La democracia son cuatro viejitos
13.06.06 @ 16:37:23. Archivado en Política, Terrorismo, Libertades
Decía Ronald Reagan, ese presidente americano tan poco querido por los liberticidas de todo el mundo, que lo más lejos que estamos de perder la libertad es una generación. Con ello quería decir que la democracia y los derechos de los que disfrutamos en este imperfecto sistema (el mejor no obstante sus imperfecciones) no son algo estable y definitivo sino que necesitan constantemente de nuestro cuidado, de nuestra atención y, sobre todo, que seamos conscientes de su fragilidad.
Estamos asistiendo en Cataluña a como se acorta ferozmente ese plazo, desde la lejanía y desde el ambiente mucho más democrático de Madrid contemplamos el fenómeno de las agresiones a los promotores de Ciutadans de Cataluña o del Partido Popular con mucho estupor y, la gente decente, con cierta indignación. Sin embargo, todo nos queda un poco lejos: al fin y al cabo unos son políticos y otros están a punto de serlo y nos parece que eso es algo que, más o menos, va en el sueldo. No han sido en vano las quemas de sedes o los atentados: el odio ha prendido y, peor aún, nos hemos acostumbrado a él.
El problema de todo esto es que son los miembros de un partido y sus cargos como Piqué o Rajoy los que trabajan en la política pero, en cuanto que ciudadanos, todos tenemos una parte de nosotros que es pura política: la que vota, la que discute en el bar, la que lee un periódico, la que entra en un foro… Eso es lo que nos aleja de la condición de súbditos, es decir, que aunque muchos no le presten atención es fundamental y, curiosamente, dramáticamente, este es el principal objetivo de los ataques de estas bestias incivilizadas y de los líderes que los apoyan, comprenden y justifican.
Victoria Prego está haciendo un excelente seguimiento periodístico de estos hechos, ya narró en primera persona la agresión a Arcadi Espada de la pasada semana y en la edición de hoy de El Mundo nos cuenta lo ocurrido ayer en Granollers. Es un artículo excelente de la fecha a la firma, pero quiero destacar especialmente un párrafo de él:
Pero estos ejemplares del nacionalismo extremista no reservaron sus insultos y amenazas a los líderes políticos. Dos parejas de ancianos, muy pasados de los 80 años, cruzaron la calle ante aquella manada llevando enrollada en sus manos la bandera azul del PP. Y resultó impresionante ver a aquellos jóvenes acercarse a la cara de los ancianos para berrearles con toda la fuerza de sus pulmones: «¡Hijos de puta, fascistas!», mientras con pasos muy cortos y muy vacilantes, los viejos, encorvados, asustados y encogidos, trataban de continuar torpemente su camino. Y esto es lo que hay.
Ahí lo tenemos. Esos cuatro ancianos “asustados y encogidos” son lo más importante que pasará en esta campaña para aprobar el maldito Estatut; esos viejitos de paso corto y vacilante son la representación simbólica y al mismo tiempo real de cómo se pierde la libertad en Cataluña y, algo más poco a poco, en el resto de España; en esos cuatros octogenarios podemos mirarnos como en un espejo y ver que nuestra democracia, cansada y sin que nadie la ayude, está cediendo el paso ante el fascismo de izquierdas alentado por el nacionalismo y por el socialismo que no tiene más programa que atacar al PP y a todo aquel que se interponga entre ellos y el poder absoluto.
Como dice Victoria: esto es lo que hay. A ver si, al menos, nos vamos dando cuenta de lo que está en juego: ahora, aquí, en Cataluña y en el resto de España, falta mucho menos de una generación.
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Carmelo Jordá
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