien a quien se le acaba de morir la madre o una provecta anciana como la Duquesa de Alba (si alguien se riera de mi abuela como lo hacen de ella creo que lo de Zidane iba a ser cosa de niños): no hay ninguna barrera que frene el desprecio y las ganas de insultar de los “reporteros” del corazón.
Uno esperaba que esta clase de “periodismo” (nótense las comillas aquí más que nunca, por favor) fuese una moda pasajera, pero desde los primeros tiempos tomboleros esto ya se prolonga de una forma que parece indicar que ha venido para quedarse. Probablemente, en esta persistencia tiene mucho que ver que estamos hablando de una bazofia particularmente barata y fácil de producir. Y aquí llega la gran mentira que se oye siempre alrededor de estas cuestiones: que los periodistas le dan al público lo que éste pide. No amigos, la gente también valora lo bueno, raro es el programa, la serie o la película de calidad que no consigue el respaldo de la audiencia, lo que pasa es que el trabajo digno está mucho más allá de la capacidad intelectual y las ganas de esfuerzarse de la mayor parte de estos tipejos.
Muchos de ellos se estarán haciendo ricos e incluso supongo que la gran mayoría no tendrán mayores problemas para conciliar el sueño, pero ¡ay la dignidad!, que bien tan escaso en según que ámbitos: hay mucha más entre las pobres prostitutas de la Casa de Campo, por ejemplo, que en ciertas redacciones y platós.
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Carmelo Jordá
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