Hoy comparecía en la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso de los Diputados el Gobernador del Banco de España, el Sr. Fernández Ordóñez, (alias MAFO)
Como quiera que ningún otro Diputado del Grupo Mixto iba asistir a la comparecencia, me animé a participar del debate y estas son las dos intervenciones que realicé.
“… El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra, por el Grupo Mixto, el señor Salvador.
El señor SALVADOR ARMENDÁRIZ: Señor gobernador, quisiera en primer lugar agradecer sus palabras, sus explicaciones y sus informaciones y trasladarle brevemente dos reflexiones políticas al hilo de la actualidad económica. Empieza usted su intervención reconociendo la gravedad de la crisis. A estas alturas, obviamente, nadie la puede ocultar; es una realidad incontestable. Una crisis que se define, principalmente, por dos notas: es una crisis total, una crisis global de efectos imprevisibles, reconociendo, desde mi punto de vista, que sirve poco reconocer las características de esta crisis si luego no aplicamos un tratamiento correcto en la economía. Desde mi punto de vista el reconocimiento de esta crisis no debería impedirnos exigir responsabilidades. Creo que se produce un efecto perverso con el reconocimiento de la crisis. Cuando no se reconocía, es decir, oficialmente no existía, a nadie se le podían pedir responsabilidades ni culpas ni había que hacer nada relevante. El problema es que, cuando se reconoce de una forma tan abierta o se diagnostica con estas características de globalidad y de totalidad, da la sensación de que el colapso de la economía impide pedir las responsabilidades oportunas por las grietas del propio sistema. Es decir, que nos encontramos ante el colapso del edificio económico de nuestro país y, frente al daño que es terrible y que provoca como víctimas de ese colapso, de al menos varios de los pisos de ese edificio, dos millones de pérdidas de puesto de trabajo, de personas desempleadas, en este momento el Gobierno pudiera refugiarse en esa situación de extrema gravedad para que no analizáramos lo que usted bien ha reconocido en su exposición y es que el edificio y quien lo gestiona, sin ser el responsable del terremoto que ha sufrido, sí que es responsable de las grietas que han hecho que, efectivamente, se produzca un colapso mayor que el que se ha producido en otras economías. Esa es la primera de las reflexiones que yo le quiero trasladar y de la cual quiero saber su opinión porque es verdad que es total pero esto no nos debería impedir que cada uno responda por lo que ha hecho o no ha hecho.
En relación con el sistema monetario, de la misma manera. Porque al final da la sensación -a mí como ciudadano- de que nadie va a responder y que aquí en el mercado financiero nadie es el responsable de nada o, al final, todos vamos a tener que salvar a todos como si hubiera una gran mancha que afectara a todos y como si en esta situación nadie hubiera hecho las cosas bien o nadie hubiera hecho las cosas mal. Yo creo que haríamos una mala pedagogía política si de resultas de esta situación no pudiéramos depurar responsabilidades. Entiendo cuál es su posición, que exige una extrema discreción, profesionalidad e independencia, pero me parece que si estamos aquí es porque algunos -no todos- no habrán hecho bien los deberes y creo que el ciudadano necesita saber quienes son y qué es lo que se ha hecho mal, porque si no estaríamos ante un gran fraude a la ciudadanía si es que al final nadie paga por lo que nos está pasando. Esa es la primera reflexión y yo quisiera saber qué futuro nos espera en este sentido. La siguiente -retomando algunos de los comentarios que usted ha hecho- es que reconoce que sobre el mercado financiero existe ya poco margen de maniobra y que lo tenemos muy limitado para poder actuar independientemente o autónomamente para salir de él. Es verdad que, como le decía al principio, está es una crisis de efectos imprevisibles. Yo no le envidio a la hora de poder diagnosticar y decir cuál es el tratamiento porque a veces existe contradicción sobre los efectos que puedan provocar las medidas que se planteen. Porque como usted decía, existen y existían esas grietas en nuestro sistema que debemos, según usted dice, absorber y se producen esos círculos viciosos que provocan un descenso de consumo en los bancos, en las empresas o en los particulares que son difíciles de atajar y existe, como usted decía, una falta de competitividad, un deficiente mercado de trabajo, lo cual provoca en general una pérdida de confianza y -según creo que también usted plantea- la necesidad de acometer reformas estructurales. Si estuviera aquí el señor Rodríguez Zapatero le diría: ¿Cuáles son esas reformas estructurales? Es lo que nos vino a decir a todos los grupos cuando en el último debate todo el mundo le pedía que eso fuera así.
