¿Qué hemos hecho nosotros para merecer la Sexta?
05.07.06 @ 12:02:28. Archivado en Periodismo y tal, Deporte o similar
Hay pocas citas televisivas que se tengan tanto interés como un Mundial de fútbol, las razones son muchas: que el deporte rey es excelente para ser televisado, que lo especial de la cita hace que sea prácticamente imposible ver un partido aburrido (los hay muy malos, claro, pero siempre está la emoción), que sólo es un mes cada cuatro años, que siempre juega la selección española aunque luego haga el ridículo…
Así que uno llega ilusionado e incluso feliz ante la perspectiva de disfrutar de un Paraguay – Togo, por poner un ejemplo (no digamos ya como se espera un Alemania – Italia como el de estas semifinales) y vas y luego te encuentras con… la patética retransmisión de la Sexta.
No sé que me molesta más de estos partidos, pero el cúmulo de contrariedades parece creado por un ser malévolo con peores intenciones que un supervillano de los de Marvel. El tema empieza por ese curioso retraso de dos o tres segundos que hace incomodísimo seguir el partido por la tele mientras se escucha la radio, costumbre de la que ya participan hasta los propios locutores radiofónicos que se diría que locutan para la televisión. No para la Sexta, que con su miniretraso nos obliga a seguir a sus horrorosos retransmisores de los que pasamos a hablar ahora.
El primero de ellos es un personaje de cuyo nombre no logro acordarme (vamos, que muy famoso no es) y cuya principal aportación es exclamar ¡uh! ¡oh! cuando hay una buena jugada o una ocasión de peligro. Más allá de eso sus explicaciones sobre fútbol se reducen poco menos que la nada; lo que se dice “estar de pegote”.
El segundo es un exfutbolista, Julio Salinas, que pasará a la historia del deporte por haber fallado un gol como una catedral precisamente en unos cuartos de final de un Mundial. Amén de aquel aciago momento que nos costó una eliminación y por el que le prometemos el minucioso odio eterno que merece, Salinas fue durante toda su carrera lo que se denomina un “paquete”, un “tronco”, un jugador con una técnica y un control de balón dignos de Tachenko. Por otra parte, ya hace años el que hoy es seleccionador nacional dijo en unas declaraciones que trajeron no poca cola que Julio Salinas “es tonto, pero tonto de baba”.
Si Aragonés es tan sabio como la prensa se empeña en vendernos quizá la suya sea una opinión a considerar, pero sea por eso o por su total desconocimiento de la técnica básica del manejo del balón, la aportación de Salinas a las retransmisiones es similar a la que haría el archimandrita de Cafarnaún, en el caso de que Cafarnaún tenga archimandrita o incluso en el caso de que no lo tenga.
Guardo para el final lo mejor de las retransmisiones, es decir, lo peor: Andrés Montes. Este individuo es medianamente conocido porque era el encargado de retransmitir partidos de la NBA, como no sigo demasiado el baloncesto, ese deporte inventado para los patios de la cárceles, no puedo juzgar su pericia en tales menesteres, lo que si está claro es que de fútbol no tiene ni idea.
Colocado en la tesitura de retransmitir partidos del deporte rey y consciente de lo muy limitado de sus conocimiento el Sr. Montes ha tomado la decisión de ser “divertido”, lo malo es que tiene un concepto de la diversión parecido al que nos ofrecen los anuncios de refrescos, así que se limita a gritar como un poseso, decir tonterías de lo más variado y comportarse como un orate: cantar, salir por peteneras cuando nadie se lo espera, hablar de cualquier cosa menos de la jugada en curso… Y por si esto fuera poco con una voz que no puede ser más desagradable, realidad objetiva de la que él no tiene la culpa pero los sufridos espectadores tampoco.
Los tres individuos dan la sensación de pasárselo pipa durante el partido, pero uno esperaría que unos periodistas y hasta los deportistas devenidos en se preocupasen menos de su propia diversión y más de informar a los telespectadores, de aclararles lo que está ocurriendo y darles las claves para entender por qué Brasil no ha funcionado o Italia ha llegado a la final.
Que la vida puede ser maravillosa ya lo sabemos y del “tiqui taca” estamos más bien hartos Sr. Montes; si no tiene nada que decir no hay mejor que estarse calladito y, si usted no sabe, ceda su puesto a un colega que sí sepa, que hay muchos y muy buenos.
ACTUALIZACIÓN: El compañero de Blog_Zone, Pedro Avilés, ha dedicado en su Reporter un comentario muy acertado a este mismo tema en el que hace una perfecta descripción de la forma de narrar del Sr. Montes. No dejen de leerlo.
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Con eso puedo elejir, almenos, mi locutor favorito.
Saludos,
Rivers.
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Carmelo Jordá
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