El blog de Carlos Salvador

Haití, Y ¿ahora qué?

14.01.10 | 22:48. Archivado en Sobre el autor

Hoy, he dicho en una entrevista que me han hecho en un medio local de televisión, que el terrible terremoto de Haití supone un desafío sin precedentes a nuestro sentido de la solidaridad.

He dicho también que estaba seguro de que las administraciones navarras y los navarros volveríamos a ser un ejemplo de ayuda y generosidad.

Más allá de toda nuestra desinteresada contribución para paliar los efectos de la devastación, que es más que nunca necesaria, si es cierto -parece que sí- el caos absoluto que se viven en estos momentos, Haití podrá requerir:

primero: ayuda humanitaria inmediata para intentar salvar el mayor número de personas sepultadas aún con vida,

segundo: un apoyo militar externo multinacional coordinado por la ONU, para conseguir activar cuanto antes los servicios básicos destruidos por el terremoto (agua, energía y sobre todo la apertura de los aeropuertos ya colapsados que son imprescindibles para que la ayuda internacional llegue a su primer destino)

tercero: una intendencia (inteligencia) militar y –mucho me temo- unas fuerzas de ocupación temporal para evitar el caos, el desorden y la “piratería” y garantizar que la ayuda internacional, solidariamente aportada por todo el mundo llegue con la menor mordida posible a quien más lo necesita.

cuarto: un cuerpo diplomático o pseudodiplomático funcionarial con mandato internacional (tiene que ser ONU) que reconstruya o tutele la creación de una nueva organización política moderna y estable, como única garantía de recuperar para la civilización un país que ya no podrá ser ninguneado ni olvidado.

Podemos dejar que los haitianos y su gobierno (¿) se organicen más o menos por su cuenta en estos momentos, podemos dejarles que distribuyan como lo consideren oportuno la inmensa ayuda internacional que van a recibir, podemos volver a obviar nuestras responsabilidades … o no.

Difícil decisión. O no tanto.

Una reflexión, ¿aquí y ahora el que paga debe mandar?


Una Cataluña que hace pensar

14.01.10 | 20:25. Archivado en Sobre el autor

Cataluña siempre ha estado a la vanguardia de España (hasta existe un periódico con este mismo nombre)

Yo la tenía por una tierra de gentes emprendedoras y trabajadoras, inteligentemente gestionada por una clase política muy pragmática, posibilista y constructiva. Pero de un tiempo a esta parte hemos venido descubriendo, que no todo era limpio en el idílico balneario político, económico y social catalán. Ni la creatividad era tan original, ni la administración era tan liberal, ni la sociedad era tan emprendedora.

Para muchos españoles, algunos catalanes incluidos, creo que asistimos a la representación de una Cataluña irreconocible.

Da la sensación de que en aquella comunidad autónoma se hubiera ido entretejiendo un complejo mundo de complicidades, ineficiencias y servidumbres, que funcionara como un lastre desde hace un tiempo del “natural” impulso emprendedor catalán. Un movimiento (por llamarlo de alguna manera) más preocupado en psicoanalizar las razones de su progresiva equiparación con otras comunidades autónomas españolas más activas, que en recuperar la excelencia y competitividad que hasta hace muy poco la hacían merecedora de la condición de locomotora económica del país.

Pero es verdad que, aún habiendo perdido parte de su atractivo, aún se mantienen unas pulsiones sociales y políticas (desde luego también económicas) que no nos pueden dejar indiferentes cuando éstas se exteriorizan siquiera para hacernos reflexionar en clave de futuro. Por ejemplo: la desafección electoral – que se da en Cataluña más que en otras comunidades- sin duda es un hecho preocupante y supone un toque de atención de lo que puede pasar en nuestras regiones; el debate sobre la organización política territorial del Estado, abierto abruptamente con la aprobación de un nuevo estatuto -a mi juicio inconstitucional- es un síntoma grave de que no solucionamos bien los problemas; los acontecimientos de Vic (la negativa a empadronar inmigrantes sin papeles) que supone un punto de atención de lo que puede pasar en otras muchas partes de España con un fenómeno (mal)tratado, etc…

Mirar a España sin mirar a Cataluña supone mirar a un tuerto. Le faltaría algo importante. Aunque, mucho me temo, que la miopía sea compartida.


Jueves, 16 de febrero

BUSCAR

Editado por

  • facebook
  • twitter
  • Youtube
  • RSS

Categorías

Hemeroteca

Enero 2010
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

Sindicación