Ese marco, esa situación es la que me permite plantearle la última reflexión y es que en sus palabras no he oído -usted me corregirá- con vehemencia la palabra consenso. Yo creo que todas esas notas definitorias de esta situación -de círculos viciosos, de necesidad de reformas estructurales, de poco margen de maniobra- exigirían un consenso político que hoy no existe. El lunes vino el comisario Almunia y yo le volví a hacer esta misma reflexión. Le dije: ¿No cree usted que sería necesario, imprescindible, oportuno? Me dijo: Sí, pero eso hay que quererlo. Lo dijo así, tal cual. No sé a quien se refería, no sé si se refiere a todos, pero la reflexión que le traslado -y desde luego mi convicción- es que siendo una crisis de efectos absolutamente globales en nuestra economía, siendo una crisis de país y desde su posición de mayor independencia, cómo cree usted que deberíamos enfocarla y si este consenso es necesario, si estamos abocados a ello, si lo estamos consiguiendo, si lo estamos buscando, si sería necesario y sobre la base de qué. Porque está claro que el consenso, desde mi punto de vista, es un requisito sine qua non, pero para hacer qué. Esas son las dos reflexiones que le pediría. Si vamos a ser capaces de depurar responsabilidades sabiendo, en este caso, qué es lo que ha hecho cada uno para que lleguemos a esta situación y, segundo, si cree que incluso usted puede colaborar de alguna forma a buscar ese consenso político necesario que hoy no existe.
…
El señor PRESIDENTE: Señor Salvador.
El señor SALVADOR ARMENDÁRIZ: Señor gobernador, tengo que reconocerle que me preocupa que sus palabras me confirmen una intuición que tengo y que seguramente tengan muchas personas. De su intervención en Zaragoza recojo la frase o reflexión en la que usted dice que ignoramos la profundidad y duración de la crisis pero que sabemos algo con certeza -lo dice y lo reconoce usted- y es que la crisis terminará. Hoy nos ha dicho que desde su punto de vista de la crisis saldremos cuando salgan los Estados Unidos, y también nos ha dicho en algún momento -igual estoy cogiendo las frases de manera incorrecta- que tenemos poco margen de maniobra. Si ponemos esas tres frases en ese contexto, me da la sensación de que solo nos falta esperar a que todo esto ocurra antes de 2012, porque no controlamos lo que nos está pasando y por qué nos está pasando y poco podemos hacer para arreglarlo. Me da la sensación de que esa es la tesis, la situación en la que estamos. Yo he recuperado de su conferencia en Zaragoza el ejemplo que usted ponía sobre el amerizaje de ese avión en el río Hudson y la situación que tenían los pasajeros ante la solución o no de ese estado de crisis y que poco podían hacer, hubieran hecho o no los deberes, y que efectivamente en el caso como ocurrió de que se solucionara esa crisis en ese momento, luego cada uno debería tomar las medidas oportunas. Creo que seríamos poco ambiciosos como país si al final todo lo fiáramos a que, como usted dice y seguramente ocurrirá, esta crisis termine y sean los Estados Unidos los que, entre comillas, la arreglen. Pero seguramente no solucionarán esas grietas de las que usted también hablaba.
Yo le hablaba en mis reflexiones por un lado de responsabilidad y por otro de consenso. Sobre la responsabilidad algo ha dicho y efectivamente yo no le estoy pidiendo ninguna indiscreción ni que haga nada que no tenga que hacer, pero sí que creo que deberíamos tener una cierta garantía si es que efectivamente esas grietas tienen unos causantes de que el que tenga alguna responsabilidad no debe fiarse de que el problema viene de Estados Unidos y nadie tiene que hacer nada ni responder por nada. Creo que el ejemplo, que es bueno, no está bien traído en este caso.
Sobre consenso hablamos. Yo le preguntaba, y pensé que usted me iba a decir que el consenso es necesario e importante, que es una crisis que nos afecta de una manera tal que debemos intentarlo, debemos buscarlo, debemos renunciar a cosas para ponernos todos en común en aquello que nos une, pero ha pasado de largo y tal vez eso explica esas primeras frases que yo le decía, porque, si efectivamente vamos a salir de la crisis con seguridad y vamos a hacerlo cuando lo hagan los americanos y en todo caso puede ser y se puede confiar en que sea antes de 2012, ¿para qué queremos ese consenso? Creo que ese análisis es incorrecto, se lo digo sinceramente. Creo que tenemos que aprovechar para salir unidos y juntos de esta situación, y aprovechar para hacer esas reformas estructurales si hay que hacerlas, pero eso requiere un consenso porque también esas medidas exigirán seguramente un coste político. Pero a mí me hubiera gustado escuchar -se lo digo sinceramente- otro discurso. En todo caso, muchas gracias.”
Para el argumentario de campaña:
1º Hacernos eco de la utilización perversa (pero inteligente) por parte del PSOE de la existencia y gravedad de la crisis para obviar responsabilidades de unos y otros (antes porque oficialmente no había crisis y ahora porque la crisis es de tal dimensión que es imposible ya singularizar las culpas)
2º Confirmar el nulo interés del PSOE en llegar acuerdos o pactos de Estado con la oposición, ¿porqué? Primero porque para el PSOE la crisis (aunque no sabemos cuando) se va a terminar, sí o sí; segundo, porque la superaremos cuando la superen los americanos y, tercero, porque en definitiva a estas alturas tenemos, como país, un mínimo poder o margen de maniobra para hacer nada. Así que lo mejor: no hacer mucho ruido, y confiar que el final de la crisis llegue antes de las elecciones generales de 2012. Y en eso están. Y así nos van a tener a los demás.
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Joy
Domingo, 27 de mayo
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