Usted también puede escribir un artículo `tésnico´
28.06.06 @ 14:56:05. Archivado en Con un poco de humor, Periodismo y tal
Las columnas de los periódicos se ven en ocasiones asaltadas por los “expertos”: se trata de alguien ajeno al periodismo que nos ilustra sobre determinado aspecto de la realidad: la subida del petróleo, el problema de los precios de los tomates, el inminente rebote o debacle de los valores bursátiles o la alarmante situación del mercado del libro, por poner una serie de ejemplos con los que a buen seguro ustedes se han encontrado en alguna ocasión.
Pese a ser periodista de formación y de profesión (esto último desde no hace tanto, pero no se lo digan a mi madre que está muy orgullosa de mi carrera como pianista de lupanares) el abajo firmante es cualquier cosa menos corporativo, quiero decir con esto que a mi me parece muy bien que se llame a un librero para hablar de libros, a un arquitecto para pontificar sobre edificios o a una guardia urbano para que nos ilustre sobre la problemática del tráfico.
Me llama la atención, no obstante, que se ha desarrollado un auténtico género paraperiodístico, si me permiten ustedes el palabro, que hace que todos los artículos redactados por “expertos” se parezcan entre sí y resulten tan esclarecedores en sus respectivas materias como soberanamente aburridos desde el punto de vista de su redacción (y lo de esclarecedores que conste que lo digo porque me pillan de buen humor…).
Sin embargo, el motivo de este artículo no es criticar esta forma de rellenar espacios en los periódicos, tan digna como cualquier otra, si no más bien lo contrario: como yo sé positivamente que los lectores de este modesto blog son gentes de variado proceder y alta preparación intelectual les invito a adentrarse por las procelosas aguas del “artículo tésnico” y para ello les voy a ofrecer algunas de las claves para hacerlos, más o menos como un kit de “hágalo usted mismo” pero clamorosamente gratis, para que luego se me quejen.
Lo esencial en este tipo de artículos no es lo que de periodísticos puedan tener, sino su matiz técnico, así que olvídense de que les salga algo de lectura agradable: ardua será la tarea de llegar al último párrafo pero grande la satisfacción y el aprendizaje. Lo mejor para ello es elegir cuidadosamente las palabras y, siempre que haya un sinónimo rarito o un anglicismo no perder la oportunidad de usarlos.
Esto es extremadamente importante a la hora de trabajarse un “artículo tésnico”: hay determinadas palabras que no debe olvidar, son términos que darán prestancia y poderío a su escrito, que harán que los lectores, ignorantes de la materia que usted domina tan bien, queden epatados por lo tumultuoso del manantial de sus conocimientos.
Veamos algunos ejemplos: coyuntura; actuación; agentes del mercado o actores (nota importante: los actores o los agentes confluyen al o en el mercado); cultura, pero siempre en el sentido de “una cultura de la calidad”, “una cultura del ajoporro” o una cultura del respeto a la marta cibelina; implementación; políticas destinadas a esto o lo otro, aunque es mejor decir “orientadas” (no olviden, además, que las políticas se desarrollan e implementan); poderes públicos; regularizar; y, por supuesto, productividad y competitividad, que son fundamentales: no pueden mandar a la imprenta un artículo que no tenga estas dos palabras mágicas…
Y ahora observemos cómo pueden “interactuar” juntos (ojo, esa también es una palabra de gran utilidad para los artículos “técnicos”):
Los agentes del mercado confluyen en un entorno de competitividad en el que impera una cultura del beneficio; es misión de los poderes públicos regularizar este espacio común de los actores por medio de la implementación de políticas orientadas al respeto escrupuloso del entorno jurídico interior y exterior y a la mejora de las tasas de productividad y la competitividad.
¿Lo ven? Es fácil, ni tan siquiera hace falta decir nada…
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Aquello no da patente de corso para que los gobiernos que asciendan al poder, bajo la angustia del pueblo engañado por seudodemócratas neoliberales, una vez en el poder quieran hacer de sus pensamientos hormonales una suerte dde tiranía más perversa que aquéllos.
También he sido admirador de los aciertos del Presidente Chávez, pero a medianoche de ayer mi alma se sintió diezmada en la esperanza, al ver que se enterraba a la libertad de pensamiento.
Está bien oponerse a quienes ayer nomás desfalcaron al Estado y también a sus corifeos que quedaron deambulando por medios de comunicación, pero nada justifica que se ponga bozal al hombre.
Las acciones y las actitudes de los líderes son los mejores contestatarios del poder perverso de los neoliberales. Pero de ahí a pretender acallar la voz libérrima del pueblo, es simplemente inadmisible.
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Carmelo Jordá
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